Otra jugada del manual kirchnerista

Una vez más, la Presidenta desplegó ayer en Olivos el manual básico del kirchnerismo: sorprendió con eliminar el impuesto al cheque para redoblar la apuesta de la oposición y retomar así la iniciativa política.
Sólo un suicidio político podría llevar a Cristina Kirchner a deshacerse de más de 20.000 millones de pesos anuales que aporta a las arcas del Estado el impuesto al cheque. A menos que el matrimonio presidencial esté pensando en abandonar su proyecto reeleccionista y decida eliminar ese gravamen poco antes de retirarse del poder para dejar una bomba de tiempo para quien venga detrás.

Pero ninguna de estas hipótesis suscriben los 17 gobernadores del PJ que fueron a Olivos. Por el contrario, la mayoría cree que la estrategia presidencial fue generar un efecto de distracción y complicar el debate legislativo que lanzó la oposición con amplias posibilidades de convertir en ley un proyecto de coparticipación plena del impuesto al cheque.

"Si la oposición dice envido, los Kirchner dicen falta envido y truco", sintetizó en perfecto jeroglífico argentino un destacado gobernador del Noroeste. No hacen falta muchas explicaciones. Ahora los gobernadores deberán convencer a sus legisladores de que no acompañen a la oposición en la cruzada contra el impuesto al cheque. En caso contrario, quedó en claro que la Presidenta vetará esa ley. Sólo en el peor de los escenarios se eliminaría ese impuesto que ahora el ministro de Economía, Amado Boudou, descubrió que es "distorsivo". Muchos de los que almorzaron en Olivos coincidían que para compensar el agujero fiscal que dejaría la nulidad del impuesto al cheque se deberá aumentar el IVA o el impuesto a las ganancias. Esto se llama ajuste en cualquier vocabulario y los Kirchner no están dispuestos a pagar ese costo político. Menos aún en un año electoral.

Hace unos días, la Casa Rosada amenazó con reducir el fondo sojero para las provincias o desfinanciarlas con otras partidas si se aprueba en el Congreso la ley de impuesto al cheque como quiere la oposición. El manual es el mismo: amedrentar para recuperar la agenda política y frenar cualquier embestida opositora.

Cohesión

Luego de casi cuatro horas de almuerzo, ayer quedó en claro que a la Presidenta le interesa mantener una fuerte cohesión política con los gobernadores del PJ para evitar fisuras a futuro. De hecho, la reunión con la Presidenta no incluyó a los peronistas rebeldes Alberto Rodríguez Saá (San Luis) y Mario Das Neves (Chubut).

¿Una señal de que ya no hay dudas en la cima del poder de que se buscará más kirchnerismo en 2011? Algo de esto entrevieron varios gobernadores cuando el mensaje presidencial incluyó recetas tentativas de salvataje financiero a las provincias ahorcadas. Por caso, se mencionó la idea de redefinir las deudas y se especuló con equiparar desde la Anses las asignaciones familiares nacionales con las provinciales. También se habló de reforzar el envío de fondos a las provincias para la obra pública.

Es cierto que no hubo mucho espacio para el debate. Mucho menos para el análisis de propuestas alternativas de financiamiento que algunos gobernadores llevaban en carpeta. Se exigió, en cambio, defender el "modelo instaurado en 2003".

Pero los gobernadores del PJ ya están acostumbrados al manual de procedimientos del kirchnerismo. Saben que, por ahora, no tienen escapatoria electoral inmediata. Su suerte está atada al mismo destino. En caso contrario, la única opción es el destierro.

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