En los próximos veinte días quedará resuelto el panorama de los rivales del oficialismo. Persiste una volatilidad extrema para los plazos que restan. Macri, Pino, De Narváez y Binner son los definidores.
Los escenarios que se visualizaban hace unas semanas ya se ven difusos y los que existen hoy gozan de una inevitable inestabilidad. Los protagonistas hablan todos con todos en reuniones que se reconocen y otras que se niegan. Algunos pretenden que los acuerdos se concreten gracias a coincidencias ideológicas, otros son más pragmáticos y buscan mayor competitividad. Pero en política no siempre uno más uno da dos.
El tiempo, finalmente, es el factor que promete terminar de acomodar las piezas del rompecabezas. Las próximas semanas, el escenario empezará indefectiblemente a tomar forma: primero a mediados de mayo, cuando deben inscribirse los candidatos porteños, y luego un mes más tarde, cuando se deban anotar las alianzas que competirán en las primarias abiertas del 14 de agosto.
El 10 de mayo se deben presentar en la Justicia las alianzas que competirán en las elecciones porteñas del 10 de julio. Allí podría definirse, por ejemplo, si puede haber un acuerdo local entre Proyecto Sur y el radicalismo, junto al GEN y al socialismo, que después se traslade al plano nacional. El 21 de mayo, en tanto, es la fecha límite para la presentación de las fórmulas. Si no lo anuncian antes, ese día Mauricio Macri y Pino Solanas dejarán en claro si competirán por la jefatura porteña o por la presidencia.
La decisión de ambos condicionará el esquema de alianzas a nivel nacional. Por el lado de la centroderecha, si Macri no compite en la nacional, queda ese espacio vacío. Lo podría reemplazar algún dirigente del Peronismo Federal, como Eduardo Duhalde, Alberto Rodríguez Saá o Felipe Solá (que por ahora siguen siendo precandidatos). Algunos dirigentes de ese espacio, con Duhalde a la cabeza, están trabajando para acordar una fórmula conjunta de la oposición, que podría terminar encabezando Ricardo Alfonsín, que hoy es el segundo en varias encuestas (otras dan a Macri).
En el radicalismo, en tanto, ya pusieron a Macri y Duhalde como límites para los acuerdos electorales, pero no para coincidir en una serie de “políticas de Estado”. Sin embargo, no le cerraron la puerta a Francisco de Narváez, principal referente del Peronismo Federal en la provincia de Buenos Aires. Si ese acuerdo se concreta (hoy está bastante avanzado), ¿qué rol jugaría Macri? ¿Daría un apoyo implícito, promovería otra candidatura o se quedaría completamente ajeno a la disputa nacional?
Alfonsín, mientras tanto, piensa que Macri se quedará en la Ciudad, pero sabe que para tener chances de ganar deberá alcanzar un mayor nivel de competitividad, sobre todo en un territorio clave como es el bonaerense. Por eso empezó a pensar seriamente en la alternativa de que su candidato a gobernador sea De Narváez. Sin embargo, esto le genera rispideces con sus principales socios: el socialismo y el GEN. En el partido de Hermes Binner ya ratificaron su negativa y en el GEN se inició un importante debate. Elisa Carrió, en tanto, ya avisó que, de concretarse esa idea, se dinamita toda posibilidad de alcanzar un acuerdo. En la Coalición Cívica incluso se entusiasman con la posibilidad de quedar como la única opción alternativa al “rejuntado” de peronistas y radicales y así crecer en las encuestas.
Por otro lado, si Macri finalmente se anima a la presidencial, el escenario cambia considerablemente. El Peronismo Federal se aglutinaría detrás suyo y sería más factible un escenario con dos polos, uno de centroizquierda (Alfonsín) y otro de centroderecha (Macri). En ese caso, Carrió estaría más próxima a cerrar con el radicalismo. Lo natural, además, sería que De Narváez vaya con Macri en la Provincia, aunque hay radicales que trabajan para que se quede con ellos (ver página 4).
El polo de la centroizquierda, por otra parte, está condicionado por lo que decidan hacer dos hombres: Pino y Binner. El primero, si confirma que peleará por gobernar la Ciudad (lo que ya es un secreto a voces), dejará vacante un espacio. En Proyecto Sur se entusiasman con el gobernador socialista como el único capaz de cubrirlo. Pero para que eso ocurra se deben dar una serie de pasos. Primero debe ganar el candidato de Binner en la interna santafesina del 22 de mayo (ver página 4), después tendrá que lanzarse como candidato presidencial y, finalmente, animarse a romper con el radicalismo o a enfrentar a Alfonsín en las primarias de agosto. Caso contrario, Binner se perfila como compañero de fórmula del candidato de la UCR. Esa alianza, para agregarle mayor complejidad a la trama, estará condicionada por los acuerdos que Alfonsín teja con De Narváez u otros referentes de la centroderecha.
Cuál será la puesta en escena final recién se conocerá en junio. Primero el 15, cuando se presentarán ante la Justicia las alianzas nacionales, y después el sábado 25, fecha límite para inscribir las fórmulas que pelearán en las primarias del 14 de agosto y en las generales del 23 de octubre después.








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