El gobierno estableció un nuevo régimen de exportación, que prevé un precio de 70 dólares para el barril de crudo. La medida era reclamada por las empresas, los gobernadores, los gremios y el CEO de YPF, Miguel Galuccio pero fue resistida por el viceministro de Economía. Para los especialistas, el esquema no garantiza la llegada de inversiones.
Hasta el momento, el régimen de exportaciones preveía que si el precio del barril era de u$s 60,9, el Estado se quedaba con el 45%. Como el precio internacional supera ese, la retención era mayor con el objetivo de que el productor cobrara u$s 42 fijos por barril.
De todas maneras, si las petroleras aumentaban la producción y cumplían con ciertas metas, el estado le otorgaba créditos fiscales por 28 dólares a través del programa Petróleo Plus (PP), con lo cual el barril llegaba a 70 dólares. Con el nuevo esquema, se elimina esa compensación y el precio de barril se eleva directamente a los 70 dólares si es que el precio internacional supera los 80 US$.
El escenario favorece a las petroleras Sinopec, Tecpetrol y PAE, de la familia Bulgheroni.
De hecho, la firma, tenía serios problemas en Chubut, donde había amenazado con despedir a unos 700 trabajadores y desarmar equipos del yacimiento de Cerro Dragón. PAE argumentaba que después del conflicto con los trabajadores identificados como “Los Dragones” jamás había podido recuperar el nivel de producción y por eso quedaba afuera del PP, régimen suspendido y luego reciclado por el Gobierno.
La semana pasada, YPF anunció un acuerdo con Bulgheroni para explorar el yacimiento Vaca Muerta. A cambio la empresa pidió el aumento para el barril de petróleo exportable (escalante). Pero también, el nuevo precio era un reclamo del CEO de YPF, Miguel Galuccio, los gobernadores y sindicalistas, que buscaron de todos modos frenar conflictos en sus provincias.
LPO reveló el 19 de diciembre cómo el gobernador de Chubut, Martín Buzzi, estaba negociando con Julio de Vido el aumento del precio del barril para que PAE no despida a los 700 trabajadores y la cuenca de Comodoro Rivadavia se transforme en un polvorín.
El nuevo régimen era resistido por Kicillof, un funcionario reacio a aplicar nuevos incentivos a las grandes compañías. De hecho, el viceministro se opuso durante un largo tiempo a aumentar el precio del gas en boca de pozo y también a aumentar la tarifa de electricidad. Sin embargo, Cristina hizo caso omiso y en noviembre el Gobierno anunció un aumento del precio del gas en boca de pozo a 7,5 dólares por millón y un ajuste en las tarifas domiciliarias de gas y luz “para financiar la conformación de un fondo de desarrollo energético".
Dudas sobre las inversiones
Uno de los argumentos del Gobierno para establecer el nuevo régimen es que el precio del barril, más cercano a los niveles internaciones, atraerá inversiones en el sector. Sin embargo, para algunos analistas, el solo hecho de aumentar los valores no alcanzará para cumplir con el objetivo.
“Evidentemente es una mejora para las empresas que exportan petróleo Escalante. Había que resolver el problema de precios de ese crudo de exportación que tenia valores excesivamente bajos. Hay un tema de razonabilidad”, le dijo a La Política Online el ex secretario de Energía durante el alfonsinismo.
No obstante, para Lapeña “las inversiones van a venir en la medida en que Argentina se muestre como un país seguro para los inversores y no que se cambien las reglas de juego o el país sea visto como un expropiador serial”.
“Los acuerdos de YPF son con empresas locales, o con Chevron, que tiene una situación con argentina complicada por los juicios en ecuador. La posibilidad de una corriente petrolera entusiasta depende más de los precios de la seguridad hacia los inversiones”, dijo Lapeña.
Además, puso el ojo en el nuevo precio del gas en boca de pozo al señalar que “es un precio discrecional que no asegura la inversión”.
“Llama la atención que sea un 700 por ciento de más que en la época de De la Rúa y que sea un precio superior en un 200 por ciento al que se paga en Estados Unidos. Pareciera que estos son gestos orientados a generar una corriente inversora, que no viene del mundo porque precisamente YPF tiene cuentas pendientes”, cerró el ex secretario.





Comentá la nota