"Nuestra casa está en manos enemigas; la tiene el kirchnerismo"

El diputado nacional por Misiones fue senador, gobernador y presidente por dos días. Festeja que Eduardo Duhalde haya salido a la cancha para cumplir con la promesa: "El que lo trajo que se lo lleve". Opina que Julio Cobos no debería renunciar y reconoce que es un "buen adversario". Dice que los peronistas federales no son "disidentes". "Mi problema es con el Gobierno", remarca.
Fue gobernador de Misiones, senador hasta 2005 y presidente de la Nación por dos días, en 2001; luego, el kirchnerismo lo derrotó en dos ocasiones. Pertenece a una rica familia de Apóstoles, dueña de una fortuna amasada sobre la base de la producción yerbatera y de empresas de transporte. Todos los fines de semana regresa a su pueblo, pero tiene un espectacular y sobrio departamento en el barrio de San Martín de Tours y uno más pequeño en París, a dos cuadras del Sena. Ramón Puerta es un bon vivant, culto, ocurrente y agudo, que se dedicó full-time a la política en 1984 y abandonó los negocios en 1991 por "incompatibilidad". El 28 de junio de 2009 se tomó la revancha y regresó a la vida parlamentaria, ahora como diputado. En la sesión del 3 de diciembre impulsó desde su bloque, el Peronismo Federal, que la oposición asumiera la presidencia del cuerpo. No lo consiguió. Igual, sigue pensando que a las responsabilidades que el pueblo otorga no se debe renunciar.

–Usted fue Presidente por dos días.

–Era presidente del Senado y asumí la Presidencia en el marco de la Constitución y de la Ley de Acefalía. En ese caso, el presidente del Senado asume la jefatura de Estado, pero sólo por 48 horas y después debe llamar a la Asamblea Legislativa. Fue lo que hice.

–Además de la prescripción constitucional, la Argentina era un clavo ardiente.

–El país incumplió con los pagos de su deuda, pero no resolvió su crisis política incumpliendo el marco jurídico. La crisis que generó la renuncia de De la Rúa no se la podemos achacar sólo a quien ejercía la Presidencia: fue el primer fracaso de ese engendro que llaman transversalidad. La transversalidad, sobre todo esta que inventó el kirchnerismo, tiene como gran pecado la anomia institucional, la oposición es oficialismo y el oficialismo, oposición; están de los dos lados, no hay control político. La oposición debe ser protegida, cuidada y no bastardeada con el esquema borocotizador del kirchnerismo.

–La discusión acerca de quién debe asumir la Presidencia provisional se ha replanteado estos días.

–Quienes obtenemos la mayoría nunca podemos renunciar al mandato que nos da el pueblo. Eso más que renuncia es traición. En 1999 el pueblo nos había votado abrumadoramente. Teníamos 41 senadores sobre 72 y la Alianza sólo tenía 26. No se puede pasar por alto un mandato electoral únicamente para que el presidente provisional del Senado tenga la misma camiseta que el presidente de la República. Ésa es una tilinguería argentina. Yo aconsejo no insistir en ese esquema.

–Las mayorías de hoy son diferentes de las del 99, son mayorías incidentales.

–Es cierto. En el 99 todavía vivíamos la edad de oro de la democracia, una edad de oro que empezó en el 83 y empezó a hacer agua en el 99, cuando todos creyeron que la Alianza iba a ser un salto cualitativo. En 2001 comienza la decadencia y hoy tenemos una república débil porque los partidos están boqueando. Yo hablo del mío, del peronismo, es tristísimo. Nuestra casa está en manos enemigas; nuestra sigla, el PJ, la tiene el kirchnerismo. Los peronistas aparecemos como disidentes y yo no tengo ninguna disidencia con el peronismo. Yo disiento con el kirchnerismo. Cuanto antes resolvamos esto, mejor. ¿Qué quiere decir "cuanto antes"? Cuanto antes mostremos desde la oposición un perfil diferente de Kirchner. Por eso el voto de Cobos en la cuestión de Redrado no fue bueno, confundió más a la sociedad. Hay que evitar que la sociedad busque la salida a la crisis en ideas truculentas. Esto se debe resolver democrática, repúblicanamente.

–¿Aprueba el rol de Cobos?

–A mí me cae bien. Creo que un partido con la historia del radicalismo merece un candidato que le dé posibilidades. Pero ésa es una decisión de ellos. Si optan por Cobos, me parece un buen adversario. Yo no soy de los que piensan que debe renunciar. Lo votaron para estar allí y eso debe respetarse.

–¿Cómo resolverá el Senado la cuestión de sus autoridades?

–Vamos a ver en los próximos días. Conozco a muchos de esos senadores y tienen una jerarquía política más que suficiente para tomar nota de lo que ha ocurrido en Diputados por resignar la presidencia de la Cámara. Los senadores no son gobernadores. Tienen independencia y, siendo un poco pícaros, le recuerdo que los legisladores volvemos todas las semanas a nuestros pueblos; son pueblos pequeños y nos conocemos todos. Yo no me imagino a un senador votando a favor de Kirchner en el tema de los DNU y volviendo al día siguiente a su casa. No hay margen para posiciones tibias.

–¿Qué cree que harán los senadores correntinos?

–Corrientes es la primera provincia que ensayó la transversalidad. En los años noventa, peronistas y radicales hicieron alianza para desplazar al viejo polo político liberal-conservador. Lo que pareció un avance, porque destrozaba a los viejos partidos autonomistas y liberales, terminó aniquilando a peronistas y radicales en ese distrito. Ahora tenemos una provincia difícil, con anomia política y situaciones desagradables. Lo que hizo el gobernador Colombi no se lo deseo a nadie. Pero el kirchnerismo está actuando con mucha torpeza y a lo mejor, en Corrientes, se lleva la sorpresa de tener tres senadores en contra, cuando creía que acordando con el gobernador tenía arreglado el problema.

–Está en duda el voto de la senadora Meabe.

–No creo que ningún senador correntino vote positivamente el tema DNU. En esa provincia, una actitud acuerdista es la muerte política del dirigente. El kirchnerismo va a pasar un trago amargo.

–¿Scioli es un ejemplo del castigo de las urnas?

–Scioli es un hombre de esta gran ciudad, con domicilio también en Ramos Mejía, por lo que sé. Esta gran ciudad permite actitudes como la de Borocotó. A una cuadra uno se pierde.

–¿Scioli se borocotizó o se sometió?

–Él tenía actitudes valientes hasta que un día Cristina lo retó. Fue una cosa de muy mal gusto. Pero de golpe y porrazo lo vimos de novio con quienes lo habían maltratado. Se pareció a la borocotización. A mí no me gusta ese tipo de dirigente. Le costó el fin de su carrera política. No lo veo reciclándose con esta actitud. Es un problema no sólo para Scioli sino para muchos dirigentes.

–¿En quién piensa?

–En Alberto Fernández, por ejemplo. Ya no tiene margen. Lo vi con Menem, con Cavallo, con Duhalde, después con Kirchner, y ahora quiere reaparecer por otra puerta. No se puede pasar por tantos lugares en apenas una década.

–¿Por qué nunca fue kirchnerista?

–Porque los conocía. Conocía de cerca la gestión de Néstor y de Cristina en Santa Cruz. Trabajamos juntos siendo él y yo gobernadores y con ella en el Senado. Diez años alcanzan. Una de las cosas que me hicieron abrir el ojo fue que en 1996 fui a Santa Cruz y me llevé un chasco porque no había opositores. No hay democracia sin oposición. Si usted va a Apóstoles, la mitad del pueblo le va a hablar mal de mí. Claro, la otra mitad le va a hablar bien. Si todos le hablaran bien de mí, tendría que desconfiar. Mi sensación fue que ahí había miedos. Lo otro que me llamó la atención es que en Buenos Aires sí encontré santacruceños opositores a Kirchner. Me daba la sensación del exilio. Es gente de actitudes poco solidarias, o la contracara de lo que debe ser un dirigente.

–¿Por qué dice que Kirchner era insolidario?

–Y... porque siempre que una decisión triunfaba estaba con nosotros, si las cosas salían mal era el primero en criticarnos. Y luego estaba la gestión. En su provincia, el presupuesto se gastaba íntegro en el Estado. No me sorprende que tomen las decisiones que toman. Creo que a esta altura no hay un voto kirchnerista que no tenga una paga del Estado, por la vía del subsidio, por la vía del nombramiento o, lo que es peor, por la vía de la corrupción. Siempre hay una paga. Es un modelo que detesto.

–¿Cristina Fernández es parte de esa descripción?

–Yo creo que es un matrimonio perfecto, en términos políticos y en términos económicos. Ella también era insolidaria. Cuando en 2002 nuestro Gobierno estaba en una situación muy complicada, hablo del gobierno que encabezaba Eduardo Duhalde, se encargó de mandar el avión de la provincia de Santa Cruz para traer el único voto que se podía conseguir para que cayera el Gobierno. Inexplicablemente Duhalde lo eligió luego como candidato.

Pero ése es un tema que hay que hablar con Duhalde.

–¿Duhalde se equivocó o fue una decisión desesperada?

–Se equivocó. Lo digo con esa claridad porque yo también me equivoqué en mi provincia. Cometí el mismo pecado con Rovira. Lo único que cabe es doblar la apuesta y enmendarlo, enfrentarlo.

–Usted aprueba entonces la decisión de Duhalde de salir a enfrentar a Kirchner.

–Sí, errores de ese tipo no se enmiendan quedándose quieto. Es bueno lo que hizo.

–¿El que lo trajo que se lo lleve?

–Es una frase ajustada a la verdad.

–¿Qué es el Peronismo Federal?

–Primero es el peronismo, después es peronismo actualizado, que corrige errores y reafirma que vale tanto un líder bonaerense como de la pequeña Tierra del Fuego. El federalismo existió siempre en el peronismo, pero con tropiezos. A mí no me gustan los armados internos del peronismo que terminan en filiales en los distritos porque socavan el peso del dirigente local. Y ésa es una de las cosas que respeto en Duhalde: nunca salió de la provincia de Buenos Aires a armar filiales.

–Usted dice que el Peronismo Federal es el peronismo, pero para ser el peronismo le faltan gobernadores y le faltan intendentes.

–Tenemos gobernadores y tenemos intendentes. Es verdad que hay más del lado del kirchnerismo que de nuestro lado; es verdad que nos faltan intendentes. En esos casos está el claro apriete de la caja. La independencia es insostenible. A solas unos y otros hablan pestes de los Kirchner, pero después argumentan que tienen que pagar los sueldos. Esta cuestión ha demorado la construcción de un peronismo opositor.

–El PJ tiene un solo candidato, Kirchner, y en último caso, Scioli. Ustedes tienen varios. ¿Eso es bueno o malo para una cultura basada en el liderazgo personal?

–Es bueno y puede ser malo si no sabemos hacer un cierre. Cuantos más candidatos tengamos, más grande va a ser nuestro poder. Ninguna opción se resuelve con "un" candidato. Perón murió diciendo: "Mi único heredero es el pueblo". No podemos buscar un nuevo Perón, tenemos que buscar un nuevo sistema político que nos garantice que nunca más tendremos una pesadilla como la de este matrimonio Kirchner.

–¿Piensa que Kircher va a ser candidato?

–Yo creo que va a ser candidato. Uno de los dos va a ser candidato. Si no, tienen que pensar en Scioli. Yo creo que la Argentina va a tener que legislar para que nunca más un matrimonio pueda tener reelección indefinida. Ahora no, para no victimizarlos. Si quieren ser, que sean, pero hacia delante hay que legislar.

–Si los Kirchner fracasan, ¿la factura la pagará todo el peronismo?

–Néstor Kirchner tiene jaqueado al PJ. El Peronismo Federal ha salvado las banderas históricas del peronismo y una visión moderna de la política, porque el kirchnerismo mira la política por el retrovisor. El fracaso de ellos no lo podemos asumir nosotros; el peronismo fue su primera víctima. Kirchner tiene la sigla PJ de rehén, y eso ayuda a la confusión. Y una gran tarea que tenemos por delante es la de profundizar nuestras concepciones republicanas. Tenemos debilidad republicana.

–¿Kirchner es una expresión de esa debilidad?

–Kirchner es la expresión de muchos de nuestros defectos: el deseo de acumular, el error de distribuir mal. En un peronismo federal, democrático y republicano Kirchner no hubiera existido jamás. Sólo pudo ser candidato por imperio de esas circunstancias desgraciadas de las que hemos hablado.

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