Pasó la disertación de Fernando Niembro por Olavarría, llena de lugares comunes, incongruencias, fuegos artificiales, que remató con una proclama subliminal (y no tanto) del jefe de gobierno porteño.
"Chusmerío barato" dijo alguien en voz baja, cuando se centró en el objeto de la visita, el fútbol y los mundiales. Niembro no dijo nada que no se haya dicho entre bambalinas, pero tan burdo, reprochable y cuestionable como esos manejos de la FIFA, de la AFA, de la corporación arbitral o de la profesión periodística que denunció (en un recinto inapropiado) es enmascarar detrás de la charla sobre un campeonato del mundo un salida de campaña.
En primer lugar fue una falta de respeto al Círculo de Periodistas Deportivos de Olavarría, a los periodistas presentes y a aquellos desprevenidos que fueron creyendo que era una charla futbolera. Ya lo había hecho en Tandil, pocos días atrás, lo volvió a hacer en Olavarría, y seguramente lo hará mañana o pasado cuando el carrusel toque Pergamino y otras ciudades del interior bonaerense.
Es el sano juego de la democracia exponer sus proyectos, los ideales, sus cuestionamientos, pero en otro ámbito. No en uno donde se convocó para hablar del fútbol y de su circunstancia.
Así fue hasta un determinado momento; todo muy bien ciudado, muy calculado, Niembro (funcionario de alto rango en el primer gobierno menemista) se decidió a mostrar sus garras.
Como al pasar advirtió de modo inobjetable, con una precisión copernicana, pero también una verdad de Perogrullo, que ninguna Copa del Mundo el alto el día de la final cambia la realidad social, política, económica del país que la gane, y como quien no quiere la cosa tiró al pasar que "dos días después de la final del Mundial, el vicepresidente Boudou tranquilamente podría ser procesado".
Una situación en la que desde hace mucho tiempo se encuentra su jefe político, Mauricio Macri. Que a partir de ese momento se encargaron de ensalzar ya sin disimulos Mac Allister (sobre todo) y Baldassi.





Comentá la nota