Estamos llamados a proteger toda vida. Por eso debemos ser comunidad que pueda desarrollar una pedagogía capaz de dar la bienvenida a todo lo que no es perfecto, puro o destilado, pero no por eso menos digno de amor, según el ejemplo de Jesús que abrazó al leproso, al ciego, al paralítico, al fariseo y al pecador. Homilía del Papa en el estadio de Tokio