Una de las señas de identidad de AMEN es su firme apuesta por el factor humano. A diferencia de otras herramientas tecnológicas actuales, en AMEN siempre responden personas de vida consagrada y no una Inteligencia Artificial. Aunque la organización evalúa implementar la IA en el futuro como una opción elegible por el usuario, defienden que la falta de inmediatez es, en realidad, una virtud: permite al consagrado orar por el caso particular y meditar la respuesta antes de enviarla