Moyano vs. Recalde: una pelea por la cartera de Trabajo y la Justicia laboral

Moyano vs. Recalde: una pelea por la cartera de Trabajo y la Justicia laboral

El martes sepultaron su relación histórica, tras dos décadas. Cómo construyeron poder. El control sobre jueces. La ambición o la “lealtad”.

Por Emilia Delfino

Café La Paz. Primer piso. Un grupo de abogados laboralistas se reunía a jugar al ajedrez. El joven Héctor Recalde se destacaba en el juego. Como buen ajedrecista, mantuvo siempre el control de la partida para lograr su principal aspiración: ser ministro de Trabajo. El equilibrio que pretendía sostener se descalabró cuando el líder camionero llegó el martes a patearle el tablero. Le gritó lo que tenía atragantado desde hacía meses: “No podés ser tan servil al poder”.

No eran amigos íntimos, pero juntos construyeron una estructura gremial y judicial que le permitió a Recalde un lugar privilegiado en la Justicia laboral, y a Moyano, convertir a Camioneros en el sindicato más poderoso. La ruptura se dilató como parte “de la estrategia de ambos para que Recalde conserve la presidencia de la Comisión de Trabajo”, contó un gremialista. Les convenía a ambos, hasta el martes.

Recalde llegó a Moyano a través de Juan Manuel “Bocha” Palacios, entonces líder de los colectiveros de la UTA. Fue en los 90, con el MTA.

Recalde defendía a la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) y fue camporista. Más tarde se acercó a la CGT. Moyano integraba la banda opuesta: la Juventud Sindical Peronista (JSP). El súmmum de su poder conjunto fue el kirchnerismo. El camionero pidió a Néstor Kirchner que Recalde fuera diputado. Lo logró. A CFK le pidió que fuera vicepresidente. Rompieron. Pero la clave del poder de Recalde no es la política sino su influencia, de mano del kirchnerismo y Moyano, en la selección de jueces del fuero laboral: tiene a su mujer, Graciela Craig –denunciada por supuestas irregularidades en su concurso en el Consejo de la Magistratura–, a su antiguo socio Roberto Carlos Pompa, y a Enrique Brandolino y Diana Cañal, de estrechos vínculos con los gremios moyanistas. Tres laboralistas consultados coincidieron en que así obtuvo “su propia mayoría” en la Cámara del Trabajo.

Fue Recalde quien ganó los últimos fallos a favor de Camioneros en la puja por el encuadramiento de trabajadores, como el de los empleados de logística de los supermercados, y duplicó así las filas camioneras (fallo de Cañal). Pero también ayudó al Gobierno: consiguió que el Estado K ganara una demanda de los trabajadores del PAMI por una diferencia salarial millonaria.

¿Podrá lejos de Moyano sostener ese poder? Algunos calculan que sí. Tiene al Gobierno. “Ese poder es de él, no de Moyano”, dicen.

Bisagra. “Mi viejo ya se decidió”, le dijo Mariano Recalde (La Cámpora), presidente de Aerolíneas Argentinas, a un allegado cuatro semanas antes. Desde que Moyano rompió con CFK, había estado atrapado “entre dos lealtades”.

“Recalde quiso hacer lo que hizo siempre: pasar por el ojo de la aguja. Quiso ser cómplice del operativo oficial para que avance la ley de ART y tener una coartada: él votó su propio proyecto, no el oficialista, pero habilitó para que se cumpla el deseo de Cristina”, explica un hombre que lo conoce bien. Agrega: “Podría haber pedido que se vote primero en Trabajo, donde el oficialismo perdía, y dilatar la sanción. Cuando Moyano entendió eso, estalló”. No había posibilidad de modificar la ley, que será tratada el miércoles en el recinto.

Un ex aliado de Moyano recuerda la tarde que en Azopardo 802, “Recaldito”, asumido ese día como presidente de AA, pasó a agradecer al camionero por su apoyo, y dijo que su ascenso era “un cargo del movimiento obrero”. Moyano, confirmaron tres fuentes de su entorno, está convencido de que Recalde lo “traicionó” para “cuidarle al hijo la caja de Aerolíneas”. Pero la mayoría coincide: la clave es que Recalde quiere ser ministro de Trabajo.

PERFIL intentó dialogar con Recalde, pero la respuesta fue que el diputado “prefiere no hablar en gráfica”. Sin embargo, en Tiempo Argentino, del empresario K Sergio Szpolski, dijo ayer: “Yo estoy convencido de que éste es el lugar donde tengo que trabajar, porque es el que se adecua a mis convicciones”.

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