Adrián VenturaLa política es una actividad vertiginosa, que deja poco espacio para el dolor.
Siete días después del fallecimiento de Néstor Kirchner, el líder de la CGT, Hugo Moyano, avanzó varios casilleros en su acumulación de poder. Por un lado, el Gobierno ratificó, por lo menos por ahora, su alianza con el líder gremial. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, afirmó que la CGT es la columna vertebral del Gobierno; Carlos Tomada lo calificó de sostén, y el Ministerio de Trabajo intervino en la interna de la CTA, impidiendo que el sector más antikirchnerista asuma la conducción. La CGT, contenta.
Pero, por otro lado, Moyano obtuvo ayer otro éxito menos rutilante pero crucial: la Comisión de Acuerdos del Senado escuchó a once candidatos a integrar la Cámara del Trabajo, casi todos apadrinados por la CGT, y, la semana próxima, obtendrán dictamen y se convertirán en camaristas.
El detalle es muy importante para ratificar la hegemonía del actual modelo sindical. Esa cámara de apelaciones no sólo resuelve conflictos laborales sobre indemnizaciones y otros asuntos que les interesan a los abogados gremialistas, sino que, también, tiene injerencia en los problemas de encuadramiento sindical. Recordemos que, hace dos años, la Corte, en línea con los reclamos de la OIT (con sede en Ginebra), se pronunció en favor de la libertad sindical. Una cámara de apelaciones controlada en buena medida por el gremialismo podrá actuar como un tapón para que no se repitan casos similares.
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Hubo otra reacción, oportunista. Reapareció en público Ricardo Jaime, un funcionario que muchos creían que terminaría tras las rejas pero que, aún en libertad, busca blanquearse. Jaime -como también otros funcionarios kirchneristas imputados- especula con que los jueces federales lentificarán sus investigaciones, por lo menos durante algunos meses, hasta ver cómo se reacomodan el Gobierno y, también, ellos mismos frente a operadores e intermediarios políticos que parecen haberse quedado sin un jefe.
La Corte Suprema, en cambio, mantendrá un perfil bajo y prudente. Si bien los últimos meses sufrió fuertes embates del kirchnerismo, fue el propio Néstor Kirchner, durante un acto en Santa Cruz, el que frenó ese conflicto con palabras respetuosas. El tribunal le devolvió el gesto con respeto y palabras de reconocimiento. Y, durante varios meses no dictará ningún fallo incómodo para el Gobierno.





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