En el sector privado, la irregularidad en los pagos llegó al 5,54 por ciento y entre las familias trepó a 9,34 por ciento.
Por Hernán Letcher
En diciembre la morosidad del crédito, en el sector privado, llegó a 5,54 por ciento (0,32 puntos más que el dato anterior) y entre las familias alcanzó 9,34 por ciento (0,52 puntos más). Aunque los datos de las empresas se encuentran en niveles más bajos, también se incrementaron: la irregularidad ascendió a 2,54 por ciento (octubre 2024 fue de 0,69 por ciento).
Las dificultades para pagar se concentran, principalmente, en dos segmentos: préstamos personales, donde la irregularidad se ubica, en diciembre, en 11,89 por ciento (el valor más alto desde que se publica el dato, es decir, quince años) y en tarjetas de crédito, donde la morosidad se eleva a 8,55 por ciento (octubre 2024 fue de apenas 1,57 por ciento ).
Fuera del sistema financiero el panorama es peor: la morosidad en cartera de familias en entidades no financieras alcanza 24,6 por ciento en promedio (en diciembre de 2024 era de 7,7 por ciento).
La irregularidad del crédito, sin techo
Aunque después de la elección, todas las tasas de la economía mostraron una tendencia bajista y muchos analistas sugirieron que el sensible incremento de la morosidad volvería rápidamente a reducirse a niveles previos, la irregularidad del crédito no encuentra techo.
Por el lado de los bancos, el promedio de los cargos por incobrabilidad alcanza los 950.000 millones de pesos en el último trimestre de 2025 (suba de 250 por ciento interanual) y el ratio de previsiones (el colchón que tienen los bancos frente a la morosidad) sobre el total de cartera irregular se consolidó por debajo del 100 por ciento , lo que no sucedía desde la pandemia. Es decir, ese casi billón de pesos que separaron los bancos en octubre/noviembre/diciembre no fue suficiente para cubrir el aumento de la morosidad y fue necesario usar parte del colchón de previsiones.
En concreto, mientras que las previsiones sobre cartera irregular de los últimos 20 años promediaban 129 por ciento y el nivel de octubre de 2024 se encontraba en un punto históricamente alto (172 por ciento , por el bajo nivel de mora, del orden del 1,5 por ciento), ese ratio se encuentra hoy en caída constante alcanzando niveles particularmente bajos (94 por ciento en diciembre), debido a la fuerte suba de la mora (sobre todo desde la flexibilización cambiaria de abril) con récords de morosidad de las familias y máximos de irregularidad total.
Tasas récord: superan el 75 por ciento
Para poner en contexto, hablamos de familias endeudadas a tasas superiores al 75 por ciento anual, por lo que la carga de intereses es superior al 6 por ciento mensual. Las tasas de los préstamos personales se mueven a una velocidad mucho menor que el resto y luce lejano un escenario en el cual una persona endeudada alcance una tasa menor al 50 por ciento que, encima, solo le significaría una ayuda marginal (pasar de un interés del 6 por ciento al 4 por ciento mensual).
El problema se volvió sistémico. Aunque el monto total del endeudamiento de las familias parece manejable, es fundamental entender que los bancos también se encuentran en una posición complicada, lo que se puede ver en sus balances: entre julio y diciembre de 2024 el resultado operativo fue de 3,4 billones de pesos, mientras que en el mismo periodo de 2025 el resultado fue apenas positivo en 0,12 billones de pesos.
El nivel de sueldos limita el cumplimiento
En este contexto, las entidades están vendiendo sus carteras de irregularidad, tratando de recuperar algo de lo que ya han enviado a pérdidas.
Dada la situación crítica de las familias, la baja de la tasa no es suficiente para solucionar este problema, ya que el origen es estructural: la pérdida de poder adquisitivo.
En un escenario donde los salarios vienen perdiendo contra la inflación, el foco está en la capacidad de pago de las familias y no en una eventual baja de tasa que facilite la refinanciación.

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