La visita de Néstor Kirchner a Tucumán, el jueves, será el gran acto oficialista en la semana del Bicentenario. La senadora Beatriz Rojkés y Juan Manzur, en carrera
Teresa hoy se convierte en un símbolo.
A esa misma ceremonia concurrirá la máxima autoridad de la Universidad Nacional de Tucumán, Juan Cerisola. Es el rector más débil de los últimos tiempos. Cuando habla se parece a un hombre que está cruzando el río por las piedras. Primero tantea, para ver si está resbalosa o si se mueve y, una vez seguro, da el paso. No lo dice, pero transmite la sensación de que el proceso electoral fue un terremoto. No debe confundirse. No ha sido un elegido que se salvó y que, por ello, debe festejar y sentir que todo lo puede. Por el contrario; al revés que Teresa, debe revalidar todos sus títulos, porque su reelección fue un escándalo. Cerisola elige las piedras seguras para caminar. Y en la universidad, ese es el discurso de lo académico. Le guste o no, durante los próximos cuatro años no siempre podrá elegir las rocas por las cuales pisar; y más de una vez caerá al barro.
Cerisola hoy no es un símbolo, como Teresa. Apenas, un mojón circunstancial.
Teresa y Cerisola estarán unidos por un mismo sentimiento y se confundirán en el canto y, tal vez, en la emoción; algo que, hasta el cierre de esta edición, no pueden hacer Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri. Primero están ellos; luego, sus ideales o deberes. ¿No bastaron 200 años para concientizarse que lo colectivo engradece y trasciende y que lo individual no alcanza?
"Ironía de la historia, entonces, que la lucha por la libertad sea uno de los caminos que utilizan los mediocres para maximizar sus beneficios personales", le hace decir a uno de sus personajes el escritor Diego Grillo Trubba en su flamante Crímenes coloniales.
En la misma novela reflexiona: "de actuar en conjunto hubieran podido llevar mucho más lejos, a una mejor posición, a toda la sociedad". Está hablando de los hombres de 1800, pero bien podría referirse a los de esta época.
A los tucumanos esto les toca especialmente. El Bicentenario de Mayo parece competir con 2016. Hay vecinos a los que les cuesta agitar una banderita. Esa carencia de cuestiones comunes -más allá de lo que se piense o se sienta- sólo explican las incapacidades de Macri y de Cristina para compartir un espacio público.
Cuando Teresa decidió estudiar Artes ya vivían sus nietos. Eligió empezar, con la vergüenza de quien sabe que sus compañeros no son contemporáneos -y que, por tanto, piensan muy distinto-, y con los obstáculos propios de la vida laboral y hogareña. Inesperadamente, el martes tendrá un día especial. Y, seguramente, sentirá el peso de lo que significa levantar la bandera hacia lo más alto. Pero también el honor.
José Alperovich y Domingo Amaya están preocupados por sus destinos cercanos. No son Mauricio y Cristina, pero tienen la tremenda responsabilidad de sembrar para que 2016 no sea sólo una seguidilla de actos y de cintas cortadas, sino un espacio de creación de otra idea de Nación, estén o no ellos en el poder; figuren o no en los pergaminos.
Por ahora no tienen tiempo. El gran acto es la visita del diputado Néstor Kirchner a la provincia. Para el uno y para el otro, están en juego sus destinos. Alperovich ordenó que debe ser multitudinario. Es la campaña presidencial del hombre más poderoso del país. Los organizadores están pergeñando ponerles códigos de barra a las invitaciones preferenciales. La orden es vivar el proscenio, pero todos dirigirán sus ojos hacia dos escenarios diferentes.
1) Si Alperovich se postula para gobernador por tercer período consecutivo no habrá problemas, porque todo puede seguir igual.
2) Si no hay reelección o si el actual gobernador se convierte en el candidato a vicepresidente de la Nación, empieza otra obra, con actores muy diferentes.
Están los que trabajan para que el ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur, sea candidato a gobernador; otros consideran que ese lugar le corresponde a la esposa de Alperovich, la senadora Beatriz Rojkés. Entre los "manzuristas" aparecen los que libaron las mieles del licenciado vicegobernador, como el secretario de la Legislatura Antonio Ruiz Olivares o como los legisladores Roque Alvarez, José Alberto Cúneo Vergés o Sisto Terán.
Entre los "bettistas" se anotan nada menos que el más "sijosesista" de los "alperovichistas", Sergio Mansilla, y el neo "sijosesista" Osvaldo Jaldo, un hombre que siempre suena como candidato a mucho y que termina administrando -obedientemente- lo poco.
Cuestión de polleras
Pero no todo es campo orégano para el oficialismo. Mientras unos porfían por frenar en la Justicia la re-re del gobernador, otros abogados están analizando demostrar que es inconstitucional la ley de acople en la provincia.
Los expertos en poner obstáculos conjeturan que varios partidos llevarán candidatos a concejales, intendentes y legisladores diferentes, pero compartirán -gracias al acople- el postulante a gobernador.
Los reyes de la traba descubrieron -e intentan justificarlo en tribunales- que con este sistema no se respetaría el cupo femenino. Esto se debería a que la mayoría de los partidos encabezan postulaciones con varones, lo que viene ocurriendo en comicios anteriores. Por ello, a la hora del recuento final las mujeres quedarán en minoría, lo que desvirtúa la ley nacional de cupo.
En las tres secciones, varios candidatos están armando partidos para acoplarse. En la capital, inclusive, no habría una lista oficial por lo que casi todos serían candidatos con sus propios partidos, creaturas que el mismo Alpeovich está alentando. Por lo tanto, obtener dos bancas en la Capital puede convertirse en una tarea más difícil que ver a Cerisola abrazado al ex funcionario de la UNT José Hugo Saab.
Los opositores no tienen invitaciones con códigos de barras, pero siguen siendo espectadores privilegiados de las decisiones de un oficialismo que los sigue llevando de las narices, con prepotencia, pero con decisión y unidad.









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