El interlocutor en la provincia de Néstor Kirchner es el ministro de Economía, Juan Manuel Campillo, funcionario fiel y discreto. El gobernador Peralta muestra signos de autonomía que no son del agrado del matrimonio presidencial.
No es la primera vez que rompe los rígidos esquemas del kirchnerismo. Hace pocos meses, presionado por la deuda pública, había decidido frenar el desembolso de fondos a las empresas constructoras de obra pública local, todas ligadas a los Kirchner, como Austral Construcciones, del socio K Lázaro Báez.
Otros de los choques más fuertes con Kirchner se produjeron el año pasado. Como ninguno otro de sus antecesores, Peralta presionó al ex presidente para que haga volver aunque sea una parte de los millonarios fondos que la provincia tenía depositados en el exterior. También se animó a despedir a funcionarios del Ministerio de Acción Social que respondían al todopoderoso Rudy Ulloa Igor, ex chofer de Kirchner y ahora millonario empresario de medios con ideas de expansión nacional.
Todas esas acciones, entre muchas otras, descolocaron al matrimonio presidencial, acostumbrado a gobernar su terruño a la distancia, un método que resulto un fracaso: debieron elegir a Peralta tras la renuncia de Sergio Acevedo en el 2006 y del muy errático delfín de Rudy, Carlos Sancho, en mayo del 2007.
Los gestos de rebeldía de Peralta, elegido el año pasado con el 58,12% de los votos, le sirvieron para negociar con Olivos desde una posición distinta a la del subordinado, según explican en el oficialismo santacruceño. Peralta conoce de tiras y aflojes: es un cuadro del gremialismo.
Hoy, como demuestra el envío de 507 millones de pesos desde la Nación a la provincia, su relación con Kirchner permanece estable. Son rehenes de sí mismos. El fracaso de uno y otro están ligados de manera directa. Kirchner negoció junto a él, por ejemplo, las listas de candidatos a legisladores del PJ santacruceño: el primero en la lista es el intendente de Caleta Olivia, Fernando Cotillo, y está acompañado en el segundo lugar por la esposa de Peralta, Blanca Blanco. Para algunos dirigentes del oficialismo, la aparición como candidata de la señora Blanco de Peralta, una empleada pública sin militancia territorial, fue el resultado de la presión de su esposo por sobre los deseos de Kirchner. Para otros, se trata de una imposición del ex presidente, que se garantiza así que su gobernador deba involucrarse a fondo en las elecciones.
Schiaretti reclama $ 60 millones
Al contrario de la oficialista Santa Cruz, la provincia de Córdoba, comandada por el peronista disidente Juan Schiaretti, es discriminada con el envío de fondos desde la Nación, según denunció el propio mandatario. Ayer, Schiaretti inició un reclamo administrativo para que la Presidencia le envíe 60 millones de pesos que le corresponden del Programa de Asistencia Financiera (PAF): "Como la cuota de marzo no ha sido enviada, y la del mes de abril está próxima a vencer, se inicia el reclamo administrativo a la Nación para que envíe estos recursos para garantizarles el derecho a los cordobeses de percibir este fondo que por ley le pertenece a la Provincia", explicó el gobernador.
Hasta hace pocas semanas, Schiaretti y los Kirchner mantenían una relación cordial e institucional, pero el cordobés "rompió" los puentes cuando decidió incluir en sus listas de candidatos a dirigentes ligados a la dirigencia rural, a la que él apoya, en contrario a la Quinta de Olivos.






Comentá la nota