Las potencias los asistirán con 40.000 millones de dólares
Al cabo de dos días de reuniones plenarias, bilaterales, ampliadas a los 18 jefes de Estado y de gobierno invitados, y comidas de trabajo, los líderes de las ocho potencias más industrializadas del planeta prometieron una ayuda financiera de 40.000 millones de dólares a los países de la llamada primavera árabe.
"Ese paquete es global. No ha sido definido por países. De aquí a julio habrá reuniones de los ministros de Relaciones Exteriores para articular mejor el programa", precisó el primer ministro tunecino, Béji Caid Essebsi, después de asistir a una sesión plenaria del G-8.
También el Fondo Monetario Internacional (FMI) había hecho conocer anteayer su intención de desembolsar hasta 35.000 millones de dólares en préstamos, mientras que el Banco Mundial colaboraría con unos 6000 millones.
Invitados de honor de la cumbre, Egipto y Túnez azotados por las consecuencias económicas de las violencias que acompañaron los cambios de régimen político, habían lanzado un dramático pedido de ayuda financiera a los occidentales.
Los líderes del G-8 también lanzaron una vigorosa advertencia a Khadafy y a su gobierno, a quienes acusaron en el comunicado final de la cumbre de "no haber cumplido con su responsabilidad de proteger a la población, perdiendo toda legitimidad".
"Khadafy no tiene ningún futuro en una Libia democrática y libre y debe partir", reza el texto de la declaración final.
Por la mañana, los presidentes Barack Obama y Nicolas Sarkozy se habían declarado resueltos "a terminar el trabajo en Libia". Ambos mandatarios solicitaron la mediación del jefe de Estado ruso, Dimitri Medvedev, para convencer a Khadafy de dejar el poder.
Históricamente opuesta a toda injerencia y aliada tradicional de Libia, Rusia desechó sus reticencias a reclamar abiertamente la partida de Khadafy, proponiéndose como mediador. Poco después de conocer la nueva posición de Rusia, el régimen libio indicó anoche no sentirse "concernido".
"El G-8 es una cumbre económica. Sus decisiones no nos conciernen", declaró el viceministro de Relaciones Exteriores libio, Khaled Kaaim, quien advirtió además que su país rechazará toda mediación que "margine el plan de paz de la Unión Africana". "Somos un país africano y toda iniciativa que esté fuera del marco de la UA será rechazada", advirtió.
Rusia fue mucho menos comprensiva cuando se trató de condenar con el mismo vigor a Siria.
"Siria es otra cosa", dijo Medvedev. Mientras los occidentales ya han sancionado a Siria por la brutal represión popular, Moscú continúa apoyándola.
Esa diferencia de posiciones quedó de manifiesto en la redacción del comunicado final: cuando los occidentales quisieron incluir la amenaza de llevar el caso ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, Rusia se opuso firmemente. Al final, el G-8 exigió a Damasco que "abandone de inmediato el uso de la fuerza y la intimidación contra su pueblo".
"Si las autoridades sirias no tienen en cuenta este llamado, prevemos otras medidas", amenazaron.
Los dirigentes del G-8 evocaron, en el comunicado final, el bloqueo del proceso de paz en Medio Oriente y urgieron a israelíes y palestinos a "reanudar las negociaciones de fondo a fin de obtener a un acuerdo-marco". La cumbre también expresó su apoyo al reciente discurso de Obama, que se pronunció a favor de un Estado palestino creado sobre la base de las fronteras de 1967.
Si bien la economía estuvo omnipresente en Deauville, las posiciones distaron de ser consensuadas. Una vez más, Sarkozy manifestó su rechazo a una eventual reestructuración de la deuda griega, aunque se declaró favorable a una contribución de sus acreedores privados. "Si reestructuración quiere decir que un país europeo debe dejar de pagar sus deudas, entonces esa palabra nunca formará parte del vocabulario de Francia", dijo Sarkozy.
Por el contrario, la canciller alemana, Angela Merkel, no quiere ni oír hablar de la contribución forzada de los inversores privados antes de 2013 y la entrada en vigor del mecanismo permanente de apoyo a los países de la zona euro.
CONTINÚA LA REPRESIÓN EN SIRIA
DAMASCO (AP).- En un nuevo "viernes de la ira", convocado por la oposición, por lo menos 8 civiles murieron ayer, cuatro de ellos en Damasco, durante manifestaciones contra el presidente Bashar al-Assad, según señaló el Observatorio de los Derechos Humanos sirio, con sede en Londres.




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