La industria cae, el empleo formal se contrae y los datos metodológicos generan ruido. La experiencia histórica es clara: sin producción nacional, se diluye cualquier mejora duradera en la vida de la población.
Por
Eugenia Rodríguez
Sin industria no hay reducción sostenida de la pobreza posible. Así lo demuestran los datos en el tiempo: cada vez que el entramado industrial se expandió, la pobreza retrocedió; cada vez que se lo debilitó, el deterioro social avanzó. Lo anterior no es menor ya que, en lo que va de la gestión de Javier Milei, la industria manufacturera acumuló una caída cercana al 10% frente a 2023, el empleo formal anotó más de un semestre en retroceso y el sector industrial ya perdió en torno al 20% de su dotación de personal, el nivel más alto de toda la serie.
El cuadro se vuelve más preocupante cuando se observa el peso en las economías provinciales: la industria explica buena parte de la estructura económica de provincias clave -con Buenos Aires concentrando casi la mitad del PBI industrial- y resulta central en distritos donde llega a representar hasta un tercio de la actividad. Cuando ese entramado se debilita, el impacto no queda acotado a una estadística sectorial: se traduce en menos trabajo, menos consumo y más fragilidad social.
En este escenario, mientras distintas mediciones privadas advierten que la baja de la pobreza oficial está sobredimensionada por cambios metodológicos y por canastas desactualizadas que no reflejan el peso actual de los servicios, la evidencia histórica argentina es contundente: los procesos de desindustrialización trajeron consigo más desempleo, caída de ingresos y mayor exclusión.
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Menos industria, más pobreza
En el segundo semestre de 2025, la pobreza se ubicó en 28,6% y la indigencia en 6,3%. Esto implica una baja (-3,4 puntos y -0,6 puntos) frente a la primera mitad de ese año. Sin embargo, diferentes mediciones privadas y especialistas en la materia pusieron el ojo en que la magnitud de la caída esá “sobredimensionada” principalmente por motivos metodológicos. Sobre esto, se remarca la necesidad de actualizar las canastas para que tengan mayor representatividad de los consumos y gastos fijos actuales de la población (hoy se toma como referencia la encuesta de gastos de hogares del 2004) que, por ejemplo, resta peso a los servicios que son, por el contrario, lo que más aumentó en los dos años de gestión libertaria.
Se suma el hecho de que el relevamiento de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH –INDEC) modificó su metodología de captación de ingresos desde fines de 2023. Al comparar esos ingresos con otros registros se ve una clara inconsistencia: según la EPH, los salarios privados formales crecieron 17,6% entre 2023 y 2025, en cambio, según el índice de salarios del mismo INDEC cayeron 1,4%. La disonancia vale para otros grupos: los trabajadores públicos ganaron 1% de salario real entre 2023 y 2025 según la EPH, pero perdieron 16% según el índice de salarios. Las jubilaciones, bono incluido, cayeron 14% real según ANSES, pero crecieron 12% según EPH.
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“Se actualizó el cuestionario individual, incorporando preguntas sobre ingresos no laborales y programas sociales. Así, empezaron a captarse más fuentes de ingresos que antes y las series dejaron de ser comparables entre sí”, indicó un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia. De acuerdo con estimaciones del ODSA-UCA y de la consultora Equilibra, corregidas ambas distorsiones, la pobreza se ubicaría entre 36% y 42%.
Teniendo en cuenta lo anterior, un aspecto de relevancia pasa por el impacto en dicho indicador de las fuentes laborales que hacen posible la subsistencia cotidiana. Al respecto, los datos evidencian que industria, comercio y construcción son los sectores que más empleo generan, pero son los que más retrocedieron en este último tiempo. Puntualmente, una mirada histórica de la situación de la industria da cuenta de que se trata de un sector clave para la economía argentina, sin embargo, el efecto del modelo económico del gobierno de Javier Milei ya se siente en el sector: en 2022 representaba el 20% del PBI y hoy cayó al 18%, según estadísticas oficiales. En contraste con las declaraciones de funcionarios en redes sociales, la evidencia muestra que desde 2024 se perdieron 271.000 empleos registrados y 22.600 empresas cerraron.
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En el tercer año de la administración libertaria, se confirma la tendencia contractiva de un sector que acumula un retroceso promedio del 10% frente al 2023 y al 2022. Las consecuencias no son menores: la pérdida de fuentes laborales industriales se vincula directamente con un empeoramiento de las condiciones de vida de la población al punto de que el único momento en el que coincidió una baja de la pobreza con una caída de la industria fue en la salida de la hiperinflación.
Considerando tal estado de situación, un centro de estudios analizó el vínculo entre la situación de la industria y sus fuentes de trabajo, con la evolución de la pobreza y concluyó que “sin recuperación industrial sostenida, no hay reducción duradera de la pobreza”. De acuerdo con los datos, se observó que “la pobreza en términos estructurales ha tenido un recorrido relacionado con el al empleo industrial” al punto de que “el único momento en el que coincide una baja de la pobreza con una caída de la industria es a la salida de la hiperinflación”, según consignó un estudio del Instituto Argentino Grande (IAG).
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El documento al que accedió este medio mostró que los ciclos de expansión industrial se asocian con reducciones sostenidas de la pobreza, y los de contracción manufacturera, con su incremento. “No es una coincidencia, la industria fabrica empleo formal, derrama ingresos hacia sectores de baja calificación y articula cadenas de valor hacia el mercado interno”, explicaron los especialistas.
La comparación entre la hiperinflación de 1989 —tasas mensuales de tres dígitos que destruyeron contratos y capital de trabajo, empujando la pobreza arriba del 60%— y la inflación acelerada de 2022-2023 es ilustrativa: “esta última, aunque cerró en 211% interanual, no fue técnicamente una hiperinflación, el tejido productivo llegó a la transición con mayor integridad, lo que explica que las condiciones de partida fueran radicalmente distintas”, agregaron.
Por su parte, una investigación de Fundar destacó que “Argentina se industrializó de manera sostenida hasta mediados de los años ’70, cuando inició un proceso de desindustrialización que se profundizó en distintos momentos”. En particular, a partir de 1945, la industria pasó a ocupar un lugar estratégico en la agenda del desarrollo, promovida mediante políticas activas: protección frente a la competencia externa, incentivos fiscales y facilidades crediticias. Como resultado, para 1975 el PIB industrial per cápita era seis veces mayor al de 1900 y más del doble que en 1945. Sin embargo, “desde mediados de los ‘70, Argentina atravesó un proceso de desindustrialización". La situación se agravó al punto de que en 2024 el PIB industrial per cápita fue 28% inferior al pico histórico de 1974 y 26% menor que el del mejor año del siglo XXI, 2011.
En ese sentido, la situación estaría lejos de mejorar en los próximos meses. Datos anticipados del sector indicaron que en febrero tuvo lugar una nueva baja de la actividad industrial, en torno a -3% en términos interanuales, según una estimación difundida recientemente por el centro de estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA). El golpe más más pronunciado se observó en las producciones de acero (-11%), autos (-8,1%), bebidas (-5,2%), industria metalmecánica (-1,9%) y fabricación de aluminio (-1,6%).
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De esa manera, “el nivel productivo industrial aún continúa estancado ubicándose en los mismos niveles que el promedio anual de 2025, y en torno a un 10% por debajo de los niveles 2022 y 2023”, advirtió el CEU. Es decir que, más allá del bajo nivel de comparación del 2024, el sector se encuentra por debajo de, al menos, los últimos 4 años.
A su turno, desde el entramado de pequeñas y medianas empresas señalaron que, “la situación de sostenibilidad empresarial es especialmente preocupante: el 6,3% de las PyMES anticipa que tendrá que cerrar en 2026". Extrapolado al total nacional, esto equivale a unas 31.500 pymes menos, sobre una base estimada de 500.000 empresas en todo el país.
Peso industrial por provincias
Argentina se caracteriza por una estructura industrial más desarrollada que la media latinoamericana, aunque lejos del tamaño y la complejidad alcanzados por los países desarrollados. En ese sentido, además del total país, la industria juega un rol importante en cada economía provincial. Así lo indicó un informe privado que puso el ojo en el peso industrial en cada territorio. En detalle, la provincia de Buenos Aires constituye el principal polo manufacturero del país y concentra el 49% del PIB industrial argentino. En conjunto con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, dan cuenta del 80% de toda la producción industrial nacional.
Esta alta concentración “responde a una combinación de factores históricos, económicos y logísticos: cercanía al puerto, infraestructura desarrollada, alta densidad poblacional y abundancia de proveedores, servicios y mercados consumidores”, precisaron los investigadores Daniel Schteingart y Nicolas Sidicaro.
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No obstante, a su vez, la importancia de la industria en la economía de las provincias registra diferencias significativas. En San Luis y Buenos Aires, ocupa un lugar central: representa el 37% y el 30% del producto provincial, respectivamente. Otras provincias también registran altos niveles de participación de la industria en sus economías, entre las que destacan: Tierra del Fuego (27,7%), Santa Fe (26,3%) y Mendoza (22,7%). En Tierra del Fuego, el régimen de promoción industrial instaurado en los años ‘70 fue clave para el desarrollo de la industria local —principalmente la electrónica—. Mientras que Santa Fe y Mendoza combinan agroindustrias potentes —Santa Fe es el principal polo aceitero del país y Mendoza la mayor productora de vino— con una importante industria metalmecánica.
En el extremo opuesto, los especialistas mencionaron a Santa Cruz (2,7%) y Neuquén (4,7%), economías muy orientadas a la extracción de recursos naturales —petróleo y minería en Santa Cruz, hidrocarburos en Neuquén— que, hasta ahora, no lograron desarrollar sectores manufactureros fuertes. “Esta gran brecha entre jurisdicciones pone en evidencia las dificultades que enfrentan muchas provincias para transformar sus recursos naturales en productos de mayor valor y generar proveedores industriales” analizó el informe y destacó como condicionante clave la falta de infraestructura: “dada la extensión del país, los costos logísticos siguen siendo una barrera para el desarrollo industrial en muchas regiones”, agregaron.
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Por último, un factor de clara incidencia es la situación que atraviesa la inversión pública en infraestructura que se desplomó cerca de un 80% real con Milei, alcanzando el nivel más bajo desde la crisis de 2002 y reduciendo su peso en la economía a apenas un tercio del que tenía en 2023. Esto reviste importancia en la medida en que sin obras públicas la industria es menos competitiva a la par que se deteriora su presencia a lo largo y ancho del territorio nacional.


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