Con menos fuerza, Brasil vuelve a salir a la calle para pedir el impeachment de Dilma

Con menos fuerza, Brasil vuelve a salir a la calle para pedir el impeachment de Dilma

Hubo protestas contra la presidenta en varias de las principales ciudades del país

Por Alberto Armendariz

RÍO DE JANEIRO.- Las calles de Brasil volvieron a calentarse ayer con el movimiento pro-impeachment contra Dilma Rousseff. En las primeras protestas en el país desde que se inició el proceso de juicio político contra la presidenta, miles de brasileños marcharon en las principales ciudades para exigir la salida de la mandataria, aunque la participación fue mucho menor a los anteriores actos realizados este año.

"¡Fuera, Dilma!", "¡Fuera Partido de los Trabajadores!", "¡Nuestra bandera jamás será roja!" eran algunos de los cánticos que coreaban los manifestantes, que en su mayoría lucían los colores nacionales verde y amarillo. Por todos lados se veían máscaras satíricas de Rousseff y muñecos inflables con su imagen y la de su antecesor, Luiz Inacio Lula da Silva, con trajes de presidiarios.

"Esto es apenas un precalentamiento; la movilización se volverá más grande una vez que la comisión de juicio político empiece a sesionar en el Congreso. El pueblo ya se despertó y no cree más en las mentiras de este gobierno", afirmó a LA NACION el médico Diogo Neves, 37, mientras marchaba por la avenida Atlántica de Copacabana, en Río de Janeiro, bajo un sol abrasador.

Según los organizadores, los grupos civiles Vem pra Rua y el Movimento Brasil Libre, en las protestas de ayer participaron unas 350 mil personas; para las autoridades, la cifra fue mucho menor, de apenas 50 mil. Como sea, fue un número más bajo que las que en marzo y abril pasado llevaron a casi tres millones de brasileños a las calles, y que las de agosto, con más de 1,5 millones.

La mayor de las marchas fue en San Pablo, donde según los organizadores hubo unas 100 mil personas, aunque la policía estimó sólo 30 mil. En Brasilia, unos seis mil manifestantes rodearon el Congreso; en Río, cinco mil personas protestaron por Copacabana; en Curitiba fueron unos 10 mil; en Belo Horizonte, Salvador, Porto Alegre, Recife, Manaos, Florianópolis, Fortaleza y Natal, variaron entre mil y tres mil.

El 2 de diciembre, el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha -procesado por haberse beneficiado del esquema de corrupción en Petrobras-, sacudió el ambiente político en Brasilia al aceptar un pedido de impeachment contra Rousseff. La solicitud se basa en el fallo del Tribunal de Cuentas de la Unión (TCU) que confirmó que el año pasado y éste, la presidenta había realizado maniobras contables irregulares para esconder el déficit, presuntamente un "crimen de responsabilidad fiscal".

Tras aceptar el pedido de apertura del impeachment, Cunha convocó a los diputados para crear una comisión especial de juicio político que deberá presentar un informe sobre los méritos de las acusaciones. Ese documento lo analizaría el plenario de la Cámara, donde necesita 342 votos de un total de 513 para ser aprobado. En ese caso, Rousseff sería apartada de su cargo por 180 días mientras el Senado la juzga. Mientras tanto, asumiría el poder el vicepresidente, Michel Temer.

Pero un juez del Supremo Tribunal Federal (STF) aceptó una medida cautelar para no avanzar hasta que el plenario de esa corte se expida sobre todos los procedimientos realizados hasta ahora. El STF el miércoles y sólo entonces se podrá saber si el proceso continúa o no.

El gobierno siguió las protestas de ayer como un termómetro del ambiente en las calles. Confía en que hoy tendría el apoyo tanto en la Cámara baja como en el Senado para acabar con el impeachment, pero teme que el clima popular empeore en los próximos meses, si el proceso se dilata. Sobre todo cuando Dilma tiene sólo un 10% de respaldo en los sondeos, y la población enfrenta una profunda recesión del 3,5% para este año y de al menos 2% en 2016, con una inflación de 10% y un desempleo que ya supera el 9%.

"La apertura del impeachment será el primer paso de una larga caminata", opinó la fisioterapeuta carioca Mariana Donner, 43, quien cree que aunque no se llegue a una "Navidad sin Dilma" como prometían los grupos pro-juicio político, para cuando pase el verano, los ánimos estarán más caldeados y el Congreso no soportaría la presión de las calles.

Las apuestas son para un "Carnaval del impeachment". Pero el ritmo lo marcarán la Corte Suprema y el Congreso.

Otras marchas contra Dilma

350.000

Manifestantes

Hubo en las marchas según los organizadores

10%

De popularidad

Es la que tiene Rousseff, de acuerdo con los sondeos

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