El medio es el mensaje

La demora en confirmar la candidatura presidencial de Cristina Fernández por supuestos problemas de salud agitó el arco oficialista que sacrificó a Kunkel para enviar un mensaje disciplinario. Esa versión fue, sin embargo, la que activó la reaparición de Sergio Massa en el peronismo bonaerense, preocupado en la elaboración de un plan B ante una eventual emergencia.
La desmentida a Carlos Kunkel que efectuó desde el exterior Alfredo Socimarro fue un mensaje disciplinario dirigido a todo el peronismo bonaerense, que liberó sus anticuerpos como lo hace frente al mínimo atisbo de una eventual amenaza que afecte sus posiciones de poder. El cruce del subsecretario de Comunicación Pública al ultrakirchnerista, desacreditó la versión que había lanzado, que había dado por seguro que Cristina Fernández anunciaría su reelección el próximo 23 de junio.

Kunkel pretendía así aventar otra que circuló la semana pasada: la Presidente demoraba el anuncio por supuestos problemas de salud que también abría dudas sobre si en efecto estaría en condiciones de asumir esa responsabilidad. Fue esa la razón que pospuso el anuncio de que Daniel Scioli irá por su reelección, durante la reunión del PJ bonaerense que, según sus seguidores, fue convocada a ese único efecto.

La irrupción de Mario Ishii para proclamarse como su competidor en la interna abierta del próximo 14 de agosto no fue otra cosa que una reacción instintiva y aislada de uno de los intendentes que responden al kirchnerismo en el Conurbano pero que acicateó la reaparición de Sergio Massa como presunto contendiente del gobernador.

Ambas iniciativas remiten, sin embargo, a una paradoja: la velocidad con que el peronismo bonaerense asumió por cierta la versión y la preocupación por articular un plan B para oponer a una contingencia imprevista. Regla que incluyó también al kirchnerismo y que Kunkel habría intentado emendar con su fallido.

Por unas horas la tensión devolvió a la vieja diferencia que aparece de forma insalvable ante la eventualidad de una crisis: la precaria relación política que une a Scioli y una importante porción de los jefes comunales con el gobierno nacional. También, las dificultades del kirchnerismo para hacer pie en un territorio donde las muestras de lealtad que exige su núcleo más duro las volvería impracticables.

Campaña

La reunión del PJ el 31 de mayo resultó condicionada por la versión según la cual un problema de salud de la Presidente era el motivo de la demora en anunciar que iría por la reelección. Los dirigentes peronistas no creyeron entonces convenientes realizar el anuncio para el que habían preparado el encuentro: proclamar la candidatura a gobernador de Daniel Scioli que es en cualquier cálculo elemental, el postulante sustituto inmediato si el rumor se convirtiese en un hecho cierto.

La irrupción de Mario Ishii fue un reflejo aislado del kirchnerismo, que carece de un plan alternativo para una eventual contigencioa de tal envergadura. A la del intendente de José C. Paz, el peronismo bonaerense repuso la Massa pues, si en efecto cobrase cuerpo esa hipótesis, “es el único en condiciones de asumir un candidatura a gobernador”. Fuentes del PJ admiten que el intendente de Tigre “está instalado en el Conurbano con una intención de voto del 20 por ciento sin haber hecho campaña proselitista”.

La desmentida que Cristina ordenó efectuar a Socimarro no deja lugar a dudas: “la Presidente no necesita jefes de campaña o exégetas” dijo a los periodistas que cubren la gira presidencial un funcionario caracterizado por su bajo perfil y sus hasta aquí nulas incursiones en la faena política de reconvenir a un connotado ultraoficialista.

Kunkel viene empujando la reelección de Cristina Fiorimonti, su esposa, como senadora provincial por la Tercera Sección de la mano de su socio político e intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, quien junto al jefe del Gabinete, Aníbal Fernández, tienen la responsabilidad de negociar esos espacios con el oficialismo nacional.

Solo 6 de las 12 bancas que renueva el oficialismo se dan como seguras y de ellas están comprometidas dos por el cupo femenino, otra para un representante del sindicalismo y otra, seguramente la primera candidatura, para un dirigente de La Matanza.

Se añade a eso, la pretensión de Cacho Álvarez de asegurarse un escaño en esa cámara, quien procuraría hacerse elegir para pedir licencia para seguir ocupando el ministerio de Desarrollo Social. Eso hace que sea reñida la negociación por los dos lugares que quedarían libres y que aspiran a cubrir intendentes del Conurbano con dirigentes de su confianza. “Si Cristina es la que resuelve, ninguno de los que están negociando los obtendría”, confió uno de ellos que hizo hincapié en la lista de supuestos traidores en las elecciones del 28 de junio del 2009.

Aunque tal vez pesen otros factores en la puja que libran, de acuerdo a dos fuentes, los intendentes Darío Giustozzi, Darío Díaz Pérez, y Francisco Gutiérrez. A los intendentes de Almirante Brown, Lanús y Quilmes, se añaden en la disputa los distritos “chicos” como San Vicente, Cañuelas y Presidente Perón, que también pugnan por un lugar.

La misma fuente subrayó que no deben descartarse las pretensiones de Juan Patricio Mussi, quien reemplaza en la intendencia a su padre, Juan José, uno de los que mejor mide en el Conurbano de acuerdo a un sondeo de Aresco. Una alternativa que estaría en línea con las dudas que el actual secretario de Medio Ambiente suele expresar sobre la conveniencia de presentarse a una reelección.

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