Las elecciones de octubre tiene el resultado cantado. El kirchnerismo sufrirá una contundente derrota y, a partir de ese momento, a la presidenta Cristina Fernández le quedarán dos años para poder dedicarse a resolver aunque sea una parte de todo lo que el gobierno desarregló en la última década.
Al tratarse de elecciones legislativas, al igual que lo sucedido en 2009, el candidato Sergio Massa se benefició con una parte importante del voto castigo a los K, por el simple hecho de que, desde el punto de vista de la opinión pública, es el candidato mejor posicionado en los sondeos de opinión.
Pero de ahí a creer que pueda ser el nuevo presidente un muchacho de 41 años, que carece de un mínimo de armado nacional, y cuya mesa chica está conformada por algunos exponentes de lo peor que mostró la política en los últimos años, existe un tremendo abismo.
Un simple repaso de la troupe de dirigentes que acompaña al intendente de Tigre permite clarificar claramente esta situación. Por ejemplo, uno de sus armadores políticos es el exsenador provincial Juan Amondarain, un dirigente que ha mostrado algunos problemas de conducta y que se ha visto involucrado en numerosos escándalos políticos, como fueron las polémicas extensiones de licencias de los bingos en el año 2006. Tan salpicado estuvo que hasta el propio Partido Justicialista bonaerense decidió marginarlo de las listas durante casi una década.
Suegros menemistas
Otros integrantes de este grupo son los suegros de Massa, Fernando Galmarini y Marcela Durrieu. El primero fue Secretario de Deportes de Carlos Menem, mientras que su esposa fue diputada nacional. Ambos formaron parte de los sectores ultramenemistas que, a finales de la década del ’90, buscaron distorsionar la Constitución nacional a partir de estratagemas que bordeaban la ilegalidad. Intentaron que el entonces presidente, que durante una década había rematado el patrimonio nacional y había sumido al país en la ignominia y la corrupción, pudiera seguir en el poder.
En la mesa chica del massismo también suele sentarse Juan José Alvarez, un oscuro operador político, que fue agente de los servicios de Inteligencia durante la última dictadura. También fue intendente de Hurlingham durante el menemismo y luego se desempeñó como Secretario de Seguridad durante el gobierno de Eduardo Duhalde. Fue uno de los responsables de ordenar la salvaje represión que les costó la vida a Maximiliano Kostecki y Darío Santillán, que luego derivó en que Duhalde tuviera que llamar a elecciones anticipadas.
A las tertulias massistas también se suele sumar José Ignacio de Mendiguren, el extitular de la UIA que, durante su gestión como dirigente empresario, avaló y aplaudió cada una de las medidas económicas de CFK, que derivaron en el penoso presente que nos toca vivir. El pasado de De Mendiguren también es bastante oscuro ya que, pese a venderse como un dirigente industrial, habría vendido sus fábricas a unos de los fondos de inversión que, durante la década menemista, se dedicaban al vaciamiento de empresas.
Junto a de Mendiguren, también se suele sentar el sindicalista Luis Barrionuevo, el mismo que se hizo famoso en los ’90 por declararse “alcahuete de Menem”, y luego tiró la célebre frase: “hay que dejar de robar durante dos años”. La frutilla del postre la dio en Catamarca cuando, siendo candidato, mandó a quemar las urnas.
Con estos “cerebros” es difícil que Massa pueda constituir, realmente, una alternativa. Es más, su gestión como intendente, en un distrito como Tigre que tiene una parte importante de su población viviendo en barrios privados, deja mucho que desear ya que hay 300 mil vecinos viviendo sin cloacas, gas o agua potable. Asimismo, en Tigre, se registra una tasa de mortalidad infantil superior a la media provincial: la tasa Tigre en 2012 fue de 12.4 % (en 2011 era de 11,8%) frente a una tasa bonaerense de 11.5%. Los datos no hacen más que confirmar que el líder del Frente Renovador, en realidad, no representa cambio alguno.
Cabe recordar que, durante años, Massa fue uno de los funcionarios más serviles de Néstor y CFK. Su obsecuencia le permitió llegar hasta la Jefatura de Gabinete. Es decir, el intendente es parte de la misma matriz política de los K.
En tanto, en la provincia de Buenos Aires, su gobernador Daniel Scioli, tras las derrota del oficialismo, tendrá que diferenciarse del kirchnerismo para poder constituir la principal opción peronista para 2015, un espacio donde también estarán los referentes provinciales del peronismo anti K que resulten victoriosos como el cordobés José Manuel de la Sota y el chubutense Mario Das Neves.
Otra etapa
Luego de los comicios legislativos se iniciará otra etapa, sumamente compleja, con una presidenta carente de poder político y sin solución de continuidad. No solamente la Constitución establece que deberá dejar el sillón de Rivadavia en diciembre de 2015, sino que tampoco ha sabido formar un sucesor natural. Su forma personalista de entender y hacer la política, de preferir rodearse obsecuentes y aplaudidores, es lo que lleva ahora a que el proyecto político del kirchnerismo empiece a transitar la recta final. CFK se ha convertido en lo que los políticos norteamericanos denominan “lame duck”: el pato rengo.
En definitiva, luego de octubre, la principal preocupación de muchos de los funcionarios será como garantizarse la impunidad para no terminar presos, en un país que durante la última década ha registrado exorbitantes casos de corrupción que se encuentran sin castigo.










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