Participa de negocios de su padre y aparece en el video en SGI
A los 35 años y multimillonario, Martín Antonio Báez no la pasa bien. La Justicia lo acusa de presuntas maniobras de lavado de activos, mientras la televisión repite las imágenes en las que aparece junto a una montaña de dólares en la financiera SGI, la infame La Rosadita de Puerto Madero.
Señalado por propios y ajenos como el heredero de los negocios de su padre, Martín Báez lleva casi una década recorriendo los vericuetos de sus empresas, como también de sus proyectos personales, como el club Boca Unidos de Río Gallegos.
Ya en 2007 empezó a aparecer en los registros societarios. Figuró en Epsur, la petrolera que cosecharía reportes de operaciones sospechosas (ROS) por presunto lavado, y en Hyu Kar SA, una firma de Comodoro Rivadavia dedicada a la comercialización de autos de alta gama, uno de sus gustos. Si su padre era conocido en Río Gallegos por la "flota negra" de vehículos, él optó por los colores. Por ejemplo, para su Audi rojo.
Desde entonces, su nombre se repitió en la Argentina junto al de su padre en siete sociedades más: Fiduciaria Edificio Northville, Misahar, Valle Hermoso, Kank y Costilla, Loscalzo y del Curto, Alucom Austral y Escalatur.
Sin embargo, pronto quedó asociado también a las controversias. Su firma aparece en cuatro de los convenios que empresas de Báez firmaron con Valle Mitre, la gerenciadora del hotel Alto Calafate de la familia Kirchner. Es decir, la operatoria que quedó en manos del juez federal Daniel Rafecas y el fiscal Carlos Stornelli por presunto lavado de activos.
Martín Báez también aparece en Teegan Inc., una sociedad constituida en Belice por la que se sospecha que pasaron decenas de millones de euros con destino a Suiza, maniobra que investiga el juez Sebastián Casanello.
Allí, en Suiza, Martín Báez movió millones y los sabuesos de los holdouts que se enfrentan a la Argentina por la deuda en default denunciaron que acumulaba US$ 1,5 millones en el banco Lombard Odier, aunque también afirmaban que sus huellas llegaban hasta el AIG Private Bank, sucursal Zurich; el banco Pictet, en Ginebra, y el LGT, en Liechtenstein.
Martín Báez también amplió su abanico social. Y aunque se esforzó por mantener su bajo perfil, tejió vínculos con el financista Federico Elaskar, dueño original de La Rosadita hasta que los Báez tomaron el control, y el "valijero" mediático Leonardo Fariña.
Al mismo tiempo, su riqueza personal mostró un notable crecimiento. De un patrimonio declarado de $ 1,3 millones en 2008 a $ 30 millones cinco años después.
"Kirchner tenía obsesión por el dinero"
Miriam Quiroga, secretaria de Néstor Kirchner durante casi una década, sostuvo ayer que el ex presidente estaba obsesionado con la plata. "La obsesión por el dinero y el poder fue creciendo y le hizo perder el objetivo, la meta", explicó, al señalar que se alejó de su idea de combatir la pobreza y la desigualdad. La mujer que había dicho que se trasladaban bolsos con plata de la Casa Rosada a Santa Cruz y luego se desdijo, insistió en Canal 13 en que durante 10 años fue amante del ex presidente.




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