El presidente brasileño fue sondeado para dirigir el organismo en 2012. Cuenta con el apoyo de las potencias y los países en vías de desarrollo. Malvinas y reformas al Consejo de Seguridad.
El presidente que más elogios ha despertado entre los líderes internacionales –Barack Obama, por caso, dijo que el brasileño es el "político más popular del mundo"–, y también en la prensa –fue destacado en los rankings de Newsweek, Le Monde, El País y el Financial Times–, el ex tornero metalúrgico adelantó que quiere "continuar haciendo política", a pesar de que debe dejar el poder en enero de 2011.
"No hay dudas de que sería una figura de consenso para los representantes de gran parte del mundo. La ONU sería también un lugar de prestigio para Lula", reveló a PERFIL un colaborador del presidente brasileño. Fuentes del oficialismo de Brasil también confiaron a este diario que en el Partido de los Trabajadores se descarta la posibilidad de que Lula vuelva a competir por la presidencia, y en cambio se piensa en un lugar de mayor relevancia internacional, como puede ser la ONU o aspirar a un premio Nobel.
Por lo pronto, en Brasilia ya tomaron nota de que el actual secretario general de la ONU, el surcoreano Ban Ki-moon finaliza su mandato a fines de 2011. ¿Será, entonces, el ex sindicalista de San Pablo el elegido para transformar el organismo internacional?
Lula no oculta sus críticas a la estructura actual de la ONU. La considera obsoleta e ineficaz para los desafíos que presentan la globalización financiera y la seguridad internacional. Es pública su intención de "adecuarla a la realidad mundial" para darle más representatividad y legitimidad. Esquema que debería incluir una ampliación del Consejo de Seguridad que, apunta el líder del Partido de los Trabajadores, incluya a Brasil en la mesa de los grandes.
La última referencia que hizo el brasileño sobre la ONU se produjo hace tres semanas a partir de un tema vinculado con la Argentina: Malvinas y el conflicto de soberanía con Gran Bretaña. En la Cumbre de la Unidad de América latina y el Caribe que se realizó en Cancún el 23 de febero pasado, Lula pidió "una explicación política" a la Organización de las Naciones Unidas "por no haber tomado una decisión que dijera que no es posible que Argentina no se adueñe de Malvinas y que, por el contrario, lo haga un país que está a 14 mil kilómetros de distancia de las islas".
También se refirió a las falencias que la ONU tiene para resolver el interminable conflicto en Medio Oriente y para encontrar una salida al plan nuclear de Irán. "No es posible que la ONU siga con el Consejo de Seguridad representado por intereses geopolíticos de la Segunda Guerra Mundial y no tengan en cuenta los cambios que ocurrieron", advirtió.
Lo que no dijo Lula en la paradisíaca playa mexicana es qué pasará con la condena a las violaciones de los derechos humanos que se producen en Cuba, sobre todo, luego de que el mes pasado apareciera sonriendo junto con Fidel Castro en La Habana el mismo día que falleció el disidente cubano Orlando Zapata Tamayo, debilitado por una huelga de hambre.
Antes de ser sondeado para la ONU, Lula había sido seducido por Obama para presidir el Banco Mundial: Washington quería colocar al frente de ese organismo a un personaje con fuertes características sociales. Pero el brasileño rechazó la invitación: su biografía no le permitía ser el jefe de los banqueros del mundo, justificó.
"Un nuevo mundo es un imperativo político y moral", dijo Lula el 29 de septiembre pasado. Ese día, casualmente, fue el elegido para inaugurar la última Asamblea Anual de la ONU en Nueva York. ¿Habrá sido un anticipo de lo que vendrá?




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