Carrió hace campaña seduciendo peronistas desencantados. Pero no deja de mirar al gorilismo honorable de López Murphy.
La última consigna de campaña de Lilita y de Margarita es multiplicar los actos con todo el folclore peronista en el conurbano bonaerense, zona que quieren perforar para tener chances numéricas de competir con la lista del Gobierno y con el frente PROperonista. Adicta a la astrología política, Carrió no desatiende el distrito platense, cuna del kirchnerismo no patagónico, donde Lilita ya ganó tres veces. Ella y sus asesores decidieron salir a recorrer el Gran La Plata, en actos típicamente peronistas, con quien va a ser el candidato a intendente de la Coalición, Javier Mor Roig, nieto del ministro asesinado por Montoneros. Lilita busca así asegurar la elección en una ciudad que no se les puede escapar por su valor simbólico.
Aunque es consciente de que no tendrá muchos votos entre los pobres bonaerenses, uno de sus lemas de campaña será “gobernar para el pueblo peronista”, buscando ser la imagen del cambio y la esperanza en medio del crack, en una versión muy argentina de Barack Obama. En su puja de posicionamiento contra el eje Macri-Solá-De Narváez, la estrategia es instalar la idea de que todo se trata de una interna en el PJ, que luego de las elecciones volverá a encontrar aliados a los kirchneristas con los panduhaldistas. Por eso, ella quiere evitar la etiqueta de antiperonista y remplazar esa antinomia por la opción kirchnerismo vs. antikirchnerismo. Pero no le será fácil.
Por las dudas, lo tiene a Ricardo López Murphy recorriendo el país para reclutar votos gorilas, que es un nicho natural de la Coalición. También está atenta a las derivaciones del portazo de Carlos Reutemann al bloque oficialista: Lilita sueña que su amistad con el Lole le dé una alternativa de alianza por la centroderecha en Santa Fe, donde la negociación de Carrió con los socialistas parece siempre a punto de estallar.
La lectura que sus asesores hacen de la interna macrista alienta la presunción lilista de que sus adversarios del PRO están atrapados en una seria crisis moral, que incluso les pueden dejar servidos en bandeja macristas desencantados que busquen en la Coalición un espacio potable de reciclaje político. Los lilitos averiguaron que tras la renuncia “por motivos personales” de Jorge Macri a la conducción del PRO bonaerense se esconde un escándalo de carpetazos, vueltos evaporados de la recaudación de campaña, y hasta cámaras ocultas prohibidas para menores de edad. Mauricio le pidió un paso al costado a su primo para descomprimir el ambiente bonaerense, justo cuando el macrismo intenta liderar el armado de la alianza opositora. (Lejos de todo ese ruido PRO, y a prudencial distancia del kirchnerismo, Franco Macri olvida esta semana los tropiezos de su hijo, en compañía del resto de su familia, cenando a la luz de las velas en un parador de las playas de José Ignacio, Uruguay.) ¿Qué le falta a Lilita para oler a poder a futuro sustentable? Entre otras cosas, le falta un vínculo maduro con el establishment. No es que ella lo rechace, y es cierto que su nuevo maquillaje pragmático favorece ese tipo de seducciones, pero los hombres de negocios siguen temiéndole por sus espasmódicas razzias mediáticas contra “la matriz de la corrupción y el saqueo”. ¿Se puede ser pragmático y principista a la vez? El Gobierno, que la crítica por su “giro a la derecha”, cree que sí: la ministra kirchnerista Graciela Ocaña –ex mano derecha de Lilita– acaba de definir a su gobierno como de “progresistas y pragmáticos”. ¿Cómo sería eso? Por ejemplo: para quebrar la Mesa de Enlace agropecuaria, el Gobierno que se dice progre negocia en secreto con el ala derecha del campo, la Sociedad Rural. Eso sería una táctica pragmática. Pero cuando decide romper todos los códigos para sacar provecho de la coyuntura política, y ventilar su reunión privada con la Rural, la justificación estratégica es que, después de todo, no hay por qué respetar compromisos con la gremial latifundista, histórica enemiga de clase del bando nacional y popular. Eso sería ideología. Lo mismo pasa con la transparencia: si es enemigo, es corrupto; si es amigo, cometió un error. Ese es el “pragmatismo” que hoy manda en la Argentina. Habrá que ver si Lilita tiene una alternativa mejor.











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