Reunión en Uruguay de representantes de la ALADI.
Mientras los gobiernos del mundo desarrollado insisten frente a la crisis global con las recetas tradicionales de ajuste y enfrentan una resistencia cada vez mayor, los de América latina intentarán hoy en Montevideo fijar una posición común de cara a la cumbre de presidentes del G-20 que se realizará el 3 y el 4 de noviembre próximos en Cannes. Según adelantaron a BAE fuentes oficiales, la delegación argentina llevará a la cita las mismas propuestas que vertió en París la semana pasada el ministro de Economía, Amado Boudou: que no se regulen los precios de los commodities agrícolas y que la recesión se enfrente con políticas expansivas para incentivar la creación de empleos. El gobierno brasileño comparte la visión y le suma su voz, más potente por el peso de su economía, aunque ambos buscarán que toda la región se sume.
La cita de Montevideo es para los doce países que integran la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), cuyos enviados serán recibidos por el secretario general del organismo, Carlos “Chacho” Álvarez, ex titular de la Comisión de Representantes del Mercosur. Como los tres mayores países de Latinoamérica son quienes tienen sillas en el G-20, las propuestas estarán a cargo del canciller argentino, Héctor Timerman; el representante de la presidenta brasileña Dilma Rousseff ante el G-20, Valdemar Carneiro Leao, y el representante especial de México para el G-20, Roberto Marino.
La colombiana María Emma Mejía, secretaria general de la Unasur, ya había adelantado la semana pasada, antes de la cumbre preparatoria del G-20 en París, que los países de la región unificarían sus propuestas frente a las naciones ricas que también integran el G-20. “Hemos dejado de ser periferia y estamos en el centro de las posiciones políticas y económicas”, dijo Mejía, citando al brasileño Marco Aurelio García, uno de los más destacados asesores del ex presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva y de la actual mandataria Dilma Rousseff.
El empresariado brasileño y el gobierno de Rousseff ya adelantaron informalmente a sus respectivos homólogos argentinos que el plan de San Pablo y Brasilia frente a la crisis es cerrar más las fronteras y detener así el contagio por la vía comercial. Es decir, evitar que los excedentes generados por la recesión en el Norte se vuelquen a los mercados del Sur, donde la demanda no se resintió tanto.
La incógnita para la Argentina es qué lugar imagina el gobierno de Rousseff para la industria radicada de este lado de la frontera en caso de que el cierre de fronteras se decida de manera conjunta y no se desate una nueva pulseada local como la de principios de este año.
Los gobiernos europeos depositan importantes expectativas en la cumbre de Cannes del G-20, que se convirtió con el avance de la crisis en un foro con más peso que hace tres años, cuando estalló el tifón financiero y el grupo apenas fue consultado de manera formal para las decisiones que terminaron tomando las principales potencias. El final, hasta que no resuelva si Grecia entra o no en default, seguirá abierto.
En la cita de hoy estarán también la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena; el alto representante del Mercado Común del Sur (Mercosur), Samuel Pinheiro Guimaraes, y el secretario general de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), Adalid Contreras.
Según un comunicado que distribuyó ayer Cancillería, la reunión tocará “las crisis de los países desarrollados y sus consecuencias sobre el resto del mundo”, así como “la necesidad de que América latina amplíe sus espacios de diálogo para lograr acuerdos sobre las respuestas y las iniciativas en torno a los cambios que deben producirse en el actual orden global”.
En París, Boudou evaluó los resultados como “muy positivos”. Todo deberá plasmarse en la cita de los presidentes, en noviembre.



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