La sociedad actual se divide entre propietarios y no propietarios, entre explotadores y explotados, pero también entre contaminadores y contaminados. Están quienes desechan la basura y pagan para tenerla lejos, y quienes encuentran en ella trabajo y comida.
El Complejo Ambiental Norte III, el más grande de los tres rellenos sanitarios que posee la CEAMSE, es un municipio aparte. Vecinos de los barrios periféricos que son asiduos del lugar, ya sea por trabajo o “cirujeo”, coinciden en que la entidad se autogobierna. Y agregan que, mientras todos los barrios demandan más policías, este predio de la CEAMSE es custodiado por 300 efectivos.
¿Policías para custodiar basura, aquello que la sociedad desecha y paga altos impuestos para mantener lejos, bien lejos? “La basura es lo más rico que hay”, aclara a LaNoticiaWeb la referente de la cooperativa de reciclaje Eco Mayo, Lorena Pastoriza.
Esa “riqueza” abarca dos sentidos. Uno; hay hombres y mujeres de los barrios aledaños al predio que se ganan el pan separando la basura o husmeando para encontrar material reutilizable o vendible. Y dos; hay quienes directamente se alimentan a diario de la basura.
“En la CEAMSE podés encontrar de todo. Hace unas semanas algunos bajaron con netbooks, que tenían algún que otro rayón pero que servían. Y yo, por ejemplo, un día encontré un bebé recién nacido muerto, se le veía el cordón recién cortado”, recuerda el presidente de la cooperativa, Facundo Pérez, y agrega que “un pibe que está dos horas puede hacer 400 o 500 pesos”. La CEAMSE sólo abre las puertas durante una hora al día. Quien se exceda de ese tiempo o intente ingresar sin permiso es reprimido o, incluso, asesinado, como le sucedió al joven Diego Duarte, en 2004.
LA DICTADURA LO HIZO
La instalación de estos grandes “complejos ambientales” y la política de enterramiento indiscriminado de basura sólo se pudieron haber desarrollado en un proceso no democrático, a través de la llamada Ley Videla. “La idea originaria de los militares era ‘limpiar’ la Capital y llevar la basura allí donde, en terrenos anegadizos, sólo podían vivir los pobres. La explicación era que la ciudad no tenía terrenos suficientes para enterrar su basura”, explica el presidente de la Agencia Ambiental de La Plata, Sergio Federovisky.
Lorena Pastoriza afirma que, con el trabajo de la cooperativa, “se rompe con esta lógica de enterramiento indiscriminado”. “Es criminal enterrar el residuo, y por eso en este país estamos tapados de basura y no tenemos un centímetro más donde se pueda depositar”, dice la trabajadora de Eco Mayo.
PROMESAS INCUMPLIDAS
Cientos de camiones ingresan a diario a este predio de 300 hectáreas de la CEAMSE, una sociedad del estado que comparten en partes iguales los gobiernos de la Ciudad y de la Provincia de Buenos Aires. En septiembre, por tomar un mes, la Capital Federal, con 3 millones de habitantes, envió 180.000 toneladas de basura al Norte III. En ese mismo lapso, una treintena de municipios bonaerenses, que totalizan 10 millones de habitantes, enviaron 300.000 toneladas.
En la actualidad, esa basura ya no es enterrada de manera directa en el relleno sanitario. Primero pasan por un puñado de cooperativas de trabajo que se han instalado en los últimos cinco años. Ellas se encargan de separar los materiales recuperarables (cartón, vidrio, metales, plásticos, botellas) y reinsertarlos en el proceso industrial de las empresas. A través de este proceso se reduce un 20 por ciento la cantidad de material enterrado. “La basura es un bien del que se puede y se debe recuperar valor”, sostiene Sergio Federovisky.
La Ley de Basura Cero, reglamentada en 2007, obligaba a Mauricio Macri a reducir a la mitad la cantidad de toneladas enviadas al predio Norte III para 2010. Esa tendencia no sólo no se cumplió, sino que en el corriente año el gobierno porteño destinó a Suárez el doble de residuos.
Luego de tirones políticos y reclamos de intendentes y organizaciones ambientalistas, Macri y el gobernador Daniel Scioli se reunieron tres semanas atrás. Allí Macri se comprometió (nuevamente) a reducir su basura en un 78 por ciento en dos años. Especialistas, políticos y agrupaciones "verdes" desconfían de las buenas intenciones del acuerdo.
TRABAJAR Y COMER ENTRE LA BASURA
La cooperativa Eco Mayo es la más grande del predio y emplea a un centenar de personas que viven a la vera del Camino del Buen Ayre y los barrios pobres de la ya pobre José León Suárez. Según ellos, no gozan con ningún derecho laboral pero reconocen que en los últimos tiempos, a partir de planes de lucha, “algo se ha avanzado”.
Si bien trabajan para un ente público y dicen cumplir “un servicio esencial para el Estado porque reducimos la cantidad de residuos que se entierran”, no son empleados estatales y trabajan en la informalidad. “No tenemos aportes ni obra social, laburamos en condiciones infrahumanas, no tenemos baño ni salones comedores, los muchachos comen sobre la basura misma”, explica Lorena, pero, a su vez, advierte: “Muchos de los compañeros que están acá no tendrían otra posibilidad de trabajo”.
En el ámbito metropolitano hay tres rellenos sanitarios, todos a punto a colapsar, que reciben casi 7 millones de toneladas al año. El más grande es el Norte III, pero también están González Catán III y Ensenada. Éste último funciona pese a que la Suprema Corte de Justicia provincial ordenó su cierre motivada por informes de contaminación del aire, el agua y el cielo, exhibiendo el poco amigable control ambiental del sistema de enterramiento.
ACOSTUMBRARSE A VIVIR EN LA BASURA
En José León Suárez surge un caso particular: es uno de los pocos lugares del conurbano donde funciona un relleno sanitario y donde no existe una impugnación vecinal significativa a la basura. Numerosos queremos diariamente ingresan a husmear entre los residuos. “Eso es cierto, la basura es lo más rico que hay, sin lugar a dudas. ¿Te imaginás que ponen un Norte III en medio de La Horqueta? ¿Sería posible instalarlo? No, no sería posible. Esto es posible en Suárez porque acá, históricamente, se enterró basura, o había basura a cielo abierto, y la sociedad de acá siempre vivió de la basura”, sostiene Lorena.
“Muchos de los chicos de acá probaron la hamburguesa del McDonald"s fuera del McDonald"s. El relleno fue para nuestros hijos un juego, fue la comida, fue la diversión de bajar y subir de la montaña de basura con la bicicleta. Entonces…qué me importa si mañana o dentro de veinte días me voy a enfermar contaminado, ¿te parece que alguien reclame de la basura cuando se come de ella?”, agrega con dureza.
- Si mañana la CEAMSE cerrara, ¿defenderían a la empresa o apoyarían su cierre porque contamina? Por la reiteración de la pregunta a lo largo de los últimos años, Lorena ya tiene una respuesta formada.
- Una década atrás, sin duda, hubiese estado defendiendo el cierre de la CEAMSE. Pero hoy, mirando las plantas, los compañeros trabajadores, nuestros barrios, que están sin cloacas y con muchas necesidades insatisfechas…la verdad que me paro en el medio y pienso cómo resolver este problema junto a los demás actores. No defendería el cierre porque esto dio mucha vida acá en el barrio Reconquista, contuvo mucha vida acá, contuvo a los jóvenes y a esas madres que se quedaron solas con cinco o seis pibes y su alimento sólo lo encontraban arriba del relleno. Es muy terrible, pero es la realidad, una realidad que la sociedad no quiere ver.
La sociedad actual está dividida en clases sociales según la posesión de los medios materiales, entre los que tienen y los que no tienen. Entre los que consumen y sobreviven con aquello que otros descartan.
Las clases más consumistas alzan la voz pidiendo la protección de su propiedad privada. Pero no reclaman con ese mismo fervor cuando el camión recolecta su propiedad privada que, ahora convertida en basura, contaminará un barrio que nunca visitarán y a familias a las cuales prejuzgan.
Con el patio trasero de José León Suárez a punto de finalizar su vida útil, la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano deberán apurar un cambio de costumbres. La facilidad de esconder basura debajo de la alfombra, de la cual nadie es ajeno, está llegando a su fin.


Comentá la nota