El kirchnerismo provincial y un laberinto complejo

Todos parecen haber quedado encerrados en una trama en la que los intereses individuales y grupales deberán resolverse sin saltar la cerca. Las disímiles posturas en cuanto a lanzar a Cristina ahora. El juego y la reacción de Scioli y de cada actor oficialista
"Encierro para los intendentes que pudieron coquetear con otra alternativa".

"Encierro para díscolos que ahora sólo pueden postergar discusiones".

"Encierro para un Gobernador con lógicas pretensiones de subir un poco más".

"Encierro para Hugo Moyano en su idea de manejar a antojo y presión el PJ".

"Encierro para vecinalistas renuentes a meterse en la interna del oficialismo".

"Encierro para transversales empujados a aceptar al peronismo como el hilo conductor".

"Encierro de Scioli al arco bonaerense para evitar la estampida".

"Encierro, en definitiva, para todo el oficialismo provincial que, paradójicamente, adquiere algunas libertades no permitidas

-o autorreprimidas- cuando estaba Kirchner".

Bajo gestos de “acompañamiento”, porque “no se puede salir a apoyar a una Presidenta que nunca estuvo débil”, espasmódicos, los primeros movimientos del oficialismo bonaerense se enredan en un laberinto intrincado, donde imperan la incertidumbre, los replanteos y la lógica defensa de propios intereses que antes de la muerte de Néstor Kirchner tenían más de una posibilidad de escape.

Ahora, en la foto del presente, aparece una sola salida, a la que todos deberán llegar, quizá por un camino elegido individualmente, con zancadillas adentro, pero sin margen para recurrir a la “trampa” de saltar la cerca. Se percibe que, hoy por hoy, el supremo castigaría con el mote de traición a quien ose abandonar el barco.

En la maraña de senderos se mueven los más diversos posicionamientos con notorias diferencias, indisimulables pese a los esfuerzos.

En una movida arriesgada, Daniel Scioli motorizó en 48 horas una idea que surgió en el hotel NH donde el conglomerado bonaerense hacía el duelo durante el velatorio del ex presidente. Convocó a intendentes y legisladores. Le salió bien: 91 jefes comunales presentes -y los ausentes excusados- sobre 95 invitados. Pero en la previa hubo dudas.

“Si la reunión tiene éxito es porque la Presidenta quiere”, advirtió a este medio antes del encuentro un operador del interior. No sólo algunos popes del Conurbano llamaron a la Rosada para chequear si la intención del Gobernador era bien vista por Cristina Fernández; funcionarios nacionales sólo dieron la venia de concurrencia a sus discípulos cuando estuvieron se-guros del pensamiento de la mandataria respecto del cónclave.

Aun así, y asegurándose que los periodistas tuvieran el micrófono apagado, hubo jefes comunales (y no del denominado Grupo de los 8) que deslizaron: “A Scioli le salió el tiro por la culata, no se esperaba las declaraciones que se hicieron en la reunión”. Creyeron ver en la convocatoria una intención de provecho personal por parte del bonaerense y torearon desde afuera con la franqueza de Juan José Mussi. Fue el intendente de Berazategui quien conminó al Gobernador a pronunciarse por la candidatura de “Cristina Fernández Presidenta en 2011”.

“El único apoyo verdadero de Scioli a la Presidenta es que diga que él es candidato a Gobernador y proponga la candidatura de Cristina. Después nosotros lo apoyamos a él en la Provincia, pero el proyecto es Cristina Presidenta”, insistió uno de los alcaldes con dudas.

“Le marcó la cancha a Scioli, le dijo ‘si te movés, te quedás afuera de todo’; ahora se les achicó el margen de maniobra a todos, también a (Hugo) Moyano”, analizó un jefe del Conurbano sur.

Ante las expresiones de Mussi y otros intendentes que fueron en el mismo sentido, como Aldo San Pedro, Francisco Gutiérrez, Fernando Espinoza, Enrique García y Graciela Rosso, el mandatario provincial mostró cautela. Desde el sciolismo la explicación fue breve, pero contundente: “No es la intención confrontar con las diferentes opiniones que tienen los intendentes. Además, el Gobernador no puede lanzar una candidatura sin antes hablarlo con la Presidenta, no es correcto”.

Scioli nunca esperó que lo corrieran por ese lado. De hecho en las postrimerías del encuentro mostró puertas adentro su fastidio con el hombre de Berazategui. Tampoco escondió la enorme satisfacción producida por una foto en la que “estaban todos”, y por el encuentro mantenido apenas unas horas después con Cristina en la Rosada, calificado como “muy positivo” por el sciolismo.

También sirvió para despejar toda operación previa, ya sea interna o externa, respecto de su presunto juego de ir por la Presidencia. “Quedó claro que está bien adentro del proyecto, aunque muchos sentimos que nunca eso estuvo en duda”, azuzó un legislador que no es del riñón sciolista

La cautela de Scioli en evitar pronunciamientos encuentra justificativo en la disímil opinión de los jefes comunales. No todos, ni tampoco todos los del Conurbano, abrevan en la misma lógica de Mussi. “Hay que esperar, no es tiempo de hablar de candidaturas”, dijeron varios, entre ellos, los principales referentes del Grupo de los 8, como Sergio Massa, Pablo Bruera y Jesús Cariglino.

Para este sector, con pretensiones provinciales, el encierro también es importante. Aseguran estar con la Presidenta y asistieron a una reunión en la que se clamó, además, por la continuidad de Scioli en Buenos Aires. Porque es justo recordar que Mussi habló de fórmula consolidada para Nación-Provincia. Por un lado apuró al mandatario provincial, y por el otro le hizo un mimo.

“El sciolismo está en la postura de esperar a ver qué hace ella y luego decidir”, confió un funcionario provincial.

“Daniel dijo públicamente que va a estar donde Cristina lo necesite; la conductora natural del partido es ella, o sea que él estará donde Cristina diga”, cerró la conversación un hombre de calle 6.

Otro agregó: “Nosotros nunca dijimos que queríamos ir por la Presidencia, siempre hablamos de continuidad en la Provincia”. El mismo interlocutor sostuvo que “al evitar entrar en la disputa entre los intendentes sobre las proclamaciones, Daniel se ubicó por encima”.

El PJ

Precisamente esa percepción no cae mal en el núcleo grueso de los intendentes. Al tomar la iniciativa, Scioli le ganó una partida a Hugo Moyano, conductor accidental del Partido Justicialista bonaerense. Es cada vez más evidente el cruce de la mayoría de los jefes comunales (algunos lo defienden) con el camionero.

“Todo esto junto es un mensaje para Moyano, triplica su poder de convocatoria en el partido; él te puede amenazar con que no te levanta la basura, pero políticamente el poder está acá”, vociferó un cacique ante cuatro periodistas en el primer piso de la Gobernación. “Nadie tiene margen para salirse”, insistió.

“Esto se trata de fortalecer el espacio más allá del PJ, y de fortalecer la conducción del PJ provincial por parte de Daniel Scioli más allá de Moyano”, graficó un diputado con anclaje en el Gran Buenos Aires.

El Gobernador aparece entonces como la cabeza de una superestructura, en la cual se abroquela la dirigencia provincial con cuestionamientos atragantados durante la comandancia de Néstor Kirchner. En el laberinto del oficialismo no son coincidentes los senderos elegidos, ni son concordantes las posturas. De todos modos, el cambio de escenario es demasiado reciente, faltan definiciones y concreciones. Como señaló a La Tecla un referente del interior, consejero del partido: “Como dicen en los pueblos, esto, hasta ahora, se parece a charla de mamados”.

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