En una entrevista exclusiva con BAE Negocios, el ministro de Economía habló sobre el rol del Fondo, las reservas del Banco Central, el atraso cambiario y la crisis mundial.
En piso 22 del edificio más alto de este país, el Banco de la Nación, Axel Kicillof montó el campamento para las reuniones que vino a mantener al margen de la asamblea anual conjunta del FMI y el Banco Mundial. Allí, desde donde se ve a un lado el coqueto barrio de Miraflores y al otro una barriada pobre que no parece terminar nunca, el ministro de Economía pasó buena parte de las escasas 30 horas que permanecerá en esta ciudad, hasta esta tarde. Allí también conversó en exclusiva con BAE Negocios sobre el rol del Fondo, las reservas del Banco Central, el atraso cambiario, la crisis mundial y las elecciones donde también juega como candidato.
-¿Cómo evalúa las proyecciones del FMI, que augura para la Argentina una recesión con pico inflacionario y devaluación en el próximo año?
-El FMI ha venido desde que estalló la crisis internacional 2008 casi todos los años sobreestimando el crecimiento de la economía mundial, con estimaciones que buscan negar sus dificultades y al mismo tiempo decir que la crisis está terminada, por una cuestión de expectativas. Eso genera todos los años una saga donde cada nueva revisión de los números sobre la economía mundial es una revisión a la baja. Y mientras tienen que revisar a la baja esos pronósticos otra vez, para Argentina han tenido que reconocer una mejora, a contrapelo de lo que hacen con la economía global y con la región. Reticente como es a reconocer los logros de políticas con las que no comulgan, tuvo que reconocer eso.
-Los técnicos del Fondo dicen que es porque no hay más margen para seguir aplicando las políticas expansivas que sostuvieron el crecimiento este año.
-Bueno, lo que tendría que hacer si cree que nuestras políticas generan crecimiento es empezar a recomendárselas a los países que tienen dificultades. Yo creo que a la visión del Fondo no solo le cabe el adjetivo de política, sino también ideológica respecto de qué medidas hay que aplicar. Entonces si ellos piensan que el año que viene no se van a poder seguir aplicando estas medidas que fueron exitosas pero que ellos creían que no lo iban a ser, eso habla de la incomprensión de cómo la crisis está evolucionando y afectando a los países. Pero hay un dato más importante. Hace ocho años que estamos en crisis, y cada vez que cae un país aparece el Fondo con su típica secuencia: primero el país no puede pagar la deuda, le pide asistencia, entonces el Fondo se la da, pero condicionada a la asistencia técnica, que son sus mismos programas de siempre. No han cambiado ni un centésimo. Y ahí todo se agrava.
-Hoy Lagarde justo dijo que éste no es el viejo Fondo de hace 15 años. ¿No le cree?
-No. No es el mismo, es verdad. Hoy está un poco más cachuzo. Después de ocho años de crisis mundial es cierto, y hay que reconocerle, que recién el año pasado el FMI empezó a hablar de la necesidad de gasto público expansivo. Lo que le preocupaba al Fondo Monetario es que habían bajado mucho las tasas de interés por las inyecciones de dinero de Estados Unidos y Europa, pero no llegaba la inversión. Entonces concluyeron que había que apalancar esa inversión para capear la crisis, a través de la infraestructura. Es una forma traviesa de admitir que para que la economía se recupere hay que impulsar la demanda. Pero ahí se mezcla la visión ortodoxa que tienen, y por eso dicen que esa inversión la tienen que financiar bancos privados. Y hoy lo que se vio es que esa estrategia fracasó. Porque los bancos no les prestan a los gobiernos a largo plazo y a tasas bajas, como hace falta que se haga con las obras de infraestructura. Por eso ahora el Fondo se lo pide al Banco Mundial y al BID, pero esos bancos tampoco lo hacen como haría falta porque tienen criterios muy parecidos a los privados.
-¿No deberían estar tan confiados entonces en el financiamiento de organismos como el BID y el Banco Mundial los economistas de los tres candidatos con chances de suceder a Cristina?
-No, no. Nosotros también confiamos en ellos. De hecho, con ellos dos y la CAF hemos obtenido más de u$s 11.000 millones para los próximos cuatro años.
-Pero en la dinámica actual no alcanza, porque en solo un año hubo que aplicar todo el swap de 11.000 millones con China.
-Acá estamos hablando de inversión en infraestructura. No creo que nadie esté pensando en los organismos multilaterales de crédito como mecanismo de refuerzo financiero de algún tipo. Esto no tiene que ver con nada comercial ni con nada financiero. Ellos prestan para determinadas obras, con plazos de desembolso largos. Yo lo que entendí, por lo menos de lo que escuché, es que los candidatos querían créditos para aplicar a la infraestructura. Y nosotros en este sentido tenemos cerrados muchos planes a futuro. Nosotros hoy por ejemplo cerramos con la cúpula del Banco Mundial que habiliten el desembolso de 1.500 millones en siete proyectos. Pero esto no es como el swap o los dólares que se obtengan en los mercados, que son un refuerzo inmediato. Si alguien piensa que los organismos multilaterales de crédito pueden servir para iniciar un nuevo proceso de endeudamiento como en los mercados de capitales, se equivoca. Pero ojo que este financiamiento después depende de la eficacia de la gestión, de lo que haga el próximo gobierno con cada ministerio para que eso se vaya ejecutando.
-¿Por qué hay consenso entre todos los que esperan asumir la conducción económica el 10 de diciembre en que faltan dólares?
-En Argentina lo que ha ocurrido es lo mismo que en muchos países que estuve escuchando acá, que ven caer sus exportaciones un 50 ó 60% porque cayó el valor de las commodities.
-Pero la mayoría tiene más reservas.
-No. Depende de cómo se lo mida. En relación a la deuda, a las importaciones, al PBI. Y además la mayoría de los países está con caída de reservas y nosotros tuvimos hasta el pago del BODEN un aumento de 2.000 millones.
-¿Mienten entonces los que dicen que hay que correr a tomar deuda después del 10 de diciembre?
-Cada uno aplicará las políticas que quiera. Pero este año decían que íbamos a terminar en 15.000 millones, y hasta el pago del BODEN estábamos en 33.000 millones. Los economistas endeudadores crónicos, que estaban con Cavallo en 1982 o en el megacanje, tienen esa voluntad, pero eso no debería cegarlos frente a la crisis mundial. Al plantear como única solución volver al FMI y tomar montañas de deuda, plantean cómo es su cosmovisión. Pilotear esta crisis no es tomar una medida mágica sino muchas complementarias: deuda, reservas, comercio, precios, mercado de trabajo y más.
–¿Entonces las únicas alternativas no son devaluar o endeudarse?
-No. Todos los años nos mandan a devaluar, endeudarnos y achicar el presupuesto. Todos los años nos mandó el neoliberalismo argentino a hacer eso. Y por eso estamos tan satisfechos por haber llegado a 2015 con un desempleo récord por lo bajo.
-¿Está cara Argentina?
-Eso también es lo que nos dicen los neoliberales, los del Pro.
-También lo dicen algunos asesores del Frente para la Victoria.
-El problema es que no hay solución mágica. Brasil es verdad que devaluó 50%, pero no ha sido una política de ellos sino algo que les pasó. Lo que tenemos que hacer es proteger a los más vulnerables.
-¿No hay devaluadores ni endeudadores en el equipo de Scioli?
-Yo me guío por las palabras de Scioli, que ha sido muy claro cuando se ha buscado abrir grietas entre nosotros. Después los medios consultan a alguno más cercano o menos cercano, pero al que vamos a votar es al Presidente.
-¿No se desmarca del kirchnerismo Scioli cuando dice que va a ser “previsible”?
-Nosotros durante 12 años aplicamos las mismas políticas. Fuimos muy previsibles. Lo que es previsible también es que haya sectores a los que esas políticas no les gustan.
Éramos pocos y cayó Sean Penn
Para algarabía de las economistas mujeres que lo reconocían sorprendidas antes que los varones, el dos veces ganador del Oscar Sean Penn desembarcó pasado el mediodía en el Centro de Convenciones de Lima para sumarse a un panel sobre emprendedores jóvenes y desarrollo que organizó el Banco Mundial. Por un momento, funcionarios y periodistas de todo el mundo dejaron de lado las preocupaciones de la crisis mundial y se entregaron al cholulaje del más alto nivel hollywoodense.
La FIFA, el hermano mayor del FMI
Como si no le alcanzara con los problemas de la economía mundial, Christine Lagarde también tuvo que opinar sobre la suspensión de Sepp Blatter por 90 días al frente de la FIFA por el escándalo de corrupción que sacude al fútbol. Cuando le preguntaron si tenía algo que aconsejarle, hizo un gesto de reverencia y soltó: “No sé si debería porque tienen más países miembros que nosotros”. Con sus 208 estados afiliados, la FIFA no solo supera al FMI (188) sino también a la ONU (192).


Comentá la nota