Apoyó a Cristina en 2007, se alió a Lilita Carrió para las legislativas de 2009, después de esos comicios adhirió a Pino Solanas y ahora busca una sociedad con Binner.
En las presidenciales de 2007 fue un kirchnerista sin vacilaciones y después de los comicios quemó las naves por entender que hubo una pasividad cómplice de las autoridades nacionales sobre el supuesto fraude electoral del que había sido víctima.
Luego, el conflicto del campo le vino como anillo al dedo para distanciarse de los Kirchner y de qué manera, al subirse a los reclamos de la Mesa de Enlace, treparse a tractores frente a la Casa de Gobierno de Córdoba e incluso reclamarle a Juan Schiaretti -uno de los pocos gobernadores no alineados con la Casa Rosada- ponerse frente a la protesta de la “pampa sojera”.
Su distanciamiento fue al estilo Juez: brutal y con palabras de su calibre. Llegó a su clímax cuando en la campaña electoral de las legislativas de 2009 prometió llegar al Senado Nacional para “bailarle desde la banca un malambo a Cristina”.
En esas legislativas probó suerte con otra impredecible de la política argentina, Elisa Carrió, con quien concurrió en alianza, maiximizando las peleas verbales, según su propio estilo reforzado para la ocasión por la pirotecnia verbal de Lilita.
Pero el día después de las legislativas de junio de 2009, la escena mostraba el batacazo de Pino Solanas en la Capital Federal, con el 24,4%, confinando Alfonso Prat Gay, el candidato de Carrió, al cono de sombra que le daba un modestísimo 18,5%.
Antes de asumir en el Senado y ya en su banca, Juez comenzó a acercarse al Proyecto Sur de Pino Solanas. Siempre verbalmente como es su estilo para hacer política, facilitándole estos despliegues dialécticos los muchos requerimientos que la prensa porteña le demandaba al pintoresco cordobés.
Había un dato adicional que multiplicaba esos requerimientos. Los porteños no salían de su asombro de lo que su propio electorado había hecho: mudar en apenas dos años en sus gustos electorales, para pasar de ser mayoritariamente macristas a prometedoramente de izquierda.
Por entonces, con cruda sinceridad, Juez confesaba que una de las razones por la cual insinuaba un ensamble electoral para 2011 con el cineasta, era porque los periodistas de los canales de Buenos Aires, azorados como estaban por el batacazo de Pino, lo invitarían a los programas.
Ahora, cuando Solanas, previsiblemente, bajó sus aspiraciones nacionales y resolvió atrincherarse en la Ciudad de Buenos Aires, y antes incluso al definirse el fenómeno como puramente local y atado y la volubilidad porteña, Juez ha girado el dial hacia el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, y ha moderado ostensiblemente sus críticas al gobierno nacional, que desde 2009 a la fecha ha ido creciendo en aceptación.
Es posible que los temblores ideológicos del juecismo se resuelvan en un eventual revés en los comicios del 7 de agosto. Si no, habrá que estar siempre atento a lo que ofrezca la cresta de la ola de los resultados electorales o de las encuestas.
Pero siempre dentro del sector progresista, aunque nadie acierte a saber porqué. Hace poco, en una reunión privada, Ricardo Alfonsín, también incrédulamente, le preguntó a Binner por qué incluía al senador cordobés en esa categoría.






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