Jorge Álvarez: “El radicalismo tiene que construir la agenda de desarrollo y de futuro en el país”

Jorge Álvarez: “El radicalismo tiene que construir la agenda de desarrollo y de futuro en el país”
El concejal de la UCR de San Isidro fue crítico con el encuentro que se desarrollará en Córdoba el fin de semana. Expresó que "la solución no es un proceso internista, no hay que gastar energías en recuperar una herramienta desgastada como el radicalismo", y machacó sobre la “nostalgia que camina”. “Creo que los nuevos liderazgos se van a ver en la calle, no en el partido”, manifestó.
Este fin de semana, en Tanti, Córdoba, un grupo de radicales con responsabilidades de gestión en todo el país, se juntan para debatir el futuro del partido. Expresarán sus intenciones de conducir la UCR, buscarán mostrar sus laureles y el acompañamiento que reciben en las urnas. Así, plantean una etapa de renovación dirigencial. El joven Jorge Álvarez, concejal de San Isidro, dio su opinión crítica sobre este proceso y fue duro con los referentes actuales del partido.

¿No es un buen momento para ir el fin de semana a Tanti, con los radicales, a discutir el futuro del partido?

Es muy difícil que las personas cambien de un día para el otro, y los partidos políticos están compuestos por personas. Si nosotros venimos de un proceso erróneo, cargado de errores estratégicos, de una mirada de la realidad social desde lo internista, es muy difícil que esto cambie enseguida para lo que requiere la Argentina. Y pensar en lo que puede brindar el radicalismo. No creo que la solución sea un proceso internista ni la conformación de guetos en función de intereses. Los legisladores tienen intereses, el aparato partidario tiene otro, y los intendentes también. Cada uno desarrolla estrategias en función de sus intereses particulares y no de los colectivos.

¿Cuál sería la colisión de intereses entre los intendentes y los legisladores?

Son agendas distintas. El problema del partido fue siempre la ausencia de un liderazgo, después de Raúl Alfonsín nunca pudo establecerse uno. Entonces surgen intereses contrapuestos. Las agendas nacionales tienen un interés de diferenciarse para ser opositores al gobierno, y así se constituyen estrategias, como la errónea que hizo el señor Gerardo Morales cuando se puso a la cabeza del Grupo A del antikirchnerismo. Pero las provincias y los intendentes tienen el interés de gobernar, y para eso requieren de los recursos del Estado Federal. Eso los pone en una situación de debilidad política frente al gobierno nacional. Si el kirchnerismo se fumó a los gobernadores, se hizo un picnic con un grupo de intendentes. Esta película ya la vimos, no veo motivos para que volvamos a la misma función. El radicalismo requiere abandonar la cosmovisión interna. El problema no se soluciona si se hace una Carta Orgánica que dice que tienen que haber más o menos jóvenes. El problema del radicalismo es que faltan liderazgos del Siglo XXI. El centro político en Argentina está ocupado por el kirchnerismo, y por la centroderecha de Mauricio Macri en menor medida. El radicalismo tiene que construir un nuevo escenario, nuevo público, hablar de algo que no habla nadie. Yo no discutiría las casas de Schoklender sino porque no estamos construyendo casas para el mundo de los próximos 30 años, que no va a tener electricidad, donde no va a haber energías no renovables. El radicalismo tiene que estar construyendo la agenda de desarrollo y de futuro en el país. Y no se hace con un proceso internista. Se hace afuera, en la calle, donde hoy deberíamos estar trabajando. Creo que este no es el camino indicado, ni la resurrección con Casella, Alfonsín o la nostalgia caminando.

Usted me marca un ombliguismo partidario que no sabe como marcar la agenda de lo que viene. Esto ya lo vimos en varias etapas de la historia del partido.

Es así. Estamos ante la primera renovación dirigencial en un periodo estable en Argentina. Todos los procesos de renovación se conformaban en procesos post dictadura. En el año 83, Nicolas Kasanzew, Gómez Fuente o Cacho Fontana, se iban de la televisión no por viejos sino porque fueron la cara visible de una época que la sociedad quería cambiar. Y ese proceso también sacudió al peronismo, que había llevado a Herminio Iglesias y la dirigencia de la década del 70. Era un proceso que se daba post dictadura. En este momento, ese proceso se está dando en un periodo estable. Y se nota en las urnas. La presidente tiene la sartén por el mango porque ha renovado al peronismo, y ha producido una renovación épica, ideológica, en una fuerza conservadora y tradicionalista, que ha impactado muchísimo en el resto del arco dirigencial de la Argentina. Y si el Grupo Clarín mantiene a Bonelli o a Julio Blanck como sus caras visibles, están condenados a la extinción.

¿Pero existe un líder del Siglo XXI y está tapado, o no hay una persona que sobresale del resto?

El que marca la diferencia en una carrera es el que corre primero en un pelotón. Lo que necesitamos es incentivar a que haya un pelotón en la calle.

¿No se arriesga a dar nombres? A lo mejor no están…

Se verá en la carrera. Las derrotas, cuando tienen aprendizaje, no son una pérdida. Yo viví una derrota. Yo creí en el liderazgo de Ernesto Sanz. Demostró que no tiene pasta de líder. No tiene la potestad del hombre que apuesta al tiempo. Tal vez el líder sea uno de nosotros, alguno de mi generación, algún concejal, algún dirigente que no es legislador. Pero está claro que no aparece en este pelotón de intereses al que hice mención antes. La solución del radicalismo no pasa ni por la receta del conservadurismo ideológico de Gerardo Morales y Alfonsín, no pasa por los radicales GG que Ganan y Gobiernan porque son programas distintos que no tienen puntos en común, y tampoco creo que pase por la agenda legislativa porque el partido ha votado de forma muy dispersa. Creo que estos liderazgos se van a ver en la calle, no en el partido.

¿Entonces no hay que ir a Tanti?

Si quieren pueden ir. Pero yo creo que no hay que gastar recursos ni energías en recuperar una herramienta desgastada como la UCR. Creo que hay que conformar la Unión Cívica del Desarrollo, del Progreso, con un concepto mucho más amplio que un partido político que se habla a sí mismo.

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