Javier Milei, un verdugo que nadie vio venir y se adueñó del grito opositor

Javier Milei, un verdugo que nadie vio venir y se adueñó del grito opositor

Sin estructura, fiscales ni referentes locales, sometido a un “apagón” por los medios más poderosos, el libertario hizo una eleccón que rompió todos los esquemas y deja en offside a la política clásica. El voto de derecha y el rígido crítico, el desafío de Bullrich para disputarle el podio como opositor más competitivo, y los “beneficios” para el PJ de la sorprendente elección de LLA.

Pablo Ibáñez

“Es como Menem pero con redes sociales”, dice, exagera quizá, el operador peronista. Habla con frialdad, como si el huracán Milei no lo hubiese pasado por arriba. Atardece y la provincia desde la que habla integra el pelotón de las diesciseis que el 13-A se tiñeron de violeta. Es una de las que, 48 horas antes, en UP percibían que el libertario estaba competitivo pero al que no le daban más de 20 puntos. Terminó bastante más arriba. “Entró y sustituyó a Juntos como opositor”, agrega y la frase explica, siquiera en parte, porque más allá del shock, el dirigente no mira con tanto espanto el triunfo de Javier Milei.

Los 30 puntos que La Libertad Avanza (LLA) logró este domingo cristalizan varios mapas en simultáneo. Uno, expresa un universo opositor rígido cercano a los 60 puntos. De ahí, emerge cierto pudoroso agradecimiento a la existencia de Milei: sin LLA en el menú, una polarización con JXC solo podía terminar en una mega paliza electoral para el peronismo. De esta bolsa de votos anti Gobierno -o anti PJ- se nutrieron Milei y Juntos: si el libertario no hubiese estado en 30 puntos, seguramente JxC hubiese terminado con 10% más que lo que reunió. Con Milei en el ring -que le transfirió casi la totalidad de sus votos a Carolina Píparo- los 36 puntos de Axel Kicillof en la provincia le sirvieron una victoria. Lo mismo ocurrió en los municipios: JxC y LLA se repartieron los votos opositores, lo que facilitó las victorias del PJ.

Derechas

Otro, más dramático y que se planteó como interrogante horas atrás en elDiarioAR, proyecta el voto “de derecha”, un espectro que si se suma lo que lograron por separado Milei y Patricia Bullrich, roza el 50% del padrón. Puede ser una calificación desmesurada, o quizá antigua, pero los candidatos expresan sin tabúes, quizá con la sola diferencia de que uno es más liberal y la otra más conservadora, ideas de ese ecosistema ideológico.

El tercero, instrumental pero de alta contundencia política a mediano plazo, refiere a la potencial representación legislativa libertaria: si en octubre LLA repite el resultado de las PASO, el 10 de diciembre sumará 35 diputados y tendrá ocho senadores. Con eso, será la llave para que desempatar en un Congreso atomizado y roto por la grieta entre JxC y UP. “Nos van a tener que llamar y preguntar qué pensamos, y vamos a opinar y pedir cambios o leyes”, explicó semanas atrás un dirigente libertario ante un escenario donde, con menos numeros que el que dibujó la primaria, LLA podía tener un rol clave en el Congreso.

Puede ser, es cierto, una cartografía móvil porque los números de Milei del 13-A son sobre un universo inéditamente bajo de votantes para una elección presidencial: este domingo asistió menos del 70%, 6 puntos abajo de la PASO del 2019 y más de 10 respecto a la general de aquel año. En el búnker de UP, con una magia desesperada, ponían el foco en ese dato: son más de 3 millones de electores que, especulan, reaccionarán para frenar la amenaza de un país gobernado por Milei.

Boletas

A las 2 de la tarde, en los pueblos del interior de La Pampa, ya no quedaban boletas de LLA. “No sabemos cuántas trajeron pero no había más: se las robó Bullrich o lo votaron”, contó a elDiarioAr un armado del PJ. Lo votaron: Milei ganó en esa provincia del centro del país con casi 33%, casi el mismo número que tuvo en Córdoba y Santa Fe, pero menos que el tsunami que fue en San Luis, con casi 50 puntos, o en Neuquén, donde se arrimó al 40%. En algunas provincias, se registra un fenómeno: el voto que a nivel local fue al PJ en parte migró, en la presidencial, a Milei.

En el búnker libertario, por la tarde -el propio Milei lo hizo en Twitter- apuntaban al bullrichismo como responsables del faltante de boletas. El escrutinio reflejó que las boletas faltaban porque estaban adentro de las urnas. A final, el economista casi duplicó en cantidad de votos, en la medición individual, a Bullrich.

Ese duelo mano a mano quema los libros del bullrichismo. El año pasado, en el foro de Llao Llao, un entornista de la jefa del PRO dibujó una táctica, según la cual, la presencia de Milei llevaba la agenda hacia la derecha más extrema y eso beneficiaba a Bullrich porque, comparativamente, la hacía lucir más razonable y centrista. Quizá funcionó para el Círculo Rojo pero, a juzgar por el resultado de las PASO, no para el votante.

En su poesía última, Milei rompió un pacto de no agresión con la exministra de Seguridad luego de supuestas operaciones del bullrichismo, y ubicó a Bullrich en el terreno de la casta. En su festejo, el domingo casi a medianoche, hizo el primer movimiento táctico: se plantó como abanderado del “cambio”, como contó Victoria De Masi, con lo que además de blindar su universo de votantes, empezó a hablarle al elector de Bullrich. El libertario parece tener, ahí, una ventaja: no solo porque tuvo una elección mucho mejor que la exministra de Seguridad, sino porque esta deberá diseñar una estrategia quirúrgica para, al menos tiempo, contener el voto moderado que juntó la fórmula Larreta-Morales, y tratar de morderle una porción de electores a Milei. Parecen, a simple vista, tareas antagónicas.

El consultor Carlos Fara tiene una tesis disruptiva: sostiene, contra lo que se dice habitualmente, que Milei y Bullrich no comparten votantes, que hay una distancia etaria muy clara -menos del 30 con el libertario, más de 60 con la exministra- y que la migración entre uno y otro se presenta más compleja de lo que se suele mencionar. ¿Porqué, un votante de Milei, podría preferir en octubre a Bullrich?

Apagones

“El apagón mediático ayudó a Milei: cuando dejaron de darle pantalla, dejó de hablar y eso lo ayudó a repuntar. Milei bajó cuando lo dejaron hablar”, explica Shila Vinker, consultora de TresPuntoZero. Cuando se cerraron micrófonos que el libertario usó durante años, que el mileismo denunció, el libertario volvió a crecer. La última semana, luego de la seguidilla dramática que comenzó con el crimen de Morena Domínguez y siguió con la muerte, en manos de la Policía de CABA, de Facundo Molares, se especuló con una remontada de Milei. Tres encuestados le confiaron entre viernes y sábado a elDiarioAR que tenían al libertario “creciendo”. Ninguno lo daba en 30 puntos. Hubo, hace meses, una encuesta que presentó una foto casi idéntica a la del 13-A: la hizo la CELAG de Alfredo Serrano Mansilla, en mayo, y fue el sondeo que le otorgó la proyección más alta de Milei.

La victoria de Milei, extendida en todo el país, con capitalidad territorial, presenta una novedad logística: no tenía, en muchos lugares, fiscales que renueven boletas ni estén en el escrutinio, ni candidatos locales ni siquiera referentes. Derrotó, con ese silvestrismo, a dos estructuras con amplísimo despliegue, ejércitos de fiscales, recursos y presencia militante. Con su triunfo, Milei pone en contracción a todo el ecosistema político convencional y altera al poder económico que siempre le desconfió, de hecho lo tuvo último en sus preferencias detrás de Larreta, Massa y Bullrich.

El Círculo Rojo, como la política, no lo vio venir.

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