El Gobierno no quiere que se pueda participar en más de una primaria. Urtrubey puso el grito en el cielo.
Pasado el debate por el pago a los jubilados, al Congreso llegará una ardua discusión sobre la reforma política, que si bien parecía tener consenso, llegará con varias sorpresas, un clásico ya de este Gobierno cuando manda un proyecto.
Tanto es así que se hizo norma en todos los bloques no opinar sobre un anuncio antes de leer el texto sellado en mesa de entradas de alguna de las Cámaras, cuando siempre aparece alguna novedad.
Y la reforma política ya tiene su trampita: se mantendrán las primarias abiertas y obligatorias pero los ciudadanos sólo podrán participar de una sola contienda en todas las categorías a elegir.
O sea, en agosto ya no se podrá votar a un diputado de una fuerza política y a un senador de otra, sino que habrá que decidir con quien estas.
Todo un riesgo para fuerzas golpeadas como el Frente para la Victoria, que podrían seguir de capa caída si en una sola de las categorías a elegir no tienen a la persona indicada.
De todos modos, la idea aún no empezó a debatirse porque el proyecto sigue siendo una abstracción, pero la sola mención alcanzó para enloquecer a más de un referente peronista.
El primero que estalló fue Juan Manuel Urtubey, quien ayudó a Rogelio Frigerio con la reforma, por ser Salta y la Ciudad de Buenos Aires las provincias que implementaron la boleta única electrónica.
Cuando supo que las primarias no serían como tales anticipó su rechazo. Debió haberlo advertido: en la Ciudad, Macri implementó un sistema de voto electrónico que obligaba a elegir primero el partido político y luego el candidato. Esta vez la imposición no sería por ley.
Como explicó LPO, la propuesta original era que no haya primarias obligatorias, pero la UCR estalló y quedó descartada. Hacerla por agrupación fue un giro de 180 grados: les gusta a los radiclaes y hace dudar a los peronsitas.
De todos modos la negociación estará en el parlamento, porque el PJ no tiene una conducción que se imponga y corre atrás del acontecimiento.
El martes pasado Fernando Espinoza, ex intendente de La Matanza, se entusiasmó con la posibilidad de eliminar las internas para evitar rebeliones en la granja, pero Gioja lo cruzó. Ninguno parecía interesado de que en la Casa Rosada escribían una opción intermedia.
Además, en esta disputa se mezcla la pelea por la provincia de Buenos Aires, que es la clave de la elección de 2017, cuando elijan diputados y senadores nacionales.
La legislación bonaerense obliga a hacer las elecciones de esa provincia en paralelo con las nacionales y para que eso se mantenga deben compartir sistema electoral.
Como confesó Espinoza en el PJ, los intendentes se habían entusiasmado con la eliminar las primarias obligatorias. Si Vidal opta por una salida intermedia la tendrán difícil, porque María Eugenia Vidal puede modificar la ley electoral sin preguntarles y acordando con el Frente Renovador, cuyo referente, Sergio Massa, pelea poder en los distritos con su propia tropa.
Los intendentes también pondrán el ojo en otro tema de la reforma nacional, como es el de prohibir las “colectoras”, que el kirchnerismo mantuvo como estrategia hasta el año pasado con las listas adosadas de Nuevo Encuentro; y las candidaturas múltiples, un recurso usado más por fuerzas chicas como la izquierda para ubicar a una figura en varias boletas.
Uno de los objetivo de Macri era acortar el candelario electoral, pero depende de la voluntad de las provincias, que manejan sus calenearios locales a gusto. Si el sistema nacionales no les convence, ninguno querrá empardarlo.





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