El mandatario habilitó la procesadora de almendras que AGD construyó en Jocolí. Un pequeño grupo de vecinos lo acompañó a la distancia, sin verlo.
La última parada que tuvo ayer el presidente, Mauricio Macri, fue el extremo norte de la provincia, “donde el diablo perdió el poncho”, como dijo una de las simpatizantes que estuvo haciendo guardia, junto a otros vecinos, en la calle de tierra sobre la que se ubica la finca en la que estaban todos los invitados.
“Nosotros no aparecemos ni en Google. Es histórico que venga un presidente a vernos”, dijo entusiasmada una vecina de Jocolí, Lavalle, que esperó durante horas el arribo del primer mandatario a su localidad, aun sabiendo que no lo iba a poder ver, ya que era un evento privado.
Hasta allí llegó Macri en helicóptero a inaugurar una planta procesadora de almendras y se quedó durante 40 minutos. En ese tiempo, recorrió el galpón con maquinarias que, en seis etapas, se encargan de descascarar la semilla, y también dirigió sus palabras a los asistentes.
Entre ellos, se contó a los diputados nacionales Luis Petri y Luis Borsani, quienes compartieron mesa con el gobernador Alfredo Cornejo, además del intendente de Lavalle, el justicialista Roberto Righi, que se sentó al lado del Gobernador; el dueño de la empresa, Roberto Urquía (ex diputado nacional kirchnerista), y funcionarios provinciales.
En su breve discurso, Macri destacó el emprendimiento del grupo empresario cordobés Aceitera General Deheza (AGD), que empleó “a gente que estaba en el campo y las capacitó para hacer funcionar las máquinas tan modernas”. Su discurso estuvo abocado al desarrollo del campo y las economías regionales.
Una vez cumplida su tarea, Macri volvió a subir a su helicóptero y se fue, ante la mirada y el saludo al aire de los vecinos de Jocolí, quienes estuvieron todo el tiempo apostados en la entrada de la finca Santa Mónica (a mil metros de distancia de la fábrica) con carteles y banderas de bienvenida.
Más allá de no poder verlo, tanto la visita “invisible” de Macri, como el desfile de los funcionarios que llegaron en sus autos en el transcurso de la mañana, haciendo ruido con las piedras y levantando la tierra de la calle Villa Nueva ( a 3 kilómetros de la ruta 40), le dio otro color y despertó el entusiasmo de los lejanos vecinos.
“El último presidente que vino fue Raúl Alfonsín, a inaugurar el hospital de la Villa Tulumaya”, recordó una de las lugareñas que se acercó a ver.
Pero los asistentes no fueron sólo por curiosidad. Si bien sabían que el evento era privado y que no podían tener acceso al lugar, entregaron al personal de protocolo de la Nación cartas y regalos para Macri.
Entre estos últimos, hubo libros de autoayuda. En las cartas, pidieron al Presidente que que se arregle la situación del agua en el lugar y una red de gas y cloacas.
“Todos saben que acá el agua no es potable sino que está contaminada”, señaló una vecina y apuntó contra Righi: “El intendente también está al tanto de la situación; sabe perfectamente la necesidad que hay”.
Por su parte, Righi también aprovechó la visita presidencial y llevó sus propios pedidos. “Es muy positivo que él en persona se pueda llevar, o a través de su gente, algunas de las necesidades que tenemos” comentó y enumeró su lista: “Está el tema de la impermeabilización de cauces de la cuarta zona, que es una necesidad para el desarrollo productivo y para generar trabajo. También tengo un detalle de algunas escuelas para construir. Vamos a ver si se puede agilizar la licitación de asfalto para distintas localidades del departamento. Hace cinco meses que fue tramitado en el Gobierno nacional y estamos a la espera, ya que por problemas administrativos se han vencido los plazos legales”.




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