El oficialismo hace y deshace listas. Los nombres van y vienen, pero no hay un plan determinado; sólo el rescate de lo mucho que se hizo. Un nuevo papelón.
El mandamás tucumano construye su castillo sobre la base de sus dos gestiones anteriores. En esos ocho años además de las obras propulsadas por el motor unitario de la Rosada se ocupó de producir una depuración del peronismo. Dirigentes como Enrique Romero, el fallecido Hugo Lazarte, Fernando Juri, Antonio Guerrero o Julio Miranda fueron decapitados lenta y minuciosamente. Otros, con mayor olfato político, como Alejandro Sangenis se retiraron antes del tsunami alperovichista.
Da la sensación de que con estos comicios, Alperovich quisiera pasar por segunda vez el cedazo. En este finísimo filtro podrían quedar dentro del proyecto dirigentes como Domingo Amaya, Germán Alfaro, Gerónimo Vargas Aignasse y algún otro que goza de las simpatías. Así en las vísperas del bicentenario de la Declaración de la Independencia los nombres de los dirigentes de las últimas dos décadas sólo quedarán para los libros de historia y la generación alperovichista será la única protagonista.
El viernes Néstor Kirchner hubiera soplado 61 velitas. José Alperovich y Domingo Amaya no pudieron compartir esta ceremonia. Es más, la senadora nacional y primera dama, Beatriz Rojkés, iba a asistir a la celebración de San Miguel de Tucumán, pero indudablemente el alperovichismo padece un daltonismo político que no le permite ver bien el "colorado".
Por eso los alperovichistas se fueron a Monteros a recordar al ex Presidente. En esta ciudad se hizo el homenaje y uno de los pocos a los que se vio fue al concejal Hugo Cabral, que por las dudas no quiso subir al escenario cuando lo invitaron. No hay que olvidar que, el jueves, el edil bajó del avión de Aerolíneas Argentinas cargando más de un funda de traje que seguramente lucirá cuando tenga que jurar como ombudsman de Tucumán.
La oposición llega tan débil que a los oficialistas no les queda otra que pelearse entre ellos. Aunque no pueden precisar el reacomodamiento de algunos escaños, sueñan con superar la marca de los 500.000 votos. Si eso ocurriera, el líder se entusiasma con ir por una reforma hacia la reelección indefinida, un intento que puede ser un bumerán.
En la Casa Rosada saben que a Alperovich deben mimarlo porque nadie le hace sombra; sin embargo, tienen números especiales para los comicios nacionales que hasta el momento en que se escriben estas líneas se harían en octubre. Los cálculos que hacen en Buenos Aires son que, de los cinco diputados que renueva el peronismo tucumano, no es descabellado que puedan perder dos. Uno será para el gran opositor que en ámbitos "cristinísticos" sería la Unión Cívica Radical y el otro no tiene adjudicatario pero lo quiere nada menos que Martín Sabbatella. El Encuentro para la Democracia y la Equidad proyecta hacer una gran colectora nacional -por lo menos en las principales provincias- y en Tucumán ya empezaron a hablar con Stella Maris Córdoba, quien no renueva su banca, pero puede tener o una candidatura testimonial o bendecir a algún nombre para molestar a Alperovich. Falta mucho para octubre en esta vertiginosa Argentina, pero no hay que olvidar que Sabbatella no hace nada sin que Cristina lo sepa.
Si bien la lista oficial de diputados nacionales está muy lejos de haber sido confeccionada, ya se sabe que habría por lo menos una deserción: la cochense Susana Díaz. También se rumorea que el secretario de Obras Públicas de la Nación ha hecho demasiados favores al alperovichismo y sería el momento de pagar deudas, más aún cuando las denuncias que se hicieron en Tribunales empiezan a acosar a José López. Los fueros siempre vienen bien y convendría darles la espalda. "Es un tucumano y es un hombre de la primerísima hora de la Presidenta", repiten los "sijosesistas". No es un argumento menor ya que hasta el futuro -y la candidatura- de Juan Manzur depende de Cristina. Si ella lo suelta será vice y sino, no. La dependencia es mayúscula, pero hace tiempo que dejó de ser una novedad.
El gobernador ya tiene en sus manos algunos nombres de las listas oficialistas que les confeccionaron el senador Sergio Mansilla y el ministro del Interior Osvaldo Jaldo. La primera llevaría por la sección Oeste al propio Mansilla quien una vez electo se haría "la burra" para dejar a los siguientes: Regino Amado; Miriam Gallardo (también testimonial); Roque Álvarez; Enrique Orellana; Adriana Najar; Sisto Terán; Susana Díaz; Iván LLorens y Raúl Hadla. En el Este, Jaldo también haría la gran testimonial y están anotados apellidos como Khoder, Gutiérrez, Fernández y Cúneo Vergés.
Tanto Jaldo como Mansilla -como muchos- ya no piensan en 2011, sino en 2015. Son muchos los que se sienten los príncipes herederos, pero sólo uno ha tejido una malla tan resistente que no le hará mella el paso del tiempo. "Yo me voy a sentar a esperar, sea quien sea va a tener que venir a hablar conmigo", contó un peronista paladar negro que le dijo Edmundo Jiménez, el ministro de Gobierno. El verdadero poder político pasa hoy por ese escritorio y ya tiene cría para la generación del bicentenario. La paciencia de "Pirincho" le permitió tejer la gran tela araña de la última década.
De derecha a izquierda
Ayer había un revuelo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires porque Mauricio Macri había anunciado que iba a hacer campaña en un comunicado hecho con logo de la jefatura de Gobierno. Cualquier parecido con el camión de los tucumanos con los que los oficialistas salieron a hacer campaña no es pura casualidad. Es algo propio de estos tiempos en los que los políticos suelen apoderarse de lo público y considerarlo como propio. Es lo que ha pasado con el acople más oficialista -y con más ex bussistas- que pidió disculpas por haber utilizado la marca Tucumán en los afiches, pero ni se les pasó por la cabeza taparlos ni hacerlos desaparecer. Los abusos son fantasmas que prefieren no verse en la Casa de Gobierno. Algo parecido ocurrió con los obreros golondrina que terminaron siendo humillados en La Pampa, pero en Tucumán ni siquiera se les pagó el pasaje de regreso y de castigo a los responsables, mejor ni hablar.
Es casi como debatir sobre la inseguridad o acerca del crecimiento de la comercialización de la droga que son dos puntos flacos de esta gestión de ocho años.
La huída dejó ver todo
Los abusos de la política suelen disimularse algo que no puede -o no debería- hacer la Justicia. La fuga de Luis Rafael Piccinetti es otra cicatriz en este Tucumán experimentado en huídas de condenados o sospechosos. El ex asesino "Malevo" Ferreyra se fue de la alcaídía de Tribunales empuñando un granada en la narices de sus colegas policías. También, Lucas González, condenado por el asesinato de María Fernanda Chaila hizo famoso a Tucumán por estos papelones.
El caso de Piccinetti puso en evidencia los problemas estructurales de los Tribunales que "ayudaron" a la libertad de este acusado: estaba libre al haber sido excarcelado porque la Justicia no pudo enjuiciarlo en dos años. Más grave aún es no tomar las precauciones y no haber previsto que el hombre que causó sensación en Trancas terminó burlándose de la policía provincial.
El episodio de Piccinetti desnudó algo aún peor. Esta semana cuando en el Poder Judicial se enteraron de la huída lo primero que sugirieron algunos es "pinchemos" el teléfono de los abogados y de la prensa para encontrarlo. Hubo magistrados cuerdos que no hicieron caso a esa irrespetuosa locura. Las vendas de la Justicia quedaron como harapos en el piso ante tan poco derroche de imaginación y ante tanta bajeza para no asumir la vergüenza.



















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