Hora de decisiones estratégicas

Pocas veces como este mes, el Coordinador General de Asuntos Político-Institucionales de la Unidad Presidente de la Presidencia de la Nación habrá justificado plenamente el sueldo que percibe. Es Juan Carlos "El Chueco" Mazzón, más conocido como operador político del peronismo con despacho en la Casa Rosada, que por lo que se lee en su formal tarjeta de presentación. Desde hace varias semanas, Mazzón no tiene descanso.

Según el diccionario de la Real Academia Española la palabra romería significa "viaje o peregrinación, especialmente la que se hace por devoción a un santuario". Exactamente en eso se convirtió la oficina de Mazzón.

Decenas de dirigentes y jefes territoriales del oficialismo, de casi todos los distritos del país, peregrinaron estos días hasta allí buscando la bendición para las listas electorales. Recibieron consejos, sugerencias y recomendaciones, pero también una advertencia: decide la Presidenta.

Orden vertical

En realidad, en ese tránsito de propuestas hacia el vértice del poder, hubo una escala ineludible e implacable. El secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zannini, se convirtió en un guardia pretoriano de la pureza kirchnerista.

Hubo discusiones, intentos de rebeldía y fuertes disgustos pero, salvo contadas excepciones, los reclamantes debieron "tragarse el sapo" y acatar en forma disciplinada las decisiones. La opción era ésa o la intemperie política.

Este procedimiento para nominar candidatos define con claridad el estilo que viene demostrando el kirchnerismo en los últimos ocho años para construir poder político. La única diferencia es que hasta finales de octubre pasado a las principales operaciones las ejecutaba personalmente el fallecido Néstor Kirchner. La subordinación y la dependencia de los dirigentes distritales son las mismas.

También forma parte de ese estilo la espera hasta los últimos momentos que establecen los plazos legales para definir listas de candidatos.

Los hechos consumados impiden que los disconformes tengan tiempo de armar otras listas por fuera de la estructura o pasarse a la oposición. En el peronismo, especialmente, esas prácticas reconocen numerosos antecedentes.

La tarea a la que prolijamente se abocaron Mazzón y Zannini, finalmente parece lograda. Las listas del oficialismo para legisladores nacionales en casi todo el país no expresan las realidades ni deseos de cada provincia sino el superior objetivo del kirchnerismo.

Por lo general, los peronistas históricos y el sindicalismo debieron ceder lugares a los jóvenes militantes y a los aliados llegados desde sectores de izquierda.

En estos períodos en los que se definen el futuro y los intereses de muchos dirigentes, abundan también las picardías para ganar espacios. En algunos despachos de la Casa Rosada se calificó de ese modo a lo que hizo Jorge Capitanich.

El gobernador de Chaco venía siendo mencionado como uno de los posibles elegidos de Cristina Fernández como compañero de fórmula.

Sin señales claras al respecto, Capitanich hizo trascender que viajaba a Buenos Aires llamado por la Presidenta. Los medios le dieron un lugar relevante y la expectativa creció.

Sin embargo, Capitanich tuvo que volver a su provincia y anunciar que será candidato a la reelección como gobernador. En el kirchnerismo, ironías mediante, definieron su actitud como "una operación de autobombo".

Lamentos y

oportunismo

La designación del candidato a vicepresidente de Cristina, que se conocerá hoy oficialmente en esa especie de ceremonia ritual convocada por la jefa de Estado en Olivos, mantiene en vilo al peronismo oficial.

Ese sector se siente minimizado. "Resulta que nosotros ponemos la estructura y los votos pero se nos desplaza a lugares secundarios", se quejó en privado un legislador provinciano que fue gobernador en su distrito.

Nombres como el de Juan Manuel Abal Medina o el mismo Zannini, despiertan recelos en el peronismo. Les adjudican con certeza no tener poder territorial ni representar el sentimiento partidario. Además, aunque no lo dicen en forma explícita, los peronistas que están debajo del paraguas oficial temen que si Cristina triunfa en octubre y por cualquier razón excepcional debe en el futuro dejar la Presidencia, el gobierno que ellos ayudaron a forjar quede casi desvirtuado.

Es muy probable que esas especulaciones también hayan estado en la consideración de la Presidenta. Por eso su decisión sobre su compañero de fórmula adquiere una especial importancia.

Tanto el momento de anunciar su propia candidatura, como el de mañana para hacer lo propio con el nombre de su vice, fueron establecidos de manera estratégica y con la precisión de un "tiempista".

En una competencia a veces obsesiva, el oficialismo siempre ha buscado tener la iniciativa y no resignar la agenda mediática. El martes Cristina adelantó su anuncio y desplazó de los titulares principales al escándalo Schoklender, que venía provocando daño a la imagen del Gobierno.

Por Carlos Sacchetto

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