La ex primera dama lidera ampliamente en su partido y se aleja de los conservadores. Su participación en el debate demócrata fue clave. El magnate xenófobo y misógino ahora es seguido de cerca por Ben Carson, un cirujano afroestadounidense muy cercano al ultraconservador Tea Party.
La última semana fue clave para la precandidatura presidencial de Hillary Clinton, quien tras ser objeto de duros cuestionamientos por el supuesto uso indebido de su cuenta de correo electrónico, lidera todas las encuestas demócratas y se aleja de los dos republicanos que pican en punta en la mayoría de los sondeos, Donald Trump y Ben Carson.
El primer gran paso de Clinton fue el rendimiento que tuvo en el hasta ahora único debate demócrata, donde todos los analistas coincidieron en que fue la mejor parada en esa contienda, al punto de que arrasó con sus rivales.
Además de mostrar conocimientos, sentido del humor y experiencia de gestión, en esa oportunidad Clinton contó con la inesperada ayuda de su principal rival demócrata, Bernie Sanders. Cuando el resto de los precandidatos demócratas se mostraron casi obsesionados con atacar a Clinton por la supuesta utilización indebida de su correo electrónico personal para manejar la correspondencia oficial de la Secretaría de Estado, Sanders eligió diferenciarse. “Estados Unidos está harto de oír hablar de tus malditos correos electrónicos”, aseguró el socialdemócrata de 74 años. Con esa ayuda de su competidor, su triunfo en el debate fue total.
Si bien las encuestas marcan que Sanders es el segundo dirigente demócrata en intención de voto, son pocos los que ven posible que un dirigente con propuestas tan progresistas pueda acceder a la Casa Blanca.
Por otro lado, la precandidatura de la mujer de Bill Clinton era amenazada por la figura del vicepresidente Joe Biden, quien hizo creer a todo el mundo que se lanzaría al ruedo para recoger las banderas de la administración de Barack Obama, lo cual quedó descartado.
Otra situación que favoreció las aspiraciones de la líder demócrata fue su citación al Congreso, convocada por los republicanos que buscaban indagarla por un segundo escándalo relacionado con su correo electrónico, donde se la acusó de haber actuado con negligencia durante su mandato como funcionaria de Obama en los gravísimos hechos ocurridos en 2012 en la ciudad de Benghazi, ubicada al oriente de Libia, cuando un ataque contra el Consulado de Estados Unidos dejó cuatro diplomáticos muertos.
El interrogatorio se extendió durante once horas, pero la solvencia con que se defendió la demócrata terminó de convencer a la opinión pública e hizo quedar mal parados a sus inquisidores republicanos.
Esta situación coincidió con el desplome de Trump en las encuestas republicanas, quien si bien hasta hace 15 días era el que picaba en punta, ahora es seguido de cerca por Carson, cirujano afroestadounidense muy cercano al Tea Party, quien complicó las posibilidades del polémico empresario inmobiliario.
Los analistas coinciden en que la combinación del estilo arrogante de Trump, al cual le suma condimentos xenófobos y misóginos, comenzó a generar indignación en el electorado, que dejó de percibir al magnate como un personaje políticamente incorrecto y empezó a verlo como a un matón.
Asimismo, se espera que de la dupla Jeb Bush y Marco Rubio salga el triunfador del Partido Republicano.
Esta serie de situaciones configura un escenario que hace pensar que es muy difícil que la persona que suceda a Obama no sea Clinton.






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