El senador pampeano le restó votos a la oposición para rechazar el decreto de necesidad de urgencia. La discusión de la nueva iniciativa permite al Ejecutivo ganar tiempo y seguir utilizando los recursos del BCRA.
Pocos minutos después de que el texto fuera presentado en la mesa de entradas del cuerpo, el senador pampeano les entregó una copia a todos los jefes de bloque reunidos en Labor Parlamentaria. Preocupados por afinar el temario de la próxima sesión del cuerpo y por imponer su mayoría al kirchnerismo, los opositores desconocían en ese momento que las hojas de papel que tenían en sus manos contaban con el acuerdo del Gobierno. "Es una medida importante", dijo en la Casa Rosada Cristina Fernández de Kirchner. La Presidenta incluso adelantó que instruiría al bloque oficialista para que apoye ese proyecto. Para completar la jugada, en el entorno del pampeano se asegura que "no estaría de acuerdo en rechazar el decreto presidencial que crea el Fondo de Desendeudamiento ya que evalúa que éste se convertiría en una cuestión abstracta después de sancionada la ley".
Apenas finalizó el encuentro de Labor Parlamentaria, el jefe de la bancada K en la Cámara alta, Miguel Ángel Pichetto, pronunció las mismas palabras que en ese instante Cristina Fernández decía en la Casa de Gobierno: "Es una iniciativa importante".
A última hora los opositores seguían contando con el voto de Verna para rechazar el DNU presidencial. Aseguraban que el pampeano se había comprometido a ello en una reunión que mantuvo con el cordobés Luis Juez, el puntano Adolfo Rodríguez Saá, la porteña María Eugenia Estenssoro y el jujeño Gerardo Morales. Verna había intentado convencer a los opositores de incluir un artículo de rechazo al decreto 298 dentro del proyecto de ley que lo reproducía. Propuesta que fue desestimada rápidamente.
Más allá de las buenas intenciones o la ingenuidad de los senadores de la oposición, lo real es que el proyecto de Verna desequilibra las cuentas. Con los dos pampeanos a favor, el kirchnerismo tendría mayoría para darle media sanción a la réplica del decreto 298/10. En Diputados sería altamente improbable que pueda reproducir el triunfo que tendría en la Cámara alta. Algo inverso sucedería con el rechazo al decreto. Podría ser desestimado en Diputados, pero no tendría números suficientes para hacerlo en el Senado. En su descargo Verna dijo que siempre se había pronunciado a favor de aprobar por ley el uso de reservas para pagar vencimientos externos.
Lo real es que el Congreso quedaría virtualmente neutralizado. Algo que al Gobierno le permitiría seguir avanzando. Si logra un fallo favorable en la Justicia antes del pronunciamiento parlamentario, podría utilizar las reservas del Central mientras los legisladores se entretuvieron en miles de enredos discursivos y reglamentaristas.
En la misma reunión en la que la oposición notificó a Pichetto que habían fracasado los intentos negociadores que el día anterior había sondeado con Morales, Verna le pidió al oficialismo que retire el pliego de Mercedes Marcó del Pont. Cuando Pichetto se aferró a esa propuesta y adelantó que consultaría a la Presidencia, Morales aseguró que, aunque el oficialismo retirara el pliego de la economista, la oposición votaría en contra. Nuevamente allí Verna intentó tirarle una soga al Gobierno para que pudiera salir del pantano.
El oficialismo sabe que chapotea en el barro. La virtual parálisis del Congreso perjudicaría sobremanera a la oposición, que terminaría manoseada en el mismo lodo. Después de la reunión de Labor Parlamentaria, el vicepresidente, Julio Cobos, formalizó la nueva composición de la bicameral de los DNU, que les otorga a los opositores una mayoría de cinco contra tres. Pichetto adelantó que se presentaría ante la justicia en lo contencioso administrativo con una medida cautelar. Aunque, en su descargo, el oficialista dice: "No nos dejan caminos", lo real es que la judicialización le permite acrecentar la confusión general. Confusión en la que hay un claro perdedor: la oposición.
Dos tapas
Un ministro de la Corte Suprema llamó "tonterías" a las críticas presidenciales sobre la Justicia. Horas más tarde, en un hecho histórico, el máximo tribunal le exigió a la jefa de Estado "mesura y razonabilidad". Para Cristina Fernández, esas palabras sonaron a "censura". La gravedad institucional de este cruce inédito debía ser la tapa.
También ayer, y apenas seis días después de contribuir a la avanzada opositora sobre el Senado, el pampeano Carlos Verna reveló un pacto con el oficialismo que le da tiempo a la Casa Rosada para disponer de las reservas y que frustra la estrategia del frente anti-K. El país sumido en los antojos de un legislador que no persigue ninguna lógica partidaria merecía el título mayor. Es un anticipo de cómo seguirá la lucha por el poder en la Argentina. Y expresa la volatilidad política del presente.
OPINIÓN
Negociar en el pantano
Gabriela Granata
El Gobierno volvió a chocar con los límites que le impuso el reparto de juego parlamentario. Contra la lógica matemática, imaginó que a su decreto –de tanta necesidad como urgencia– para utilizar las reservas del Banco Central sobrevendría la posibilidad de quebrar la adversidad numérica, cooptando voluntades de cualquier signo que le permitieran adosar dos votos a sus 35. No pudo. Cristina Kirchner desafió entonces al Congreso con una jugada brutal, anunciando la firma de un segundo DNU el mismo día en que abría las sesiones ordinarias, con un traspaso relámpago de fondos del Banco Central a las cuentas del Ministerio de Economía. Sólo consiguió entonces abroquelar a la oposición.
Al límite de una nueva derrota parlamentaria, el oficialismo tuvo que reconocer la debilidad de no tener una mayoría propia. El DNU iba a ser rechazado en el recinto y negoció con el sector más proclive a escuchar una oferta negociada. El pampeano Carlos Verna jugó el papel que se había reservado para sí en una composición de la Cámara alta que dividió el cuerpo en forma esquemática en 35 oficialistas, 35 opositores y 2 senadores líberos, la dupla pampeana que integra con María Higonet.
El Gobierno se encontró de nuevo en un pantano y decidió ganar tiempo. El DNU no será rechazado en el Senado, pero la ley es difícil que pase por Diputados. Bonus track: la fractura del frente opositor. Falta saber qué ganó Verna, además de protagonismo.









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