La discusión sobre el atraso cambiario no desapareció de la agenda pública y el ejemplo más incontrastables es el crecimiento del turismo emisivo y del consecuente gasto de argentinos de dólares en el exterior.
Por
Cristian Carrillo
A pesar de iniciarse una “nueva era” cambiaria, nada se modificó en el mercado. El dólar sigue intervenido y, para ello, lo mantiene gastando reservas. Al menos, es lo que sucedió en los primeros días hábiles de 2026. El Gobierno insiste en que no hay atraso cambiario y que la competitividad se alcanza con mayor inversión y eficiencia. Pero el Turismo es el más claro termómetro de los tipos de cambios reales bilaterales. El foco está en el turismo emisivo ya que la cantidad de turistas extranjeros que ingresan a la Argentina se mantiene por debajo de su potencial. La diferencia entre ambos movimientos no es un fenómeno cultural ni una moda pasajera, sino que responde “a un problema de precios relativos que tiene al atraso cambiario como elemento central”, según un informe del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA).
Los datos del INDEC sobre turismo internacional entre enero y noviembre de 2025 permiten observar el patrón con claridad. En ese período, alrededor de 1 millón de residentes de Brasil ingresaron al país, mientras que 3,1 millones de argentinos viajaron al principal socio regional. Desde Chile llegaron 647 mil turistas, frente a 2,3 millones de argentinos que cruzaron la cordillera. Con Uruguay ocurrió algo similar: 700 mil uruguayos visitaron la Argentina y 1,4 millones de argentinos viajaron al país vecino. La asimetría se repite en los tres casos, con diferencias que no se explican solo por tamaño poblacional ni por preferencias de consumo.
Brasil cuenta con una población muy superior a la de Argentina y Chile y Uruguay, y tiene ingresos por habitante más altos, destacó el informe. En condiciones de precios comparables, esos factores deberían generar flujos menos desbalanceados. La explicación aparece cuando se observan los costos en dólares de bienes y servicios turísticos en la Argentina. El tipo de cambio oficial, junto con los mecanismos de intervención en el mercado cambiario, redujo el valor del dólar en términos reales. Ese proceso abarató los viajes al exterior para los residentes argentinos y encareció la estadía en el país para los visitantes extranjeros.
El atraso cambiario opera de manera directa sobre el turismo receptivo, sin importar otras variables o la inter-temporalidad que Milei suele mencionar para justificar un peso cada vez más apreciado respecto a otras monedas. Un turista que decide entre destinos compara precios de alojamiento, transporte, comidas y actividades. El argumento oficial sostiene que el gasto en viajes al exterior incrementa la demanda de divisas, presiona al alza el tipo de cambio y, en teoría, “esto promueve las exportaciones”. Para reforzar esa idea, se plantea que “en el concierto internacional los países que importan mucho también exportan mucho”.
IDESA reconoce que este razonamiento cuestiona la idea de que cerrar la economía permita ahorrar dólares. De hecho, afirma que “las evidencias muestran que los países más avanzados no se caracterizan por promover la autarquía sino por tener una alta apertura internacional”. Sin embargo, para que el mecanismo funcione, “el mercado cambiario debería ser libre –no intervenido por la dupla que integran Caputo y Bausili– para que se produzca la presión al alza del dólar que promueva las exportaciones”.
Tampoco suma ocultar el problema. La semana pasada, por pedido del secretario de Turismo, Daniel Scioli, el Banco Central modificó la forma de contabilizar los gastos en el exterior realizados por residentes argentinos. El cambio metodológico implica que el monto total de dólares asociados a esos consumos resulte sensiblemente menor al que se informaba hasta ahora. De acuerdo con lo señalado por el funcionario, bajo la metodología anterior los gastos en el exterior ascendían a unos 13.350 millones de dólares, mientras que con el nuevo criterio esa cifra se reduce a 10.241 millones, lo que implica una baja del 23%. En el mismo sentido, el déficit de la balanza turística pasaría de 9.983 millones de dólares negativos a 6.935 millones.
La explicación oficial es que las estadísticas del Central no diferenciaban los consumos estrictamente vinculados al turismo de otros gastos realizados en el exterior con tarjeta, como suscripciones a plataformas digitales de entretenimiento y streaming —entre ellas Netflix, HBO o Spotify— o compras bajo el régimen “puerta a puerta” en sitios de comercio electrónico como Amazon, Shein o Temu.
El turismo receptivo genera divisas, empleo y actividad en regiones donde otras exportaciones tienen menor peso. Cuando ese flujo se reduce, la economía pierde una fuente de dólares que no requiere procesos industriales complejos ni grandes inversiones en insumos importados. El problema no es que los argentinos viajen, sino que el país no logre atraer visitantes en la misma proporción.
El documento señaló además problemas de infraestructura más amplios: “Las rutas están muy deterioradas por la falta de mantenimiento” y los precios internos se ven elevados por “la distorsiva presión impositiva de los impuestos nacionales, provinciales y municipales”. IDESA recordó que “los impuestos distorsivos no pueden ser reembolsados al turista, como sí puede hacerse con el IVA”, lo que encarece aún más la estadía en el país. Todo este conjunto de factores no logra ser compensado por el nivel del tipo de cambio vigente.
Un punto relevante del análisis es que el problema no se limita al sector turístico. IDESA advirtió que “el entorno que genera baja competitividad no es exclusivo del sector turismo”. La infraestructura costosa y deficiente, las regulaciones y los impuestos afectan también a la producción de bienes exportables. La consecuencia es una economía con dificultades para generar dólares de manera sostenida. En ese contexto, el turismo receptivo, que podría ser una fuente relevante de divisas, tampoco suma a las reservas del Central.

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