Rui Falcão: "El domingo vamos a tener un clima de Mundial de fútbol"

Rui Falcão:

El presidente del gobernante Partido de los Trabajadores dijo que el país necesita corregir el rumbo y no un cambio de gobierno

Por Alberto Armendáriz

BRASILIA. Con el tablero de apoyos en permanente cambio, nadie se arriesga a predecir qué sucederá el domingo en la votación de la Cámara de Diputados que decidirá si se instala o no el impeachment contra la presidentaDilma Rousseff. Ni siquiera el presidente del oficialista Partido de los Trabajadores (PT), Rui Falcão, que atiende todo el tiempo su teléfono para seguir al instante las novedades.

"El domingo vamos a tener clima de final de Mundial de fútbol. Si ganamos, como espero, va a ser como si Brasil se convirtiera en hexacampeón; si perdemos, va a ser peor que la derrota 7 a 1 contra Alemania", ilustró el dirigente petista durante una entrevista con LA NACION.

A los 72 años, este ex periodista y ex diputado paulista es consciente de que su tradicional agrupación de izquierda se juega el todo por el todo en este proceso de impeachment, que llega luego de casi 13 años en el poder y con el partido desgastado por los escándalos de corrupción, la recesión económica y la crisis política en la coalición gubernamental. Aun así, rechazó las acusaciones de ofrecimientos de cargos y compra de votos en el Congreso que estaría haciendo el líder máximo petista, el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva.

-¿Cuáles fueron los errores del PT para llegar a esta situación tan dramática?

-En 2014 tuvimos una elección muy polarizada, que en la segunda vuelta atrajo a sectores que se habían apartado del PT, ya sea porque el partido entró en vicios burocráticos o por el distanciamiento con los movimientos sociales, pero que vinieron a apoyarnos porque vieron en la victoria del Partido de la Social Democracia Brasileña una vuelta al neoliberalismo. Esperaban que nos mantuviéramos en el camino del avance social, pero se sorprendieron cuando el gobierno dio señales en el sentido contrario: con la designación del neoliberal Joaquim Levy como ministro de Economía, con la propuesta de ajuste fiscal y las reformas sociales.

-¿Dilma traicionó ahí al PT?

-No diría eso; son visiones diferentes para enfrentar la crisis bajo la asunción de que era necesario corregir errores. Había cuestiones que debían ser discutidas y solucionadas, pero no podían aparecer como los primeros actos del gobierno. Eso resultó de inmediato en una caída muy grande en la popularidad de la presidenta.

-Pero el PT terminó muy manchado también por los sobornos en Petrobras, al desviar dinero para financiar campañas.

-Como todos los otros partidos, el PT participó de las reglas de financiamiento pese a que nosotros siempre defendimos el financiamiento a través de fondos públicos y no empresarial. Pero al practicar lo que los otros hacían, perdimos nuestra diferenciación. Fue un error colectivo. Continuamos con la financiación empresarial y eso abrió una puerta al peso del poder económico y a la corrupción. Las denuncias tienen que ser enfrentadas, pero resalto todo lo que nuestros gobiernos hicieron para combatir la corrupción.

-En un escenario en el que el impeachment sea derrotado en el Congreso, ¿cómo podría el gobierno garantizar la gobernabilidad cuando ha sido abandonado por varios de sus socios, y tiene a gran parte de la población y al empresariado en contra?

-Van a volver si creamos una perspectiva de crecimiento, de diálogo. Debe ser implementado un plan que tenga como eje la creación de empleo, que encare una reforma tributaria, que suponga inversiones en infraestructura, que mejore los servicios sociales. Y, por otro lado, una reforma política con una democratización de los medios de comunicación.

-¿Mantener a Dilma en el poder es un mal necesario para el PT?

-No, ella es una persona determinada, que tiene todo el compromiso con nuestra lucha; tiene un pasado que se identifica con el PT, con la lucha social, a favor de la democracia. Lo que necesitamos es una corrección del rumbo, no un cambio de gobierno. Al contrario, defendemos su mandato porque tiene la legitimidad del voto popular. Quien quiera llegar al poder debe esperar hasta el 2018.

-En caso de que Dilma sea destituida, asumiría el vicepresidente, Michel Temer, quien también cuenta con esa legitimidad, ya que fue elegido por el pueblo.

-Pero no tiene legitimidad para conspirar contra el gobierno como lo está haciendo. Lo que hizo configura claramente una traición.

-¿El PT reconocería un eventual gobierno de Temer?

-Cuestionaremos el proceso por el cual llegó a la presidencia. El hecho original fue un golpe porque el impeachment es impulsado sin base legal; Dilma no cometió crimen de responsabilidad. Quien asume la presidencia con un proceso viciado no tiene nuestro reconocimiento.

-Si se aprueba el impeachment, ¿hay riesgo de violencia, como sucedió en las protestas de 2013?

-De nuestra parte no. Necesitaremos mantener la presión social en las calles, pero sin agresividad. Buscamos la paz, pero si vienen contra nosotros, no vamos a bajar la cabeza.

-En la Argentina hay preocupación por lo que sucede en Brasil.

-El presidente Mauricio Macri nos está ayudando a fortalecer nuestra posición... Por lo que veo en las noticias, al pueblo no le está gustando lo que está haciendo y eso que es un gobierno que fue elegido democráticamente, no como sería el de Temer. La estabilidad de Brasil y la profundización de las relaciones con la Argentina dependen de que el impeachment sea frenado aquí. Conimpeachment, el clima de agitación y de inestabilidad política será mucho peor.

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