Por Jorge RosalesUna de las mayores preocupaciones del Gobierno por estas horas es exhibir que puede funcionar sin el protagonismo de Néstor Kirchner.
Hubo un esfuerzo por exhibir un gobierno en acción desde que se conoció que el ex presidente se reponía y evolucionaba favorablemente tras la operación de la carótida. Pero, sobre todo, por tratar de separar la gestión de la suerte del ex mandatario, algo difícil de conseguir en el inconsciente colectivo de los argentinos, que han comprendido que, más allá de la formalidad, el poder reside en última instancia en las manos de Kirchner.
La Presidenta sorprendió con su participación en la inauguración, por la tarde, en el partido de Ezeiza, de un hipermercado. No fue por su asistencia a un acto de esa naturaleza, sino porque por la mañana se había informado que no tendría actividad oficial durante la jornada. Llegó con buena parte de su gabinete, algunos de cuyos integrantes habían desfilado anteayer por el sanatorio donde permanece internado el ex mandatario. Entre ellos, estaban los de Economía, Amado Boudou, e Interior, Florencio Randazzo.
"Néstor está muy bien. Tan bien está que cinco minutos antes de salir para acá me llamó por celular", dijo ayer en Ezeiza la Presidenta. Un poco más tarde, convocó a su despacho al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y a otros ministros para seguir la marcha del gobierno.
Se acumulan los problemas que debe afrontar la administración kirchnerista, que todavía no ha superado la crisis política en la que se metió por la remoción de Martín Redrado del Banco Central y el uso de las reservas para el pago de deuda pública. Le esperan semanas de durísimas negociaciones en el Congreso por la ratificación del decreto de necesidad y urgencia que dispuso la creación del Fondo del Bicentenario, una calificación pomposa para justificar las transferencias de reservas del BCRA a las arcas del Gobierno.
En esas discusiones, sumadas a las que ya comenzaron en el Senado por la integración de las comisiones ?en realidad, una batalla por el control de la Cámara alta?, el papel de Néstor Kirchner será clave. Tanto como lo fue en las negociaciones en la Cámara de Diputados en diciembre pasado, que terminaron en un estruendoso fracaso y en la primera derrota parlamentaria por su negativa a acordar con la oposición.
Kirchner permanecerá internado por lo menos hasta mañana. Desde su habitación en el sanatorio, dio instrucciones de no postergar el acto de su asunción en el PJ, otro gesto destinado a minimizar los problemas.
A los Kirchner no les agrada que este tipo de situaciones trasciendan. Y cuando ocurre, intentan mantener el control, una característica que los ha acompañado desde que llegaron a la Casa Rosada, en 2003.
El esfuerzo de Cristina Kirchner de ayer por transmitir la idea de un gobierno en plena actividad hay que inscribirlo en esa línea argumental.
No había que repetir ayer, según dijeron, la escena de anteanoche con funcionarios que entraban y salían de la clínica, y hablaban con la prensa. "No hay que hacer de la operación de Kirchner el mismo cuadro que se vivía con la internación de Sandro", sostuvo un funcionario de extrema confianza del ex presidente.
Anoche admitían en la Casa Rosada que desde las primeras horas del día hubo un esfuerzo para no mezclar la operación de Kirchner directamente con el Gobierno. La imagen de todo un gobierno pendiente de la salud del ex mandatario hubiera colocado en un segundo plano a Cristina Kirchner.
La lógica del poder que se instaló en la Argentina desde 2003 obliga al gobierno de Cristina a no prescindir del poder ni de la capacidad política de su esposo. Los Kirchner han demostrado desde entonces ser una unidad, una moneda con dos caras, pero a la hora de las decisiones difíciles, tanto en el Gobierno como en las filas del oficialismo todos miran hacia la de Néstor.






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