Por Marcelo BonelliSe frustró una operación política que persiguió que el G-6, que reúne a los más representativos hombres de negocios del país, apoyara expresamente a Amado Boudou.
El conjunto de los hombres de negocios de la Argentina se negó a dar un apoyo explícito a la gestión del ministro de Economía.
La decisión obligó a corregir un documento ya redactado y cuyo objetivo era tratar de avalar políticamente a Amado Boudou.
En ese “borrador” se intentaba promover un apoyo unánime al ministro y hasta se lo mencionaba con nombre y apellido.
Así se frustró una operación que propició el equipo económico, filtrada a través de varios financistas de sólidos vínculos con un ministro al que muchos cuestionan en el ambiente empresario.
Esto sucedió a mediados de semana en la reunión del Grupo de los 6, cuando los líderes del establishment discutieron el comunicado que difundieron, advirtiendo implícitamente sobre las crecientes expectativas inflacionarias.
Adelmo Gabbi, titular de la Bolsa de Comercio, entregó un borrador de documento, en el cual se mencionaba al ministro y se le daba el apoyo por su gestión en el Grupo de los 20.
Hugo Biolcatti fue quien llevó el tema al encuentro y contó con el aval de Jorge Brito. La intención era utilizar la adecuada condena al insólito proyecto de Nicolás Sarkozy de regular el precio de las materias primas, para transformar ese rechazo en un espaldarazo a Boudou. El borrador que entregó Gabbi decía: “Compartimos con el ministro Amado Boudou su preocupación expresada en el G-20 contra la regulación de comercio internacional de materias primas.” Pero la iniciativa no prosperó entre los otros tres “popes” del grupo.
Carlos de la Vega dijo: “Me parece una exageración nombrar a Amado Boudou, sería un exceso que puede interpretarse como un apoyo político personal al ministro.” Enrique Wagner fue más diplomático, pero también firme: “Yo eliminaría su nombre, porque se puede mal interpretar en un comunicado oficial.” Miguel Acevedo acompañó la postura de ambos, pensando en la agitada interna de la UIA.
En la Unión Industrial hay dirigentes que desaprueban totalmente la gestión de Boudou.
El freno que puso el trío llevó a que Gabbi cediera a las presiones: accedió a sacar del texto la mención al ministro y propuso, en su lugar, usar el genérico “gobierno nacional.” La cuestión también reflejó cierto malestar que existe entre los hombres de negocios con el equipo económico.
Le cuestionan a Boudou una contradicción central: la incompatibilidad de su reclamo en favor del libre comercio internacional con los continuos controles que utiliza y aprueba en su propio país. También le reprochan su absoluta pasividad frente al aumento de las expectativas inflacionarias y, además, que acompañe el proyecto de Héctor Recalde para coparticipar las ganancias empresarias.
Boudou se ufana entre sus íntimos de la relación de privilegio que tiene con Cristina Kirchner. Pero, hasta ahora, no logró transformar esa confianza en un mayor volumen político para su figura. No sube en las encuestas y su actividad carece de éxitos concretos que pueda mostrar y capitalizar. Por eso buscó ese aval del G-6. Así intentó, sin suerte, dejar atrás su inocua gestión externa en Europa.
Participó del G-20, pero no fue recibido en privado por ningún ministro de las naciones desarrolladas, como él mismo promocionó desde su oficina de prensa para hablar del Club de París.
Como anticipó Clarín, la negociación con los acreedores está frenada. El Club de París le comunicó a la Secretaría de Finanzas que sólo avanzarán si la Argentina cancela casi al contado la deuda en default . Al principio Hernán Lorenzino manifestó su conformidad, porque a pesar del alto costo en divisas, el equipo económico quiere políticamente mostrar “un éxito” en su gestión. Mientras Lorenzino sondeaba la forma de “maquillar” mediáticamente semejante concesión, surgió otro impedimento: los sectores duros de Estados Unidos, Alemania y Japón prefieren cerrar un acuerdo de pago con el gobierno que viene y no con el equipo que se va.
La tensión con Washington generó ya cortocircuitos entre Boudou y Héctor Timerman. Estuvieron juntos en París, pero ni se dirigieron la palabra.
El ministro volvió a mostrar prepotencia y grosería con el periodismo.
Algo que se repite en todos sus viajes al exterior.
Una actitud que refleja su impotencia frente a una dura realidad: en los centros financieros internacionales no tiene credibilidad porque prometió soluciones concretas y no cumplió. Entre ellas: regularizar el INDEC, normalizar la relación con el FMI, cerrar la disputa con los bonistas y levantar el default con el Club de París Su primer traspié fue en la reunión del FMI en Estambul. Se reunió con Dominique Strauss-Kahn y anunció un acuerdo que permitiría la revisión de la economía por el artículo IV. Un día después tuvo que desdecirse por orden de Néstor Kirchner.
Ante esta realidad, la Unión Industrial tomó una prudente distancia de Boudou . Igual, en el agrupamiento empresario sigue el conflicto interno.
El lunes habrá una cumbre del Grupo Industriales para definir el candidato a presidente. Se reunirán a solas Luis Betnaza, Ignacio de Mendiguren y Adrián Kaufmann Brea. La premisa política será única: buscar una solución, pero priorizando la unidad del movimiento empresario . El desenlace de semejante ecuación obligaría a sacrificios personales de alguno de los postulantes. Ya no corre la candidatura de Osvaldo Rial y surgió una nueva: la de Guillermo Gotelli. La actual conducción de la UIA –en manos de la agrupación oficialista Celeste y Blanca– espera ansiosa estas definiciones. También apuesta a la unidad, pero si no hay un candidato de consenso reclamarán elecciones en la central fabril.











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