Por Martín Rodríguez YebraEs una guerra entre dos ejércitos impotentes. Uno, el kirchnerismo, quedó en minoría, perdió las armas con las que imponía su rigor y se resignó a una férrea estrategia defensiva. El otro, el bloque opositor, parecía tener mayoría y se propuso un ambicioso plan ofensivo, pero empieza a resignarse a que no puede ejecutarlo. Un día le falta un soldado; al siguiente, otro se pasa de bando. Ayer, el colmo: más de 15 llegaron tarde a la batalla.
Los opositores, en cambio, se desgajan a los gritos en sesiones testimoniales, enojados ante la imposibilidad de conjugar las matemáticas con la política y preocupados por el efecto que causa, en la opinión pública, su incapacidad de cumplir con la promesa de cambiar de raíz el modelo kirchnerista. No les queda siquiera el consuelo de la sorpresa: desde que cambió la composición de las cámaras, en diciembre, el oficialismo blanqueó que intentaría "cerrar el Congreso". No era una metáfora. Kirchner encomendó a sus jefes de bloque exprimir pacientemente el reglamento para encontrar, día tras día, la forma de impedir que la oposición concrete un plan que busca limitar las facultades ejecutivas de la Presidenta, sacarle el control de la "caja", impedirle echar mano a las reservas del Banco Central y reformar algunas de las estructuras institucionales con las que el Gobierno construyó un poder monolítico a lo largo de siete años.
Les salió casi siempre. Incluso la única victoria de la oposición, el reparto de las comisiones, quedó minimizada al no haberse traducido en un solo proyecto aprobado en lo que va del año.
Kirchner felicitó ayer por teléfono al senador Miguel Pichetto y al diputado Agustín Rossi, sus jefes de bloque, por haber evitado las dos sesiones. En el Senado se iba a votar una reforma en el reparto de lo recaudado por el impuesto al cheque; en Diputados se iba a rechazar el DNU que autorizó a pagar deuda con reservas del Banco Central. Estuvo generoso Kirchner. En realidad, sus legisladores tuvieron la jugada servida.
En el Senado la oposición volvió a confiar en Carlos Menem, que faltó por cuarta vez en el año a una sesión a la que -juran los peronistas disidentes- había prometido ir. En esa cámara el conglomerado opositor consiste, con suerte, en 36 + Menem. Necesita 37 para reclamar el inicio de la sesión. La denuncia posterior de todos los bloques sobre un acuerdo de Menem con el Gobierno, aunque verosímil, sonó a un pataleo tardío. Fue también la admisión pública de que la "mayoría opositora" ya no existe en el Senado.
Como en una función en continuado, la Cámara de Diputados completó el grotesco. Unos 20 diputados de la oposición llegaron tarde, sin justificación ni aviso, a la sesión prevista para derogar, después de varios intentos fallidos, el DNU de las reservas. Rossi sólo tuvo que hacer cumplir a rajatablas el reglamento, en complicidad con el repentinamente legalista Eduardo Fellner, presidente del cuerpo. Otra sesión caída por falta de quórum.
La indignación que estalló en las bancas opositoras una vez que se sentaron los más de 130 que rechazan el decreto sólo postergó por un rato la ola de reproches y pases de factura que se vivieron entre los socios antikirchneristas (que sólo Elisa Carrió ventiló en la sesión).
Cuestión de imagen
En el fondo les preocupa algo más: el desgaste persistente de su imagen pública. A Julio Cobos lo alarma la caída en las encuestas, cuentan dirigentes que lo frecuentan. Francisco de Narváez asumió que debe sentarse en su banca pero no hablar ni hacerse ver en el lodazal. Su prioridad es la campaña presidencial. Carlos Reutemann se indigna con la persistencia de los Kirchner para resistirse a negociar. Otros peronistas disidentes, como Felipe Solá o Adolfo Rodríguez Saá, parecen arrepentirse de la alta exposición en la pelea. Carrió se confiesa harta de pagar las facturas de una oposición sin estrategia.
En la UCR hay quienes se preguntan: ¿fue buena idea proponerse aprobar casi un plan de gobierno desde el Congreso con una mayoría tan endeble? ¿Quién paga el gasto, cuando el Gobierno sigue gestionando como si hubiera ganado las elecciones?
Kirchner se ilusiona. "El objetivo es igualar para abajo", ironizaba un dirigente oficialista que todavía cree posible un triunfo de su jefe en 2011, pese a los magros índices de popularidad que conserva.
Fantasía o realidad. Lo cierto es que Kirchner volvió a mostrar ayer más astucia para manejar su minoría menguante que la oposición para gestionar una mayoría formada con retazos, con proyectos políticos excluyentes entre sí y un rosario de rencores que los anteceden.
MODIFICARON EL CONTROL DE LOS DNU
* La oposición consiguió ayer la mayoría de firmas en las comisiones de Asuntos Constitucionales y de Peticiones, Poderes y Reglamento para aprobar un dictamen para modificar el régimen de seguimiento en el Congreso de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) dictados por el Poder Ejecutivo.











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