El objetivo excluyente en su agenda de flamante secretario de Gobierno es encontrar consignas en el ala política de la Casa Rosada para el armado en Córdoba, dominado por un kirchnerismo disperso y atomizado.
Marcelo Cáceres viajó ayer a Buenos Aires para mantener una serie de reuniones con funcionarios del gobierno nacional, con el objetivo excluyente en su agenda de flamante secretario de Gobierno, que consiste en encontrar consignas en el ala política de la Casa Rosada para el armado en Córdoba, dominado por un kirchnerismo disperso y atomizado.
La tarea no es sencilla, pero también es obvio que Cáceres, no sólo por su condición de peronista, es un político profesional avezado en este tipo de gestiones, mientras que el eyectado Walter Arriola tuvo su mayor momento de expectabilidad y exposición pública, antes de llegar al gabinete de Daniel Giacomino, con su página web de gastronomía “amigos de los jueves.com”.
El “embajador” y, particularmente su mandante, Giacomino, tienen una excelente vinculación en las dos puntos del relacionamiento institucional, los gobiernos nacional y provincial, e incluso con José Manuel de la Sota, aparte de dejar completo el cartón con su pésima animosidad y relación con Luis Juez.
Es decir, Giacomino cuenta con todas las acreditaciones necesarias para ser funcional a los adversarios del actual senador en los comicios del 7 de agosto. O, tal vez sea mejor decir, contaba.
Cierto estado de perplejidad en la Rosada que, en rigor, existe desde la muerte de Néstor Kirchner, impacta en Córdoba en la lectura sobre la interna peronista y sobre el rol que juega hoy el senador Juez.
Es que el legislador nacional prometía en la campaña electoral de 2009 “zapatearle en la banca a Cristina”, pero la semana pasada, por ejemplo, cambió su asistencia en la Cámara alta durante la interpelación de Aníbal Fernández, por quedarse en Córdoba para aparecer en una foto con Hermes Binner en una feria del mueble.
Hace bastante el jefe del Frente Cívico ha mantenido un bajo perfil como opositor en el Senado y hasta le ha facilitado el quórum al kirchnerismo, lo que se ha ido correspondiendo con el tono más que moderado de sus críticas al gobierno, pasando luego por la reivindicación de algunas medidas de la administración central y rematando en insinuaciones de que votaría a Cristina Fernández en una eventual segunda vuelta electoral en las elecciones presidenciales.
“Conectividad”
Además de la excelente “conectividad” de Giacomino con Nación, Provincia y el candidato peronista, hay encuestas sobre el intendente que marcan a su favor, en Capital, entre un 12% y un 19%, según la medición, que en el actual contexto son indicadores nada despreciables.
Esto le genera a Giacomino
-también a los que a él se acercan- un rango de expectabilidad poselectoral que es tenido muy en cuenta por políticos muy atentos a las mediciones. José Manuel de la Sota, por ejemplo, cercano al intendente y con un vínculo inicial más que por amor, por el espanto de ver al hoy senador gobernando la Provincia.
Giacomino tiene entre las distintas agrupaciones filo kirchneristas de Córdoba una ventaja institucional muy distinta, obviamente, y al margen de la sensación térmica que generan las críticas mediáticas -y sus problemas de gestión que efectivamente son muchos e importantes- las intenciones de votos que lo señalan son casi personales. Porque, debe convenirse, el intendente no ha podido construir, al irse del Frente Cívico, una estructura política sustituta, más allá de algunos sellos e, incluso, de su módica “Concertación Plural”.
Contra esto, el resto de las apoyaturas kirchneristas en Córdoba son poco menos que agrupaciones cuasi estudiantiles -La Cámpora, La Jauretche-. Cierto que también está Eduardo Accastello, pero en su coto mucho más chico de Villa María, del que no ha podido, casi, radiar más allá.








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