La crisis de las tomas volvió a potenciar su postulación presidencial. Cree que salió mejor parado que Cristina. Además, la Legislatura votaría hoy el Presupuesto
La taba se dio vuelta en el aire. La crisis social generada por la ocupación del Parque Indoamericano y otros predios de la Ciudad, del conurbano bonaerense y de varias localidades del interior del país volvió a modificar los planes electorales de Mauricio Macri. El jefe de Gobierno porteño no adelantará finalmente las elecciones porteñas a marzo, como tenía decidido antes de que comenzará el conflicto. Y volvió a postergar para febrero la definición sobre su candidatura. Según confirmaron hombres de su absoluta confianza, Macri esperará a ver cómo se desarrolla el foco de tensión en los próximos dos meses y evaluará la reacción del Gobierno nacional antes de decidir si peleará por la reelección o por el sillón de la Casa Rosada.
La excusa oficial para explicar la nueva voltereta será la aprobación del Presupuesto. Es casi seguro que la Legislatura aprobará hoy –con modificaciones– el proyecto original enviado por el Ejecutivo. Macri venía amenazando con convocar los comicios locales en marzo si la oposición no aprobaba esa ley fundamental para gobernar.
Pero, en rigor, también influyeron razones de estrategia electoral y los números de las encuestas. Por un lado, en su círculo intimo reconocen que sería “poco serio” llamar esta semana a elecciones en marzo –la legislación de la Ciudad obliga a convocar los comicios con 90 días de anticipación– en medio de un conflicto irresuelto y en alza. Ayer, el presidente de Argentinos Juniors, Luis Segura, denunció que un grupo de personas usurpó terrenos del club en el barrio de Villa Soldati (ver aparte), donde fueron construidas precarias viviendas. Esta ocupación se suma a la serie de tomas iniciadas en Soldati y que aún persisten en inmediaciones de la Villa 31 de Retiro y en el Club Albariño de Villa Lugano.
La intención de Macri con el adelantamiento era presentarse él mismo como jefe de Gobierno porteño para revalidar su gestión. La discusión pasaba entonces por la doble candidatura, ya que mantenía la posibilidad de postularse también a la Presidencia de la Nación. Pero en la mesa chica comprobaron, encuestas en mano, que la crisis por las tomas golpeó menos a Macri que a la presidenta Cristina Kirchner. Más allá de las responsabilidades de cada gestión por los muertos y heridos, en el macrismo creen que los porteños respaldan el accionar del jefe de Gobierno. Y que su discurso en contra de “la ocupación ilegal” y de la “inmigración indiscriminada” está en línea con el pensamiento de los vecinos. Esas palabras –que reconocen que en un principio amenazaron con volar por el aire cualquier candidatura de Macri– respondieron más a su propia ideología que a los consejos del asesor ecuatoriano Jaime Duran Barba. “Macri dijo lo que piensa por primera vez en mucho tiempo”, contó un hombre de su entorno. Según argumentan, un sondeo de Julio Aurelio le da la razón: el 70% de los porteños está en desacuerdo con que la Ciudad le otorgue viviendas a quienes realizan tomas.
Creen además que la Presidenta no demostró rápidos reflejos para enfrentar el conflicto y que la escalada social aumentará.
Con esos datos, volvieron a ilusionarse con las chances de llegar a un ballotage en octubre. “Yo le pido a la Presidenta que desaloje Albariños y todos los lugares tomados de la Argentina, porque merecemos tener una Navidad en paz, en armonía”, dijo ayer Macri con tono de candidato presidencial.
Coqueteos con el duhaldismo
Macri es consciente de que necesitará de acuerdos con el peronismo disidente en el interior del país y en la provincia de Buenos Aires para poder respaldar su postulación. Ayer, legisladores del PRO se reunieron con la tropa del ex presidente Eduardo Duhalde. La diputada Graciela Camaño, candidata a gobernadora bonaerense, y el duhaldista Gustavo Ferri, almorzaron con Jorge Macri -quien se postula al mismo cargo por el PRO, Christian Gribaudo y Soledad Martínez, entre otros dirigentes.








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