¿La fuga de la senadora provincial Leonor desde el kirchnerismo al massismo anticipa una jugada de su hermano Alejandro? Los K creen que sí, y dudan del intendente de Ezeiza y su esposa, la diputada Dulce Visconti. El tema en la Legislatura y el posible contagio
El efecto comienza a trascender los nombres propios y se instala como un fenómeno que se vive con entusiasmo en Tigre y con preocupación en Olivos y La Plata. Además, en la Legislatura bonaerense el Frente Renovador achica diferencias de número con la bancada del Frente para la Victoria.
El primer bombazo fuerte, más allá de las sospechas de la Casa Rosada sobre algunos intendentes que no habrían puesto toda la carne en el asador en las primarias, provino del Senado de la Provincia; pero el epicentro de la detonación fue el distrito de Ezeiza, donde Alejandro Granados manda desde su creación, en pleno apogeo del duhaldismo.
El estallido para los nervios, ya maltrechos, de la presidenta Cristina Fernández lo dio la senadora Leonor Granados, hermana del alcalde y figura poco trascendente hasta ahora en la cámara Alta provincial, donde si se destacó alguna vez fue por su discurso ultra K. El anuncio de Leonor de pasarse a las filas comandadas por Sergio Massa sorprendió intra y extramuros en la Legislatura.
Hacia dentro hubo reproches por la ineficacia para la contención de un bloque que en las últimas semanas perdió tres senadores y, con ello, el quórum propio. Además, el primer intento de sesión pospase de Granados naufragó bajo las agitadas olas de la interna massismo-kirchnerismo. Debe agregarse a esto la posibilidad de otro salto destacado en los próximos días.
Sin embargo, el verdadero escándalo por el realineamiento de la legisladora de Ezeiza trasciende los pasillos del parlamento provincial, y puso bajo minucioso estudio el comportamiento del intendente Alejandro Granados y de su esposa, la di-putada nacional en busca de la renovación de su banca por el FpV, Isabel “Dulce” Visconti.
Leonor se encargó de decir que la relación con su hermano transitaba por un momento complicado. Versiones similares surgieron en el distrito del aeropuerto, donde algunas fuentes, entre ellas periodísticas, destacaron como “distante” el vínculo entre los hermanos. Para justificarlo, el argumento esgrimido hace referencia a que “Alejandro tiene pensado irse en 2015, y eligió como posible sucesora a su esposa y no a su hermana”.
Los antecedentes indican que Leonor ya enfrentó a Alejandro en 2005, con una lista de concejales. Pero al poco tiempo volvieron a estar juntos, y el alcalde pudo reunir nuevamente la totalidad del concejo bajo su ala, como le gusta, casi siempre ha tenido y ostenta en la actualidad. Ahora, ella quiso también hacer una colectora con Unidos y Organizados, pero el intento no prosperó, al parecer, por influencia de su hermano.
Furia en la Rosada
Las justificaciones para la pelea entre los Granados no logran torcer la desconfianza imperante en el kirchnerismo duro, y no tan duro, acerca de una puesta en escena, hasta sobreactuada con actitudes como las de Dulce, quien presentó un proyecto de ley para castigar a quienes siendo electos por un partido se muden a otro en el ejercicio de su mandato.
Desde la Casa Rosada se dijo a La Tecla: “Cristina casi ni registraba a Leonor, pero cuando se enteró de la jugada estalló y vio traición en Alejandro”. Para la Presidenta, el suceso opera como la demostración más descarnada de una infidelidad, y hasta sirve como justificativo de las sospechas que recaen sobre otros jefes comunales. Sabe ella y sus laderos de los contactos fluidos con diversas patas del massismo tanto de intendentes como de candidatos a legisladores que también habrían sobreactuado su enojo tras las PASO.
“Fue un balde de agua fría”, reconoció un operador K. En tanto, uno de los pocos hombres que suelen reunirse con la primera mandataria a menudo dijo en rueda de colaboradores: “Ni yo ni nadie se come lo de la pelea. Si vos sos intendente, no se te puede escapar ninguno, y mucho menos tu hermana. Nadie nos saca de la cabeza, a mí y a la Presidenta, que acá hubo una traición”.
A favor de Granados se reconoce desde el propio kirchnerismo que la relación entre él y Cristina dista mucho de la mantenida con Néstor Kirchner. “Nadie sabe qué pasó, pero es obvio que el gordo (por el alcalde) está molesto con la Presidenta, siendo que era uno de los que más iban a Olivos cuando vivía Néstor”, confió una fuente K. Después del deceso del ex presidente, Granados estrechó más vínculos con Daniel Scioli que con Cristina.
También hay bronca en el Congreso nacional. “Acá nadie presenta un proyecto del Frente para la Victoria si no tiene la aprobación de Cristina”, trinaron las autoridades de cámara y del bloque del FpV cuando Dulce Granados formuló la propuesta de asegurar por ley la permanencia de los dirigentes dentro de los bloques políticos por los cuales fueron elegidos, y si no, en caso contrario, deberían renunciar.
Lo consideran una sobreactuación que para muchos “no hace más que confirmar el pase de la familia y no de una sola integrante”. Tanto Alejandro como Dulce desestiman estos comentarios. Desde su entorno aseguran que “la pelea con Leonor existe, y la que traicionó fue ella, no el intendente, ni la diputada”.
Como fuese, la advertencia ya se hizo escuchar, y Ezeiza será escarmiento de ira K ante el menor desliz del alcalde y su esposa. “Servirá de ejemplo para los demás”, se rumorea en los corrillos donde se mueven los ortodoxos.
La mirada del massismo
“A nosotros, si se juega al misterio con el posible pase de (Alejandro) Granados, no nos viene mal. Ya ha pasado que ha mandado a jugar a la hermana y después se unen”, reconoció ante La Tecla uno de los armadores políticos del Frente Renovador.
El mismo interlocutor aseveró que “según dice la propia Leonor, ella no arregló nada con el hermano, que habría llamado al marido de ella para que no se pasara, pero ya lo tenía decidido”.
El intendente de Tigre sigue con su etapa de reclutamiento, y logró un golpe de efecto importante. “Si se pasó Leonor Granados, que era una kirchnerista cercana a Unidos y Organizados y al vicegobernador (Gabriel) Mariotto, acá puede pasar cualquier cosa”. Esta y otras frases del mismo tenor se escuchan tanto en el massismo como en el sorprendido kirchnerismo.
Es, sin duda, el mayor temor de la Casa Rosada y del gobernador Daniel Scioli, quien necesita retener voluntades dentro del FpV y encauzar desde adentro el inminente poskirchnerismo.
El efecto Granados fue una explosión cuya onda expansiva aún resuena, y cuyas consecuencias finales no se podrán medir hasta que el proceso termine. Y eso va más allá del 27 de octubre, más allá de Ezeiza y más allá de un apellido.





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