Las mujeres duplican a los varones en el uso de moratorias y sufren un haber menor, mientras creció el alquiler en la tercera edad y la participación laboral en edad de jubilarse alcanzó su nivel más alto en diez años.
La población argentina experimenta un proceso continuo de envejecimiento que plantea profundos desafíos económicos, habitacionales y sanitarios. Según el último dosier estadístico elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) en conmemoración del Día Internacional de las Personas de Edad, la expectativa de vida al nacer alcanzó los 80,2 años para las mujeres y los 74,4 para los varones.
Al llegar a los 60 años, las mujeres tienen una perspectiva de vivir 23,8 años adicionales y los hombres 19,5. Esta mayor longevidad consolidó el "envejecimiento del envejecimiento": el colectivo de 75 años y más pasó de representar el 23,7% de los adultos mayores en 1980 al 30,3% en 2022.
Esta dinámica demográfica muestra una marcada feminización de la vejez, caracterizada por una alta frecuencia de viudez y arreglos de convivencia particulares. Entre las mujeres de 75 años y más, el 37,1% vive en hogares unipersonales y el 37,5% en hogares multigeneracionales.
En contraste, los varones de esa edad habitan mayoritariamente en hogares unigeneracionales en pareja (43,8%). Además, el 66% de los hombres de 60 años y más está casado o unido, frente a solo el 42% de las mujeres.
Paralelamente, las condiciones de acceso a la vivienda sufrieron transformaciones estructurales. Aunque el 79,0% de los adultos mayores es propietario de su hogar, entre 2001 y 2022 la proporción de hogares con jefe o cónyuge mayor de 60 años que alquila aumentó un 70%, pasando del 6,6% al 11,2%.
Disparidad en los ingresos y récord de trabajo en la tercera edad
El plano económico expone desigualdades estructurales de género en el sistema previsional. Al tercer trimestre de 2025, el 71,6% de la población en edad jubilatoria dependía exclusivamente de su haber, un 11,9% combinaba la jubilación con el trabajo y un 10,0% carecía de cobertura previsional.
Sin embargo, el acceso según el historial de aportes refleja brechas pronunciadas: a junio de 2026, el 51,0% de los varones jubilados accedió mediante aportes regulares sin moratoria, mientras que solo el 20,6% de las mujeres lo logró por esa vía, obligando al 79,4% de las mujeres a recurrir a moratorias previsionales.
Esta diferencia en la trayectoria laboral se traslada de forma directa al monto de las prestaciones. En junio de 2026, por cada 100 pesos que percibió un varón por jubilación, una mujer recibió en promedio 72 pesos ($893.978 en hombres frente a $647.279 en mujeres).
Ante la presión sobre los ingresos, en 2025 la tasa de actividad (20,6%) y la de empleo (20,0%) de las personas en edad de jubilarse alcanzaron los valores más altos del decenio 2016-2025.
La permanencia en el mercado laboral responde tanto a necesidades de subsistencia como a razones de perfil socioeducativo: la tasa de actividad llega al 23,0% en el quintil de menores ingresos y asciende al 31,6% en el quintil de mayores ingresos, impulsada por los varones con estudios superiores (34,3%). La participación cae de manera drástica a partir de los 75 años, donde se ubica en el 6,5%.
Causas de mortalidad y la brecha silenciosa en salud mental
En materia de salud, la cobertura alcanza al 93,0% de los adultos mayores de 60 años y se eleva al 98,0% en los mayores de 75 años, sustentada principalmente por el PAMI.
Los datos de mortalidad de 2024 señalan que las enfermedades circulatorias se mantienen como la principal causa de muerte con el 32,8% del total (un avance de 6 puntos porcentuales respecto a 2017). Los tumores explican el 25,6% de los fallecimientos entre los 60 y 74 años, mientras que las enfermedades respiratorias adquieren mayor letalidad a partir de los 75 años, representando el 28,0% de los decesos.
Por último, el relevamiento revela una marcada disparidad en la salud mental y la percepción del bienestar. En 2022, el 19,6% de las mujeres de 60 años y más (casi dos de cada diez) consultó a un profesional por cuadros de angustia, depresión o problemas personales, duplicando la tasa registrada en los hombres (9,4%). Asimismo, mientras el 63,4% de los varones evalúa su estado de salud como bueno o muy bueno, en las mujeres esa autopercepción favorable desciende al 57,5%.
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