Luego medio siglo sin relaciones diplomáticas, el incipiente deshielo entre ambos países comienza a tomar forma; embargo y derechos humanos, cuestiones aún pendientes
Comienzo de una nueva era: EE.UU. y Cuba reanudarán hoy sus relaciones diplomáticas con la reapertura de sus embajadas tras más de medio siglo, en una jornada que pondrá fin simbólicamente a la Guerra Fría en el continente americano.
Más de 54 años pasaron desde que el 3 de enero de 1961, tras meses de tensiones desde el triunfo de la revolución liderada por Fidel Castro en 1959, ambos países cerraran sus respectivas embajadas.
Siguieron después décadas de hostilidades abiertas, alguna invasión frustrada y una rivalidad ideológica que llegó a poner al mundo incluso al borde de la guerra nuclear con la Crisis de los Misiles en 1962.
El enfrentamiento con la isla comunista llevó también al gigante capitalista a imponer un duro embargo a Cuba, una de las medidas de la política exterior estadounidense más cuestionadas hoy en día.
El conflicto ideológico, que levantó un muro entre dos países cuyas costas están separadas por apenas unos 140 kilómetros, fue también uno de los mayores lastres para las relaciones de Washington con América latina en las últimas décadas.
El día de hoy, como entonces el 3 de enero de 1961, pasará ahora a la historia como el comienzo de una nueva era.
Será “un histórico paso hacia adelante para normalizar las relaciones con el gobierno de Cuba y su pueblo, y para empezar un nuevo capítulo con nuestros vecinos en las Américas”, declaró el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.
El primer paso se había dado en diciembre, cuando ambos países anunciaron que reanudarían relaciones, tras negociar durante meses en secreto.
A ello le siguieron periódicas conversaciones y el inédito encuentro en abril en Panamá entre Obama y el presidente cubano, Raúl Castro. El acercamiento, sin embargo, no terminará hoy: ambas partes ya señalaron de antemano que la plena normalización de relaciones será un camino “largo y difícil”.
“Nadie espera que Cuba se transforme de la noche a la mañana”, declaró Obama.
Bajo la presidencia de Raúl Castro, la isla llevó a cabo una paulatina apertura económica y permite a sus ciudadanos salir libremente del país y trabajar por cuenta propia, entre otras flexibilizaciones. Organizaciones internacionales, sin embargo, siguen criticando al gobierno de La Habana por la restricción a las libertades civiles.
Para Obama, el acercamiento con Cuba es, junto con el reciente acuerdo nuclear alcanzado con Irán, una de las grandes apuestas de su gobierno en política exterior. En el caso de Cuba, persisten resistencias internas en Estados Unidos, como las manifestadas por representantes republicanos.
Raúl Castro, por su parte, reiteró la semana pasada que, para poder tener “relaciones normales”, Washington debe levantar el embargo que impuso a Cuba en los años ’60. El hermano menor de Fidel Castro exigió también la devolución de la base naval de Guantánamo, otro de los antiguos reclamos de Cuba.
De momento, Estados Unidos no nombró embajador para la legación situada frente al famoso Malecón habanero. Ahí no ondeará hoy la bandera de las barras y las estrellas, que se izará durante una próxima visita a Cuba –aún sin fecha– del secretario de Estado, John Kerry.
El simbolismo estará sobre todo en lo que ocurra en la legación de Cuba en Washington, donde se celebrará una ceremonia en la que izará la bandera el canciller Bruno Rodríguez.
El ministro de Exteriores cubano, el primero que visita oficialmente Estados Unidos desde 1959, se reunirá luego con Kerry.
Rodríguez liderará en Washington una nutrida delegación cubana de 28 personas, conformada entre otros por el cantautor Silvio Rodríguez, el escritor Miguel Barnet y el ex canciller Ricardo Alarcón.
“No tenemos que ser prisioneros del pasado. Cuando algo no funciona (la vieja política de aislamiento hacia Cuba) podemos cambiarlo y lo cambiamos”, defendió Obama, que cree que con el intercambio y la diplomacia será más fácil propiciar el cambio que no llegó con la mano dura.
Promesas de campaña
El precandidato republicano Marco Rubio aseguró ayer que rompería relaciones con Cuba en caso de llegar a la Casa Blanca.
Rubio, de padres cubanos y uno de los favoritos en la carrera republicana para las elecciones presidenciales de 2016, hizo de su oposición al deshielo con la isla uno de sus principales argumentos de campaña.
“Se tendrían que cumplir una serie de condiciones antes de que con mi administración hubiera relaciones normales con Cuba”, manifestó ayer el senador por la Florida.
Otro precandidato republicano, Jeb Bush, también aseguró que una embajada de Estados Unidos en La Habana “probablemente” no permanecería abierta por mucho tiempo si finalmente fuera elegido presidente en 2016.
Optimismo y cautela en la isla
Durante décadas representó al enemigo nideológico en la isla, pero la imagen de Estados Unidos fue cambiando poco a poco en Cuba.
Así, la reanudación de las relaciones no se vivió con especial intensidad en la isla y la discreción rodea aún a la legación estadounidense en La Habana.
La Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba, ubicada frente al Malecón, será desde hoy oficialmente una embajada. La fiesta, sin embargo, está pospuesta hasta la visita del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, en una fecha aún por fijar.
En las calles, en tanto, algunos símbolos del país vecino delatan que algo cambió: pequeñas banderas, remeras u otras prendas de vestir en los colores de las barras y las estrellas, parecen simbolizar que la etapa de la enemistad más encarnizada terminó.
“Yo espero muchas cosas bonitas después del día 20″, dice Niuris Higueras, de 40 años, propietaria de un “paladar” en La Habana, uno de los restaurantes privados abiertos después de las reformas impulsadas por Raúl Castro.
La clientela de su local la componen en un 85% estadounidenses, dice Higueras.
“Todo acercamiento es bueno”, cree también Yaima Pardo, realizadora de cine y televisión habanera de 35 años.
“Si dejan invertir a empresas americanas en Cuba, sería genial”, comenta.
El acercamiento con Estados Unidos, sin embargo, también despierta escepticismo en algunos miembros históricos del Partido Comunista.
“El primer reto es no dejarse deslumbrar por el consumismo y las cosas bonitas, que llaman la atención de los jóvenes”, declaró recientemente en una entrevista con el diario “Juventud Rebelde” el vicepresidente José Ramón Machado Ventura.




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