La sentencia utilizada cada vez con mayor frecuencia por el entorno de la Presidente para justificar sus pasos, divide opiniones en el oficialismo. Para algunos la diferencia quedará marcada con la elección de los vices que acompañarán su reelección y la de Scioli. Para otros, el anuncio confirmará las últimas decisiones que Kirchner no llegó a adoptar.
“Cristina no es Néstor” es la muletilla con la que su entorno procura, de forma enigmática, justificar las decisiones que orientan su estrategia y que dividen opiniones en un oficialismo fiel a la tradición del peronismo, precisado de candidaturas que marquen su horizonte electoral.
Para algunos de ellos, la elección de los candidatos a vicepresidente y vicegobernador bonaerense será un indicio claro de las diferencias entre uno y otro período. Para otros, la confirmación que sigue a pié juntillas las decisiones que su esposa y antecesor en el cargo no llegó a adoptar pues su muerte, pese al delicado estado de salud que atravesaba, no figuraba como riesgo cierto en los planes del kirchnerismo.
El debate remite a los últimos días del ex presidente conmovido por dos hechos: el acto convocado en el estadio de River por el jefe de la CGT, Hugo Moyano, y la muerte de Mariano Ferreyra quien recibió un balazo en la protesta gremial que enfrentó a sectores de ultraizquierda con militantes de la Unión Ferroviaria.
Ambos acontecimientos renovaron las tensiones con el camionero y con algunos intendentes del Conurbano a los que habría virtualmente interpelado el ex presidente en la búsqueda de información que le permitiese esclarecer lo ocurrido con el joven militante del Partido Obrero.
Existe, sin embargo, coincidencia en un punto: el anuncio de los candidatos expresará la interpretación que se hará pública de aquellos acontecimientos y acaso aporte indicios de la evaluación más íntima efectuada por la pareja durante las últimas horas que compartieron en Santa Cruz.
Moderación
La moderación impresa a la gestión de gobierno desde la desaparición de Kirchner no sería sólo una bandera electoral, confían en el entorno de la Presidente quien no se sentiría a gusto con el grupo de funcionarios inclinados a una ampulosidad que los alejaría de sus expectativas electorales.
Ese tono general, no obstante, tendría como excepción a Scioli y a Moyano por diferentes circunstancias. Al gobernador bonaerense necesitaría mantenerlo condicionado para que “el 11 de diciembre no comience el peregrinaje a La Plata”, si Cristina es reelecta y es incontrastable su imposibilidad de acceder a un nuevo turno presidencial.
Eso explicaría el renovado brío otorgado a Martín Sabbatella, quien habría sido asesorado por Jorge Landau para explorar alternativas que le permitiesen adherir a las candidaturas a intendentes de un arco que el diputado de Nuevo Encuentro definió como “centro progresista” y en el que incluyó por igual a los de resuelto alineamiento con la Casa Rosada y a los que mantienen afinidad con Scioli.
El apoderado del PJ fue cruzado por Cacho Álvarez, acaso como un acto reflejo de Scioli, de relación oscilante con los alcaldes con los que logró enhebrar una alianza para los comicios del 2011 bajo la promesa de su candidatura presidencial en el 2015. Colaboradores de Sabbatella en la Tercera Sección Electoral liberan de culpas al apoderado del PJ y aseguran que fueron los propios intendentes mencionados por su líder en apariciones radiales quienes negociaron de forma personal esa alternativa. Aunque se abstienen de dar nombres.
Si ese panorama se completase con la competencia de Sergio Massa en la interna abierta del PJ el próximo 14 de agosto, podría cobrar cuerpo el peor de los augurios previstos en marzo por el núcleo de alcaldes que más resistencia verbalizó a las listas colectoras y ubicadas en cercanías de Scioli por tal motivo.
“Massa en la interna, De Narváez y Sabbatella en la general”, vaticinaron entonces en alusión al desgastante proceso electoral que parece confirmarse con el acuerdo en ciernes entre Ricardo Alfonsín y el empresario devenido en diputado, que alentaría su postulación a gobernador con una colectora en adhesión a la presidencial del radicalismo.
Calma
El respaldo de Scioli a la empresa electoral de Amado Boudou en la Capital parece un síntoma del regreso a la calma. El ministro de Economía es el principal candidato a vicepresidente del oficialismo y su proselitismo por la jefatura de Gobierno obedecería a ese objetivo. El gobernador parece haber expresado un gesto de buena voluntad que aguardaría ser correspondido sin vetos a la candidatura de Cristina Álvarez Rodríguez en la fórmula provincial.
La ministra de Infraestructura bonaerense es, para operadores K, “la mejor ofrenda de Scioli” para convertir en profecía autocumplida la idea que será él quien lo elija. De la funcionaria cautiva en el oficialismo su prosapia pero también el bajo perfil que mantiene en la gestión y el hecho de mantener diálogo propio con el gobierno nacional.
Lo que dejaría fuera de carrera a Gabriel Mariotto. Fuentes kirchneristas le adjudican incluso dificultades para encaramarse en la lista de diputados nacionales. Si bien reconocen la pelea llevada adelante contra el grupo “Clarín” especulan esa etapa podría darse por superada en un segundo mandato de Cristina.
En un curioso e inaccesible cálculo de compensaciones que elaboran a ambos lados del General Paz, las pretensiones del jefe de la Afcsa se anulan de forma recíproca con las de Julio Pereyra como las de Cacho Álvarez con Julián Domínguez. Mariotto no superaría el filtro que podría imponer Scioli y el intendente de Florencio Varela habría perdido la gravitación que tenía con Kirchner en vida.
Los ministros de Desarrollo Social bonaerense y el de Agricultura de la Nación se neutralizarían entre sí por las suspicacias que sus nombres despiertan en la Casa Rosada y en la del Gobierno bonaerense.
Incógnita
El caso de Moyano es el que despierta más incógnitas en el peronismo bonaerense donde se descree del mundo feliz que transmite a los intendentes Omar Plaini, principal operador político de los camioneros. Entre los alcaldes llama la atención el inusual estado de desobediencia de las filas sindicales para sumarse a la moderación que viene reclamándoles la Presidente.
El acto de la CGT sigue provocando comentarios encontrados. No sólo por la misiva que envió Cristina y en la que no citó una sola vez a Moyano. También por las pancartas que portó la juventud de la Unión Ferroviaria (UF) exigiendo la excarcelación de José Pedraza, su secretario general. La concurrencia de los ferroviarios al mitin estuvo condicionada a que fuese aceptada la consigna que llevarían y que fue aceptada por los directivos de la central obrera.
La UF logró retomar contacto con Moyano los primeros días de abril y luego de haberlo perdido tras la muerte de Ferreyra. El camionero prometió colaborar con la situación judicial de los dirigentes encarcelados. La oferta fue tomada con pesimismo por el resto de la conducción que deja trascender el clima de malestar con el gobierno que embarga a una amplia porción del espectro sindical.
Desde el kirchnerismo se admite que Pedraza quitó del ojo de la tormenta a Moyano, contra el que preparaba una ofensiva luego del acto en River Plate el pasado 15 de octubre, que Kirchner y su esposa vivieron como un literal “apriete” y luego del que habrían resuelto no volver a compartir tablas con el camionero.














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