El crecimiento no llega a la mesa familiar: cae el consumo y crece la deuda para comprar alimentos

El crecimiento no llega a la mesa familiar: cae el consumo y crece la deuda para comprar alimentos

Por primera vez en el siglo XXI, el PBI y el consumo masivo se desacoplaron. Mientras tanto, 9 de cada 10 hogares tiene alguna deuda y el 63% del uso de las tarjetas ya se destina a comprar alimentos.

Por

Eugenia Rodríguez

La economía argentina puede mostrar recuperación, pero el consumo de los hogares cuenta otra historia. De hecho, por primera vez en lo que va del siglo XXI, el PBI y el consumo masivo dejaron de moverse en la misma dirección: mientras la actividad económica alcanzó en abril de 2026 un nivel 16% superior al de 2021, el consumo masivo quedó 17% por debajo. Detrás de ese desacople aparece una recuperación que no llega de la misma manera a todos los sectores ni a todos los hogares, y que empieza a mostrar una característica central del modelo económico de Javier Milei: el crecimiento del producto convive con un mercado interno debilitado y con una capacidad de compra cada vez más fragmentada.

Así lo señaló un informe privado que relevó la situación diferentes provincias el país y precisó que mientras algunos todavía pueden sostener consumos no esenciales, comprar bienes durables o incluso acceder a productos del exterior, una gran mayoría restringe gastos cotidianos, cambia de marcas y busca promociones para llegar a fin de mes. Y para una parte creciente de los hogares, incluso ese ajuste ya no resulta suficiente.

En ese escenario, el endeudamiento deja de ser una herramienta para financiar consumos extraordinarios y empieza a funcionar como un mecanismo para sostener la vida cotidiana. El problema ya no es solamente cuánto se consume ni cuánto se debe, sino la capacidad de pagar: casi el 30,0% de los hogares endeudados acumula más de tres obligaciones, 9 de cada 10 de las deudas relevadas está impaga o incumplida y el 44% de los hogares destina más de la mitad de sus ingresos mensuales a pagar deudas. El dato que echa por tierra cualquier intento de limitar el problema a decisiones meramente individuales es que el 62,5% del uso de las tarjetas de crédito se destina a comprar alimentos. Es decir, el crédito dejó de ser una herramienta para ampliar el consumo y se destina a sostener necesidades básicas ante la crisis e ingresos y empobrecimiento de las condiciones de vida. 

 

Ajuste en la mesa familiar

Si durante los años de alta inflación predominaba el “adelantar compras” para ganarle a los precios, hoy la lógica que se impone en nuestro país es otra: se administra peso por peso, se comparan promociones, se combinan canales y se arma un circuito de consumo fragmentado en busca del menor precio aunque, a veces, ni siquiera así alcanza para acceder a los bienes básicos de la mesa familiar. 

Sin embargo, lejos de tratarse de situaciones excepcionales o meras decisiones individuales como dio a entender el presiente Javier Milei en varias oportunidades, lo anterior hay que entenderlo en el marco de una economía que pese a evidenciar cierta recuperación tiene una particularidad que no se había registrado en lo que va del siglo XXI: el consumo masivo dejó de acompañar al Producto, según se desprende de un informe de la consultora Moguier, al segundo trimestre de 2026.

 

De hecho, el dato más llamativo del documento al que accedió este medio aparece cuando se cruzan dos variables que históricamente avanzaron de manera bastante cercana: la actividad económica y el consumo masivo. Tomando 2021 como base 100, el PBI/EMAE alcanzó los 116 puntos en abril de 2026, mientras que el consumo masivo total a través de los distintos canales quedó en apenas 83. En otras palabras, la economía se ubicó 16% por encima del nivel de 2021, pero el consumo cotidiano quedó 17% por debajo. El informe lo definió como un fenómeno “inédito en lo que va del siglo XXI, por primera vez, producto y consumo se desacoplan”.

La secuencia permite ver cuándo se produjo la ruptura. Tomando 2021 (mandato de Alberto Fernández) como punto de partida de ambos indicadores, un año después, en 2022, el PBI/EMAE subió a 105 y el consumo masivo a 103, mientras que en 2023 volvieron a quedar prácticamente empatados, con 104 puntos cada uno. No obstante, desde 2024 (ya en la gestión de Javier Milei) las trayectorias se separaron: mientras el producto se ubicó en 105, el consumo masivo cayó a 90. En 2025 se produjo una nueva caída fuerte del consumo, con un PIB que rebotó, pero con un consumo que no recuperó los niveles previos a la asunción (la actividad siguió recuperándose hasta 112 y el consumo apenas llegó a 92). Para abril de 2026, la brecha se había profundizado hasta los 34 puntos.

 

La consultora también analizó en un documento previo lo sucedido en los últimos 20 años y dio cuenta de que durante la presencia de Néstor Kirchner (2003–2007) tuvo lugar un fuerte crecimiento tanto del PIB como del consumo, posteriormente entre 2007-2015 (presidencia de Cristina Fernández de Kirchner) continuó la suba y el consumo acompañó, pero algo por debajo del PIB. En el lapso de 2016–2019, con el gobierno de Mauricio Macri se observó estancamiento y luego caída, con un consumo que retrocedió más que el Producto.

 

 

El relevamiento realizado en formato online a población de 16 a 5 años del país, precisó que la particularidad del escenario actual, entonces, no es solamente que las familias consuman menos, sino que la recuperación de la actividad dejó de tener como contracara una recuperación equivalente del mercado interno. En ese sentido identificó comportamientos diferentes según cada territorio. El propio informe de Moiguer advirtió que el “promedio país” ya no alcanza para entender al consumidor argentino.

Por un lado, Neuquén aparece como el caso más extremo. Allí, el 74% de los encuestados declaró haber realizado gastos suntuarios —consumos no esenciales como salir a comer, entretenimiento, vestimenta por gusto o tecnología—, diez puntos por encima del promedio nacional. Además, 31% afirmó haber realizado compras en el exterior durante los últimos meses, 15 puntos más que en AMBA. En CABA aparece también un nivel elevado de consumo no esencial: 73% declaró haber realizado gastos suntuarios. El informe caracteriza ese comportamiento como un consumo empujado por el sector financiero y los servicios, una dinámica diferente de la que se observa en otras regiones.

 

Por su parte, Córdoba representa una situación intermedia. Allí aparece lo que Moiguer denomina un “perfil compensador”: hogares que restringen sus gastos cotidianos, pero al mismo tiempo preservan algunos consumos asociados al disfrute. La lógica es ajustar las compras habituales y pasar a segundas marcas o “hacer cuentas más finas”. En GBA, en cambio, el deterioro de la capacidad de compra es mucho más marcado. El 60% señaló una mirada pesimista sobre la situación del país, su situación personal y su poder adquisitivo. La percepción es clara: el dinero “se esfuma más rápido” y empieza a convertirse en un problema para personas para las que antes no lo era.

 

En correlato, los datos más recientes dela consultora Scentia permiten poner esa desconexión en contexto. El informe de julio mostró que, el consumo masivo cayó 2,6% respecto de idéntico mes de 2025 y acumuló una baja del 2,9% en el primer semestre del año. La contracción se observó tanto en grandes hipermercados (-0,6%) como en "autoservicios independientes" (-1,2%) y hasta en las ventas en los kioscos (-6,1%).

 

Vivir para pagar deudas

Frente a la crisis económica para muchas familias argentinas no alcanza solamente con cambiar hábitos de consumo, marca o productos, sino que terminan recurriendo a estrategias que complementen ingresos, tal el caso del endeudamiento, que llegó a niveles récord en este último tiempo.

Al respecto, casi la mitad de los hogares (47,7%) no llega a fin de mes y desplegó alguna estrategia complementaria para intentar sobrevivir. Así lo precisó un documento del Instituto Argentina Grande (IAG) que indicó que, en el primer trimestre de este año, el 16,2% de los hogares se endeudaron con conocidos y un 14,8% se endeudaron financieramente. Contra el primer trimestre de 2023 el endeudamiento con entidades financieras para llegar a fin de mes creció un 55,9% (es la estrategia complementaria que más se disparó).

 

 

Por su lado, un relevamiento realizado por el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) realizado este mes, puso sobre la mesa el carácter estructural de la problemática, “cuya evolución compromete simultáneamente la capacidad de consumo, el ingreso disponible, la estabilidad patrimonial y las perspectivas de recuperación económica de una parte significativa de la población”, según analizaron los especialistas.

Un aspecto contundente tiene que ver con la magnitud del fenómeno: el 92,3% de los hogares argentinos registra algún tipo de deuda. Del total de las deudas relevadas se indicó que el 50,7% corresponde a obligaciones deducibles mediante información del BCRA, mientras que 49,3% se vincula con deudas no contabilizadas en dicha fuente oficial. Dentro del primer grupo se encuentran: Tarjetas de Crédito (31,1%), Préstamos de Billeteras Virtuales, Financieras y Prestamistas Regulados (10,2%), y Obligaciones con Entidades Bancarias (9,4%). 

 

Pero casi la mitad del endeudamiento de los hogares se encuentra fuera de ese universo: Fiado en Comercios de Proximidad (13,3%), Alquileres de Vivienda (12,5%), Impuestos, Tasas y Expensas (8,5%), Préstamos Familiares, de Amistades y/o Prestamistas -no regulados- (4,7%), Servicios de Empresas Privadas (4,3%), Educación Privada (2,2%), Deudas sin especificar (2%) y Servicios Públicos (1,8%). 

Sin embargo, el dato más preocupante no es la cantidad de deudores, sino la acumulación de obligaciones: el 28,4% de los hogares endeudados acumula más de tres deudas. De igual modo preocupa la morosidad que alcanzó una dimensión crítica: 88,9% de las deudas relevadas se encuentra impaga o incumplida. En paralelo, las deudas que se encuentran en vía judicial alcanzaron el 41,3%. La consecuencia para la vida familiar es alarmante: 44% de los hogares destina más de la mitad de sus ingresos mensuales al pago de deudas (en 2024 era 18%).

El PBI recupera terreno, pero el consumo masivo queda atrás y se amplía la distancia entre unos pocos que pueden sostener consumos no esenciales y una mayoría que debe ajustar incluso sus gastos cotidianos. En ese sentido, el desacople entre Producto y consumo no parece ser sólo un dato estadístico: es una consecuencia directa que está dejando el modelo económico libertario.

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