“El crecimiento en Argentina no se tradujo en bienestar general”

De cara a los comicios internos del 30 de abril, el precandidato presidencial de la UCR estuvo en Corrientes. Recibió el respaldo de la cúpula local. Dijo que es hora de reparar las injusticias de las políticas nacionales con las provincias del Norte argentino.
No es algo inusual verlo a Ricardo Luis Alfonsín en Corrientes. Su presencia acompañó a la de su tocayo, Ricardo Colombi, cuando éste pugnaba por llegar a la gobernación de la provincia. Es más, ayer afirmó que el Mandatario provincial es “su amigo”, palabras que fueron retribuidas de igual manera por el titular del “sillón de Ferré”. Por ello no sorprendió la visita a la tierra del Taragüí del precandidato presidencial de la Unión Cívica Radical (UCR) de cara a las internas del 30 de abril. Tampoco llamó la atención el acompañamiento casi total de los principales referentes locales de la fuerza de la pluma y el martillo.

Tras su paso por una escuela en el barrio San Jerónimo que lleva el nombre de su padre, el extinto ex presidente Raúl Alfonsín, el hijo del primer mandatario que gobernó Argentina tras la última dictadura militar llegó hasta el club San Martín (un espacio predilecto para los radicales correntinos).

La mañana capitalina se presentaba gris y lluviosa. En sede del club del barrio La Cruz, Alfonsín primero enfrentó a una veintena de periodistas. Un rato después, ya en el acto proselitista, ante un millar de correligionarios esbozó un discurso similar a las respuestas dadas a los hombres de la prensa.

El tenor de sus palabras tuvo un tono muy por debajo de aquel que esgrimía su padre cuando buscaba el “sillón de Rivadavia”. Sin embargo, en lenguaje medido, criticó la pérdida de oportunidad histórica de industrializar la producción primaria en un contexto internacional muy favorable para Argentina. Recordó, incluso, las palabras de Carlos Pellegrini (de quien aseguró fue uno de los más lúcidos de la derecha liberal) quien hace más de un siglo dijo; “No nos podemos conformar con ser simplemente el granero del mundo”.

Si bien reconoció que en los últimos ocho años (periodo presidencial del matrimonio Kirchner) Argentina tuvo un crecimiento sostenido “a tasas chinas”, ello no se vio reflejado en el bienestar de los argentinos. Señaló que la salud, la educación, la seguridad, el trabajo y el transporte, entre otros, está igual o peor que al momento del despegue de la exportación de los productos primarios.

Al momento de evaluar la situación del interior argentino, Alfonsín dijo que existe una “diferencia abismal” con “el Centro (distritos con mayor industrialización)” y que “es hora de reparar las injusticias con las provincias del Norte”.

Dijo que es impensable que en un país que produce alimentos para 400 millones de personas exista el actual nivel de desnutrición y mortalidad infantil.

También señaló que continuará con los planes sociales pero que modificará su concepción actual mientras se lleve adelante el proceso de industrialización. Dijo que hoy es “una práctica humillante convertida en una fortaleza electoral” del oficialismo.

Un momento curioso, tanto en la conferencia de prensa como en el acto, fue cuando señaló que no es “un chupacirio ni un hombre que vaya todos los domingos a la Iglesia” pero que le llegó muy profundo en su infancia, cuando cursó estudió en un colegio católico, la enseñanza de Cristo en la lucha contra la injusticia y la opción por los pobres.

No faltó el recuerdo de la presidencia de su padre y la contextualizó con el momento actual y la década de gobierno de Carlos Menem. “Cuando fuimos gobierno (desde el 1983 a 1989), el mundo estaba en recesión, nadie nos compraba y los productos primarios nada valían”, recordó. “En la década del 90, nada se hizo por el interior y por la producción. Se dejó que el mercado manejara la economía sin la intervención del Estado. Pero ahora la situación es inmejorable, no por las bondades de este gobierno sino por el contexto mundial que necesita cada vez más alimentos y que permitió el despegue de América latina”, agregó.

Al analizar la coparticipación de recursos que se distribuye a las provincias, si bien señaló que es necesaria una nueva ley porque la actual ya tiene décadas, dijo que antes sería necesario cumplir con la vigente. Otra vez recordó el gobierno de su padre. “Éramos un país muy pobre, sin recursos. Sin embargo, Nación repartía el 60% de los ingresos a las provincias. Hoy, con la bonanza, sólo alcanza al 25%”, apuntó. Dijo que la administración del kirchnerismo busca “tener a los gobiernos provinciales y municipales de rodillas”.

De padre a hijo

Ricardo Alfonsín busca algo que la historia argentina guardó sólo para el apellido Sáenz Peña: un padre y un hijo presidentes.

Raúl Ricardo Alfonsín comenzó su mandato el 10 de diciembre de 1983 (primer gobierno constitucional tras la última dictadura militar) y lo culminó el 8 de julio de 1989. Logró algo impensado por ese entonces, pasar la banda presidencial a otro mandatario electo por la voluntad popular.

Y lo que pretende Ricardo Alfonsín lo lograron Luis y Roque Sáenz Peña. El padre gobernó Argentina entre el 12 de octubre de 1892 y el 23 de enero de 1895 cuando debió renunciar “por falta de legitimidad”.

Roque, autor de la ley electoral, gobernó entre el 12 de octubre de 1910 y el 9 de agosto de 1914, fecha en que falleció cuando aún le faltaban dos años de gestión en el “sillón de Rivadavia”.

Tardío ingreso político

Ricardo Luis Alfonsín nació en Chascomús, Buenos Aires, el 2 de noviembre de 1951. Es un político, abogado y maestro. Durante la dictadura militar (1976 -1983) ejerció como profesor de Educación Cívica en colegios secundarios y fue vendedor de mechas para tornos industriales.

Su ingreso a la política fue tardío, en 1993 obtiene su primer cargo partidario, como convencional nacional de la UCR.

En 1999 fue electo diputado de la provincia de Buenos Aires. En 2007 se presentó a candidato a gobernador. Para las elecciones de 2009 fue segundo candidato a diputado nacional. Asumió el 10 de diciembre. Fue elegido vicepresidente primero de la Cámara baja nacional.

Comentá la nota