Argentina lleva cuatro trimestres con crecimiento del PBI y caída de la inversión, una combinación inédita por su duración desde la década del '90. El crecimiento se concentra en agro, minería y finanzas, mientras el Estado recorta la inversión y el sector privado sigue estancado.
Por
Eugenia Rodríguez
Mientras el Gobierno de Javier Milei insiste con celebrar una recuperación sostenida de la economía, la inversión productiva no deja de caer y se constituye como un claro límite para la continuidad del plan económico libertario. La formación bruta de capital fijo cayó 11,6% interanual en el primer trimestre de 2026 y acumula cuatro trimestres consecutivos de retroceso, aun cuando el PBI avanzó 2,3%. Se trata, advierten especialistas, de una combinación inédita por su duración y que revela algo más profundo que una mala estadística de inversión.
Además, el crecimiento está cada vez más concentrado en el agro, la minería y las finanzas, mientras la industria y la construcción permanecen rezagadas. Al mismo tiempo, el Estado se retiró de la obra pública y redujo a mínimos históricos su gasto de capital, pero la esperada llegada de una ola de inversión privada que compensara ese repliegue no aparece en los números.
De ese modo, el problema actual no es solamente la escasa inversión sino que el crecimiento que hoy exhibe no está generando las condiciones para una expansión sostenida en el tiempo. “Esta anomalía en la evolución de la inversión refleja la reconfiguración de la estructura económica durante la era Milei”, señaló un informe privado al respecto.
La anomalía: crecer sin invertir
El dato que a primera vista puede parecer una contradicción, se convirtió en una tendencia que ya lleva cuatro trimestres consecutivos y que expone uno de los principales problemas del esquema económico de Javier Milei: el crecimiento de la actividad no está generando una expansión de la capacidad productiva y se transforma en una consecuencia directa de la actual política económica libertaria.
En el primer trimestre de 2026, el PBI avanzó 2,3% interanual, mientras que la formación bruta de capital fijo -que reúne la inversión en maquinaria, equipos y construcción- se desplomó 11,6%. En términos desestacionalizados, la inversión acumula cuatro trimestres de caída, mientras la economía logró mantenerse en terreno positivo.
Al respecto, un informe del Centro de Investigación de Economía Nacional (CIEN) señaló que, desde 1993, PBI e inversión sólo se movieron en sentidos opuestos durante 17 de 132 trimestres, pero nunca antes se había registrado una secuencia de cuatro trimestres consecutivos con crecimiento de la actividad y caída de la inversión. El fenómeno, por lo tanto, no sólo muestra que la inversión está retrocediendo, sino que también pone en cuestión la calidad y la sustentabilidad del crecimiento actual.
En detalle, durante la presidencia de Milei, la evolución del PBI atravesó tres fases. En un primer momento, registró una caída a una tasa trimestral promedio del 1,1% hasta el segundo trimestre de 2024. Luego experimentó una rápida recuperación, con un crecimiento trimestral promedio del 2,1% hasta el primer trimestre de 2025. Por último, entre el segundo trimestre de 2025 y el primero de 2026 -último dato disponible- mostró una expansión más moderada y errática, con una tasa trimestral promedio del 0,6%.
Por su lado, la inversión -que representa entre el 17% y el 22% del PBI y tiende a mostrar un comportamiento procíclico- alcanzó su máximo el primer trimestre de 2025 y desde entonces cae a una tasa trimestral promedio de casi el 3,0%. “Esta anomalía en la evolución de la inversión refleja la reconfiguración de la estructura económica durante la era Milei", alertaron desde el centro de estudios.Sobre los motivos que la explican, la respuesta puede encontrarse en la forma específica que adopta ese crecimiento y en los sectores que lo impulsan.
Sobre ello, detrás de estos datos aparece una economía cada vez más segmentada. Tres actividades concentran casi el 80,0% de la expansión del producto: Agricultura, caza y silvicultura, que creció 18,1% interanual, Explotación de minas y canteras, (+12,3%) e Intermediación financiera (+7,5%). El contraste con los sectores más vinculados al mercado interno y al entramado productivo es marcado: la industria manufacturera retrocedió 1,7% en el primer trimestre, que por su elevada participación en el valor agregado bruto equivale a un -10% del crecimiento del PBI. En menor medida, aparece la caída de los sectores de Electricidad, gas y agua (-1,1%), Comercio (-0,3%) y Administración pública y defensa (-1,4%) que equivale a un -5,4% del incremento del PBI. A su vez la construcción continúa muy por debajo de los niveles previos al cambio de gobierno.
El documento al que accedió este medio advirtió justamente sobre esta divergencia: mientras los sectores extractivos y financieros encuentran oportunidades de expansión, buena parte de la economía productiva enfrenta una demanda todavía débil y niveles de capacidad instalada que no justifican nuevas inversiones. En otras palabras, para muchas empresas no existe hoy la necesidad de ampliar fábricas, comprar nuevas máquinas o construir nuevas instalaciones porque antes necesitan recuperar el mercado que perdieron.
“Esta composición sectorial del crecimiento resulta central para comprender el comportamiento de la inversión. El producto agregado puede aumentar aun cuando los sectores con mayor peso en el empleo y la demanda de insumos locales atraviesen dificultades. En consecuencia, el crecimiento del PBI deja de ser un indicador suficiente para anticipar la evolución de la inversión”, aseguraron desde CIEN.
En esa línea, la persistencia de la caída de la inversión puede analizarse a través de la “teoría del acelerador”. Según este enfoque, las empresas ajustan su stock de capital en función del grado de utilización de la capacidad instalada. Cuando la demanda es insuficiente y existe capacidad ociosa, las firmas tienen pocos incentivos para ampliar su capacidad productiva, por lo que la inversión tiende a desacelerarse.
“La evolución de la economía desde diciembre de 2023 es consistente con esta lógica” precisaron los economistas y destacaron que “el fuerte ajuste fiscal, la caída del ingreso real de jubilaciones y salarios y la transferencia de ingresos provocada por la devaluación generaron una contracción de la demanda. Como resultado, se produjo una caída simultánea de la actividad, de la utilización de la capacidad instalada y de la inversión”.
El Estado se retira, pero nadie compensa
La otra mitad de la explicación está en el Estado. La decisión del Gobierno de La Libertad Avanza (LLA) de retirar al Estado de la obra pública produjo un desplome de la inversión estatal que no fue compensado por una expansión equivalente del capital privado. El gasto de capital, que ya había comenzado a retroceder con fuerza durante el primer año de gestión, pasó de representar 1,62% del PBI en 2023 a 0,44% en 2024 y apenas 0,30% en 2025. Para 2026, se proyectó apenas un 0,50% del PBI, según datos oficiales.
El ajuste fue particularmente fuerte sobre la obra pública, que dejó de funcionar como uno de los motores de la actividad y de la inversión. La construcción quedó así atrapada entre dos caídas: por un lado, el repliegue del Estado; por otro, una inversión privada que no alcanza para llenar el espacio dejado por el sector público. Si bien la estrategia oficial suponía que el retiro estatal abriría lugar a una mayor participación privada, los datos de inversión agregada muestran que ese reemplazo no se produjo a una escala suficiente.
“La teoría del gobierno libertario es que retirar y ajustar al Estado deja más espacio al sector privado para invertir pero se da lo contrario ya que con un fuerte ajuste en la obra pública, la inversión privada sigue estancada”, analizaron desde el Instituto Argentina Grande (IAG). Según las cifras relevadas, durante veinte años la inversión total siguió el pulso de la inversión pública: subieron juntas entre 2004 y 2011, cayeron juntas entre 2015 y 2019, se recuperaron juntas en 2021. “Eso es “crowding in”, la infraestructura no compite con el capital privado, lo habilita, lo multiplica”, agregaron desde el centro económico. De acuerdo con el informe "desde 2024 esa relación se rompe pero no como promete la teoría ya que el gasto de capital nacional se derrumbó 81,0% real y la inversión privada se estancó".
De esa manera, los especialistas advirtieron que la creciente concentración del crecimiento en sectores con menor capacidad de arrastre termine profundizando una economía de tipo enclave, en la que algunas actividades avanzan con fuerza mientras el resto del entramado productivo queda rezagado.
En definitiva, la paradoja de estos cuatro trimestres de crecimiento con caída de la inversión expone una tensión central del modelo de Milei. El problema no es solamente que Argentina esté invirtiendo menos, sino que el crecimiento actual no parece estar generando las condiciones para que la inversión vuelva a expandirse en el tiempo. Y sin nuevas inversiones, ese crecimiento tiene un límite.
Comentá la nota