La Costa, obligada a sostener los alquileres a precios de 2025

La Costa, obligada a sostener los alquileres a precios de 2025

Los costos subieron por encima del 30 por ciento, pero el ajuste atenta contra el poder adquisitivo de los turistas. El año arracó con una ligera mejora respecto del año anterior, pero tiende a la baja. La variable clave ahora es el nivel de consumo.

 

“Empezamos a ofrecer los inmuebles con variaciones interanuales de unos 30 puntos, que es lo que subieron los costos de mantenimiento, pero casi no había consultas. Entonces fuimos bajando y hoy, en muchísimos casos, manejamos los mismos valores de hace un año”, asegura Fernando Giovannángelo, un empresario del sector inmobiliario con más de treinta años de trayectoria. “Con buen diálogo, los propietarios entienden que aunque no se compense el aumento de costos, al menos permite achicar pérdidas”, sostiene.

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Ante esta situación, dice, hay propietarios que optan por veranear ellos mismos en sus casas. “El problema de eso es que tienen otro patrón de consumo, cortan el pasto ellos, si hay que pintar pintan ellos y no contratan a nadie local. Por ejemplo, cocinan y comen adentro y eso lo sufre la gastronomía”, explica.

Efectivamente, aunque todavía no hay estadísticas al respecto, la preocupación ahora se traslada al nivel de consumo de los veraneantes, que es directamente proporcional a las reservas con las que la comunidad hará frente a los meses de invierno.

La foto en La Costa

El partido de La Costa tiene en total catorce localidades con playa. De ellas, la más concurrida hoy es San Clemente. Pero, en paralelo, se produce un nuevo fenómeno: gente que veraneaba en destinos más selectos como Pinamar Cariló, cambia por motivos presupuestarios y descubre playas como Costa del Este o Aguas Verdes, de características similares: boscosas, tranquilas y con una oferta de alojamiento y servicios un poco más sofisticada.

Tras una última semana de diciembre muy prometedora en términos de afluencia turística, los primeros días de enero muestra vuelve a mostrar una baja que enciende las lucas de alerta aunque sostiene una ligera mejora frente a los números de la temporada pasada, que fue mala.

“En año nuevo, los hoteles trabajaron arriba del 90 por ciento de ocupación. Y los primeros tres días de enero siguieron con ese arrastre”, explica a Buenos Aires/12 Natalia Puricelli, presidenta de la Asociación de Hoteleros, Gastronómicos y Afines.

La explicación central de ese porcentaje radica en que el 1 de enero cayó jueves y mucha gente pudo tomarse el viernes 2 quedarse en la playa el fin de semana del 3 y 4. “Ahora, la ocupación hotelera está alrededor del 60 por ciento. Como comienzo de temporada, es un poco mejor que el anterior y esperamos que se sostenga”, reflexiona Puricelli.

El dato confirma la tendencia de cambio en los hábitos vacacionales caracterizada por estadías más cortas, fraccionadas a lo largo del año, de tres, cuatro o cinco días van dejando atrás la vieja costumbre de veranear una quincena completa o, más atrás todavía, un mes entero.

“La otra variable clave para nosotros es el clima. Vivimos mirando para arriba. Hasta acá, viene acompañando”, agrega la dirigente empresaria. Sucede que, más allá que en los últimos años la cámara y el municipio trabajaron conjuntamente en el desarrollo de propuestas y atractivos turísticos que complementen la playa, como los parques acuáticos y las fiestas temáticas, el sol y el mar siguen siendo el principal activo.

Playa y mar. Los turistas prefieren las actividades al sol, pese a las alternativas propuestas los municipios y las cámaras empresarias. (Archivo -)

A la vez, influye la innegable crisis de ingresos consecuencia de la recesión económica, que afecta particularmente al público tradicional de este destino, que impacta especialmente en el alquiler de casas y departamentos de veraneo.

Si a esto se suma el encarecimiento en dólares respecto de destinos extranjeros, que inclina dramáticamente la balanza turística, producto de la política cambiaria libertaria, el combo luce preocupante.

La caída del consumo impacta en todos los rubros y no se salva ni el tradicional vendedor de churros de la playa. Un comercio de toda la vida, con local en el centro y vendedores ambulantes, vendía hace un año, entre diez y doce docenas por mañana y entre veinte y treinta por tarde. Ahora vende exactamente la mitad.

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