El programa económico del Presidente promovió cambios estructurales con ganadores que no generan empleo y perdedores que consumen menos. Futuro atado con deuda.
Por Esteban Rafele
El programa económico de Javier Milei ya produce un cambio estructural real en la economía argentina. Se trata de un reseteo productivo que redefine ganadores y perdedores, expande la actividad sin generar empleo de calidad y relega al consumo. La economía crece sin incorporar trabajadores y depende de una estabilidad financiera aún precaria y del regreso del crédito externo.
El 13 de diciembre de 2023, tres días después de la asunción de Milei, Paolo Rocca decía, en un encuentro anual de Techint, que la gestión abría “la posibilidad de un reset de la Argentina”. Esa reconfiguración de la economía se aceleró.
El consenso de economistas que participan del Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) del Banco Central proyectó un crecimiento del PBI de entre 3,5% y 4% para 2026, luego de una expansión acumulada del 5,4% en 11 meses de 2025, según el Índice General de Actividad (IGA) de la consultora Orlando Ferreres. Será, otra vez, una expansión heterogénea.
Analistas recurren a distintos términos para explicar el fenómeno: “reconfiguración”, “cambio estructural”, “cambio de régimen”. La idea es la misma: mientras la explotación de petróleo y gas de Vaca Muerta, la minería de la cordillera y el agro de la pampa húmeda impulsarán la actividad, otros sectores seguirán rezagados y, probablemente, queden en el camino.
Javier Milei, Toto Caputo y el cambio estructural
Dante Sica, titular de la consultora Abeceb, habla de “una reconfiguración de la economía”. Proyectó un crecimiento del 4% para 2026: “Hay actividades que crecerán el doble y otras, menos”, dijo. La energía, la minería y un “rebote del crédito, en un marco de estabilidad”, deberían liderar la expansión. Juan Pablo Ronderos, director de la consultora MAP, añadió: “El mapa de los negocios está cambiando por completo”.
La expansión estará liderada por los sectores “competitivos a pesar de Argentina, con ventajas estructurales y orientación exportadora -petróleo y gas, minería, agro y servicios basados en conocimiento-”, afirmó MAP. Otros serán “beneficiados por la normalización macro, como actividades de la construcción, energía, servicios financieros y transporte”.
Un tercer grupo dependerá de “una mayor productividad”, como la industria automotriz, metales básicos y alimentos. Por último, los “sectores más rezagados” que “dependen de apoyos específicos” —electrónica y línea blanca, textiles y petroquímica— “requerirán procesos de reconversión productiva más profundos”.
La economía de Javier Milei, con ganadores y perdedores.
Jorge Vasconcelos, de la Fundación Mediterránea, sugirió que la capacidad ociosa de la industria ya da cuenta de una nueva normalidad. “Un indicador relevante en el que se mezclan la política macro y la dinámica del cambio estructural es la dificultad de la industria para superar el umbral del 60% de uso de capacidad instalada”, escribió. “Cabe presumir que los productos que podrían ser elaborados con ese resto de capacidad ociosa han dejado de ser competitivos en una economía relativamente más abierta”, afirmó.
Los excluidos
El problema es que este reseteo del que habló Rocca y que entusiasma al establishment no incluye a la industria pesada entre los ganadores ni genera una expansión del empleo de calidad. Eso se nota en el consumo privado que, en el mejor de los casos, avanzará al ritmo del promedio del crecimiento esperado.
La consultora C-P postuló que, a diferencia de lo habitual, el crecimiento convive con una caída del empleo formal. “Los sectores perdedores son intensivos en mano de obra”, indicó, mientras que los ganadores tienen “menor intensidad laboral”.
Los datos muestran que incluso el sector de petróleo y minería destruyó 3300 puestos formales durante el programa económico de Milei y Toto Caputo. La industria y la construcción pierden trabajo, incluso informal, mientras que el comercio, el agro y el transporte generan empleo no registrado.
“El programa económico apuesta a que la inversión y las exportaciones reemplacen al consumo privado y público como ‘motores’ del crecimiento”, advirtió C-P. “Este cambio estructural de la dinámica de la economía es lento e implica una tendencia al estancamiento”, añadió.
Sica sostuvo que los sectores dinámicos empujarán del carro. “La minera Vicuña necesita 50.000 trabajadores de la construcción. En San Juan no hay esa cantidad”, ejemplificó. “Servicios y construcción serán los grandes generadores de empleo”, sostuvo.
La deuda, las tasas, la macro
Aun esos sectores dependen de otro factor: la estabilidad macroeconómica. Para eso, dijo Ronderos, será clave que Caputo vuelva al mercado internacional de deuda. “Para que esto funcione, es fundamental que el Gobierno vuelva a refinanciar la deuda”, afirmó. “Acumular reservas es la prueba de fuego”.
PxQ, la firma de Emmanuel Álvarez Agis, coincidió en que el Tesoro debe acceder a financiamiento de mediano y largo plazo para evitar seguir cargando compromisos de corto plazo.
El esquema por el cual el Tesoro compra dólares con los pesos del superávit tiene un límite. “Esto pone presión sobre el costo de financiamiento”, advirtió PxQ.
El impacto sería doble: tasas más altas para el sector privado y más ajuste, con menos recursos para obras. “¿Cuánto margen tiene el Gobierno para transferirles recursos a los gobernadores?”, se preguntó Claudio Caprarulo, director de la consultora Analytica. “La política productiva se trasladó del gobierno nacional a los locales”, agregó.
El reset que pronosticó Rocca ya ocurrió. En la nueva economía no hay lugar para los débiles.



Comentá la nota