Se requiere la centralización del servicio en manos del Estado para homogeneizar el sistema y planificar el tratamiento y la reutilización de la basura.
Por Nicolás Villanova*.
En los últimos meses, el problema de la basura tuvo repercusiones por el accionar represivo contra los cartoneros en la ciudad porteña y por la baja del precio del cartón reciclado. Pero todo este asunto encubre un problema más general y de carácter nacional sobre qué hacer con la basura, con los recuperadores y con un sistema de recolección y tratamiento de residuos sólidos que resulta extremadamente oneroso para el Estado y muy beneficioso para las empresas privadas, en un momento de crisis económica y social, donde el trabajo no abunda y la política actual no parece hallar soluciones para avanzar en un desarrollo económico que beneficie a la sociedad.
Para peor, la flexibilización en la apertura comercial para importar reciclado y la recesión económica tienden a abaratar el precio del cartón recogido por los cartoneros, cuya consecuencia es la caída de sus ingresos y su empobrecimiento.
Lo que hay
En Argentina hay potencialidades gigantescas que permitirían resolver el problema de la basura y el trabajo de cientos de miles de cartoneros con intensas jornadas laborales por salarios bajísimos y “en negro”, que podrían reconvertir su labor en un trabajo productivo.
En nuestro país, se generan por día unas 45 mil toneladas de basura que podría ser completamente reutilizada, como sucede en Suiza, Noruega o Suecia, quienes utilizan los reciclables para uso industrial y los orgánicos para producir calefacción y electricidad. Además, nuestro país cuenta con la mano de obra necesaria para esta labor: según el RENATEP habría poco más de 150 mil cartoneros, los cuales recogerían unas 10 mil toneladas diarias de reciclable.
A su vez, la demanda existe. La industria productora de cartón corrugado y de papel de embalaje tiene una maquinaria necesaria para la reutilización de insumos reciclables. Entre los años 2021 y 2023, produjo 1,8 millones de toneladas anuales de papel y cartón, exportó 118 mil toneladas e importó 546 mil toneladas.
Por lo tanto, el consumo de papel resulta más elevado que el producido internamente. Lo que más crece es la fabricación de papeles para embalaje y sanitario (tissue), que requieren mayor insumo reciclado. En la última década también se incrementó la reutilización de envases plásticos.
La Cámara de la Industria de Reciclados Plásticos señala que se habrían reciclado más de 4 millones de toneladas en las más de 140 empresas ubicadas en 19 provincias. Se trata de apenas el 15% del total de plástico. El país cuenta, además, con maquinaria de reciclado mecánico y con una planta piloto a cargo de YPF para el reciclado avanzado el cual transforma los residuos plásticos en sus componentes originales.
Por su parte, algunas ciudades cuentan con biodigestores que se nutren de residuos orgánicos para producir gas para energía y fertilizantes para uso agrícola. Por ahora existen tan sólo a pequeña escala, pero se podrían replicar en todo el país con inversiones relativamente bajas. En los países que integran la Unión Europea el uso de bio-gas representa el 24% de todo el gas natural consumido. En nuestro país, la crisis energética presenta una demanda que podría ser parcialmente satisfecha con el uso de residuos.
Lo que falta
Ahora bien, ¿por qué bajo estas condiciones no se resuelve este asunto? Uno de los mayores problemas en el sistema de tratamiento de residuos y de reciclaje es su descentralización. En las grandes urbes, como la ciudad porteña, el servicio de recolección de basura está fundamentalmente en manos privadas. El Estado les paga onerosos montos que brotan de los impuestos para llevar la basura al relleno sanitario. Lo que prima es la ganancia. En ciudades más chicas, el Estado municipal se encarga de todo el sistema de residuos.
Con la irrupción del fenómeno cartonero en el 2001, las administraciones estatales dejaron en manos de las cooperativas todo el sistema de reciclado. Es decir que el Estado no se encarga de la basura, sino que descentraliza su tratamiento en privados, terceros o lo hace a nivel municipal en forma precaria. En efecto, según información de la página web de Jefatura de Gabinete el 54% de la población argentina recibe el servicio de recolección en forma tercerizada y el restante 46% como prestación municipal directa.
Una forma de comenzar a transformar todo este proceso y de resolver el problema de los residuos sólidos urbanos sería a través de la centralización del servicio en manos del Estado para homogeneizar el sistema y planificar el tratamiento y la reutilización de la basura. Los cartoneros podrían estar en blanco, con trabajo en plantas de reciclado, con salarios más elevados. La industria sería provista de materia prima. La sociedad tendría mayor oferta de gas para calefacción. Podría haber desarrollo económico con bienestar social.
*Investigador del CEICS, autor del libro Cirujas, cartoneros y empresarios. La población sobrante como base de la industria papelera (Buenos Aires, 1989-2012). Ediciones ryr, 2015.
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